Forjando Mi Propio Camino

Capítulo 7 La Academia Mainward

Fecha: Lunes, 30 de noviembre

Hora: 10:00 AM

El rugido de los motores del avión al tocar la pista del aeropuerto de Ezeiza nos sacó del letargo a los quince. Tras horas de vuelo sobre nubes y océano, el aire frío de Buenos Aires nos golpeó la cara en cuanto cruzamos la manga de salida. Cargando nuestras mochilas al hombro, abordamos el autobús oficial que nos esperaba en la terminal.

A través de las ventanillas, el paisaje urbano fue dando paso a enormes extensiones de campo hasta que, tras un portón de hierro forjado de diez metros de altura, se alzó ante nosotros la imponente Academia Mainward. Era una auténtica ciudad deportiva y escolar: edificios de arquitectura moderna, dormitorios verticales, complejos de aulas y decenas de canchas de césped natural y sintético que parecían no tener fin.

Al bajar en la plaza central, el choque de realidad fue inmediato. No estábamos solos. Cientos de jóvenes luciendo ropa deportiva caminaban por los pasillos al aire libre hablando en una torre de Babel de idiomas: español con acentos de México, Chile, Colombia, Uruguay y Argentina; portugués de Brasil; inglés de Estados Unidos, Canadá y el Reino Unido; francés, italiano, alemán, japonés, coreano, chino, y dialectos de Nigeria, Ghana y Sudáfrica.

Nosotros veníamos de ser los campeones invictos en El Salvador, pero al ver semejante despliegue de talento internacional comprendimos la verdad: haber ganado en casa no nos hacía automáticamente los mejores del mundo. Apenas éramos una gota en un océano.

Un altavoz resonó en la plaza llamando a los nuevos ingresos al auditorio principal. En la pantalla gigante del escenario, la filosofía del complejo se proyectó en letras doradas:

> «Aquí no importa de dónde vienes. Importa lo que eres capaz de demostrar.»

>

Un instructor en jefe de traje deportivo tomó el micrófono y desglosó las reglas del lugar. Mainward no era un internado común; era un centro integral de rendimiento donde los estudios escolares y el fútbol de élite caminaban de la mano.

—Ningún jugador abandonará sus estudios —explicó el instructor con voz firme—. Las clases matutinas de Matemáticas, Lenguaje, Ciencias, Historia e Idiomas son obligatorias. Pero además tendrán la materia especializada de Formación Futbolística. Aquí no vienen a repetir los trucos que ya traen de sus países; vienen a llevar su talento al límite. No se trata solo de regatear por capricho; se trata de combinar: regate, cambio de ritmo, pase, disparo y creación de una nueva jugada.

El instructor hizo una pausa y presionó un control remoto. La pantalla cambió para mostrar un esquema del complejo.

—Los jugadores serán separados estrictamente por su posición: Porteros, Defensas, Centrocampistas y Delanteros. Cada posición tiene un cuerpo técnico especializado y un programa de entrenamiento completamente diferente. Y cada posición está dividida en grupos jerárquicos ordenados alfabéticamente desde la letra A hasta la Z.

* Grupo A: Reservado exclusivamente para los 5 jugadores por posición que más han demostrado.

* Grupo Z: Asignado a los que inicialmente han demostrado menos.

* Equidad absoluta: La nacionalidad no influye. Un salvadoreño puede estar en A, un argentino en Z, un mexicano en C o un chileno en J.

* Cupos Limitados: Cada grupo alberga exactamente a 5 jugadores por posición.

* Espacios Propios: Cada grupo desde la A hasta la Z tiene sus propios campos de entrenamiento, vestidores, horarios y comedores independientes para evitar conflictos.

—La permanencia en un grupo no es eterna —continuó el instructor—. Si un jugador acumula cinco victorias consecutivas en sus evaluaciones, se abre una revisión técnica para analizar si merece ascender. Si un jugador de un grupo alto baja su rendimiento, descenderá para cederle el lugar a alguien del grupo inferior. Incluso hay desafíos directos donde el Grupo Z puede enfrentar al Grupo A para demostrar su nivel. Pero escuchen bien: si un jugador de los grupos inferiores acumula cinco derrotas consecutivas, entra en evaluación definitiva. Si el director determina que no hay progreso, ese jugador es eliminado de la academia y devuelto a su país.

> «Aquí nadie recibe su lugar. Se lo gana. El puesto no pertenece al jugador: tiene que defenderlo.»

>

Tras la sesión explicativa, los instructores comenzaron a nombrar a los jugadores para entregarnos los brazaletes de clasificación inicial según las visorias previas. Fue ahí donde la realidad nos golpeó en el pecho. Habíamos llegado los quince juntos como la planilla completa que ganó el torneo, pero en Mainward las etiquetas de equipo desaparecían.

* Feng Wei: Delantero — Grupo C.

* Samuel: Delantero — Grupo F.

* Diego: Centrocampista — Grupo H.

* Azael: Centrocampista — Grupo D.

* Juan: Centrocampista — Grupo K.

* Pablo: Defensa — Grupo E.

* Chango Walter: Portero — Grupo M.

* Negro Tomás, Marvin, Héctor, Mauricio, Chele Rodrigo, René, David, Néstor y Chepe: Asignados a diferentes grupos entre la I y la Z.

Nos miramos entre nosotros en medio del patio central. Las indumentarias de entrenamiento eran de distintos colores según el grupo asignado. Chepe y el Chango tenían que caminar hacia los complejos del fondo; Diego y Azael a los módulos del sector este; y yo debía presentarme en la cancha 3 del sector C.

Ya no podíamos apoyarnos en el colectivo. El torneo en el barrio y la final en el Cuscatlán habían terminado. A partir de ese segundo, cada uno tendría que valerse por sus propios medios.

Antes de tomar rumbos diferentes hacia nuestros respectivos vestidores, los quince hicimos un círculo apretado en el centro de la plaza.

—Bueno, bichos —dijo Diego, mirando los brazaletes de distintos colores en los brazos de todos nosotros—. Hasta aquí llegamos como el equipo que salió de Soyapango. A partir de hoy, a cada quien le toca sudar su propia camiseta.




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