Forzados a decir "Sí"

Capitulo 10

Maximilian simplemente se fue, dejando a Vanessa allí plantada. Parecía que no le preocupaban en absoluto sus sentimientos, sus problemas o qué podían decir de ella. nada de eso importaba ya para él en ese instante. Era como si hubiera levantado una barrera, dejando a Vanessa al otro lado completamente sola con sus propios demonios.

Quizás antes sí le habría importado, tal vez hubo un tiempo en el que se desvivía por entenderla y apoyarla. Pero ahora... ahora era diferente. Algo había cambiado, una grieta invisible se había ensanchado hasta convertirse en un abismo. Vanessa lo notaba en la frialdad de su mirada, en la brusquedad de sus gestos, en las excusas de ese falso compromiso, en el silencio que se había instalado entre ellos.

Maximilian estaba absorto en sus propios pensamientos, en sus propios planes, en un mundo donde Vanessa ya no tenía cabida, aunque ella quisiera negarlo.
Vanessa se quedó allí, maldiciendo porque las cosas no le estaban saliendo como ella quería. Miró a su alrededor, no vio a nadie que pudiera decir algo. Suspiró y puso su mejor sonrisa para volver.

En cambio. Maximilian lo único que deseaba era poder tener el control de Isabella, Aunque su boca gritaba que la odiaba, su corazón le decía lo contrario. Solo pensar que seguía coqueteando con sus amigos hacia que le hirviera la sangre y era algo que ya no podía evitar y mucho menos controlar.

Mientras que Isabella batallaba por no demostrar sus sentimientos, lo menos que deseaba era llorar frente a sus amigos y no saber explicar por qué.

Sentía rabia, rabia por darse cuenta que estaba sufriendo. Le dolía saber que el precio de vengarse de él, era el sufrimiento de verlo con Vanessa.

—Bailemos, Isa. —Propuso el italiano.

Isabella aceptó para distraer su mente un poco.

El eco de los violines inundó el salón mientras Lorenzo, el conde italiano, deslizaba su mano por la cintura de Isabella. Ella se dejó llevar, moviéndose con una gracia felina, pero por dentro, el contacto no le provocaba nada. Su mente la traicionó, llevándola años atrás, a un jardín en la mansión de ellos donde un Maximilian mucho más joven la sostenía con una ternura que hoy parecía una alucinación. En aquel entonces, ella habría dado su herencia entera por una mirada suya. Ahora, esa misma herencia era lo único que los mantenía en el mismo techo.

Desde la distancia, Maximilian sentía que el control se le escapaba de los dedos. Verla bailar con otro no era solo un golpe a su orgullo, era un ácido que quemaba los recuerdos que tanto se esforzaba por enterrar. Recordaba el sabor de sus besos antes de que la ambición la corrompiera... o eso era lo que Vanessa le había jurado. "Ella solo quiere tu apellido para financiar su vida de lujos en Europa", le había dicho Vanessa años atrás, mostrándole correos falsos y conversaciones manipuladas. Ver a Isabella hoy, rodeada de condes y diamantes, parecía confirmar cada mentira.

No pudo aguantar más. Irrumpio en la pista con la mandíbula apretada y puso una mano firme sobre el hombro de Lorenzo.

—Me toca —sentenció Max. Su voz no era una petición; era un rugido contenido.

Lorenzo se retiró con una sonrisa burlona. Antes de que Isabella pudiera protestar, Max la atrajo hacia sí con una fuerza bruta. Sus cuerpos chocaron, y por un segundo, el tiempo se detuvo. El calor que emanaba de Max era el mismo que ella recordaba, el mismo que la hacía sentir segura antes de saber que él la había "cambiado" por Vanessa.

—Suéltame, Maximilian —siseó ella, intentando empujar su pecho—. El perfume barato de Vanessa se te ha pegado a la piel y me repugna. Me das asco.

—Cállate y baila —le devolvió él, apretando el agarre en su espalda descubierta. Su mano quemaba sobre la piel desnuda—. Nuestros abuelos no nos quitan la vista de encima. Así que deja de pelear y actúa como la mujer interesada que eres.

Isabella sintió una punzada en el pecho. ¿Interesada? Él, que se había vendido al mejor postor. La rabia le dio una idea mejor. Una chispa traviesa y depredadora encendió sus ojos.

—¿Quieres que actúe, querido? En eso soy la mejor.

Lentamente, deslizó sus brazos alrededor del cuello de Max. Se puso de puntillas, eliminando el último rastro de espacio. Max sintió que el corazón le martilleaba contra las costillas; ella olía a la misma esencia de siempre, a una mezcla de peligro y hogar que lo dejaba sin defensas.

—¿Quieres un beso también para que la prensa tenga su portada? —le susurró ella al oído, rozando su lóbulo con los labios.

Maximilian quedó paralizado. La furia fue reemplazada por una vulnerabilidad aterradora. Estaba hipnotizado, incapaz de apartarse, buscando en los ojos de Isabella un rastro de la chica de la que se enamoró, sin saber que ella estaba buscando exactamente lo mismo en él. Justo cuando ella cerró los ojos y se inclinó, dispuesta a perderse en ese contacto prohibido, la música se cortó abruptamente.

El silencio fue un golpe de realidad. Isabella se separó de inmediato, recuperando su máscara de hierro.

—Se acabó el show —dijo con frialdad, dándole la espalda y caminando hacia los tocadores para ocultar que sus manos temblaban.

Al entrar al baño, se encontró con Vanessa, quien parecía haber estado esperando como un depredador al acecho.

—Puedes bailar con él todo lo que quieras —soltó Vanessa, con la voz temblorosa—. Pero Max es mío. En la cama me busca a mí. Por mucho que te vistas de seda, él jamás te verá como a una mujer, solo como a un contrato.

Isabella se acercó al lavabo y se mojó las muñecas, dejando que el agua fría la calmara. Miró a Vanessa a través del espejo con una lástima punzante. Ella sabía que Vanessa había estado ahí cuando Max la dejó, siempre lista para consolarlo.

—Cariño, deja de ser tan insegura, se te nota en la voz y es patético —respondió Isabella, secándose con una toalla de hilo—. Y un consejo: ten cuidado. Si el plan que crees tener para retenerlo no te sale, la caída va a ser muy dolorosa. Porque cuando las mentiras caen, lo único que queda es la verdad... y no creo que estés lista para ella.




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