"¿Um?"
En un país mundano, en un hospital aún más mundano, un pequeño engendro salió del edén.
Lo primero que hicieron los médicos no fue limpiarlo para entregárselo a la madre.
En cambio, la médica, quien tenía al bebé en brazos mientras intentaba limpiarlo con unos trapos, vio que él abrió los ojos.
Los doctores agradecieron que el bebé estuviera debajo de una mesa, pues de lo contrario, más alto, hubiera menguado.
La médica se había alejado de él por el susto.
Alrededor de ella, los médicos que estaban en la habitación se acercaron y fijaron su atención en el bebé.
La gran mayoría abrió los ojos sorprendidos u horrorizados; después de todo, ¿qué tipo de ojo era ese?
El bebé tenía nariz y boca normales; uno de sus ojos era de color ámbar oscuro que relucía bastante; el otro, en cambio, era una espiral que giraba cambiando de forma en cada momento, negro con blanco y sin ningún iris.
El recién nacido miraba a los médicos sin ningún atisbo del llanto característico de un bebé.
"Je je je"
En cambio, una risita resonó por la sala de posparto; era tan, tan tranquilizadora, pero, a la par, inquietante.
La sorpresa duró realmente poco, pues simplemente pensaron que el bebé había nacido con un don y que ese ojo era una mutación física debido a ello.
«¿Este hospital trajo a la vida a un nuevo héroe?»
Pensaron sorprendidos.
¿Cómo lo llamaron sus padres? Bizet Alexander Fou.
El río del tiempo siguió pasando normalmente.
Aquel engendro no mostraba ninguna peculiaridad aparte de su extraño ojo; al menos no lo mostraba a la gente, pues unos rizos negros aparecieron para tapar dicha extrañeza.
"¡Bizet, a comer!"
La madre de los Fou gritó un llamado hacia su hijo mientras su esposo leía el periódico semanal.
-¿Dante está de regreso?-.
El padre Fou prestó atención a la alarmante entrada del periódico Daily:
-En la misteriosa prisión de villanos, una celda que había estado llena, un día vacía estaba-.
-7^606, la prisión de Dante-.
De repente, los pasos enérgicos del niño sellaron dicha lectura antes de que el padre dejara de leer.
El pequeño corrió hacia la mesa mientras sostenía un libro de plantas a un costado.
Su gran pelo rizado tapaba sus ojos, mas aun así podía ver perfectamente.
"Hola, pequeño".
El padre empujó hacia atrás su propia silla mientras abría los brazos.
"¡Papi!".
El pequeño Bizet se emocionó realmente al ver a su padre y, con una gran sonrisa, corrió hacia él. Después de todo, no lo veía desde hace dos semanas.
El padre sonrió con tristeza por no poder pasar mucho tiempo con su único hijo mientras, aun abrazado, agarraba su maletín; después de revolverlo por unos momentos, un libro grueso salió de él.
Terminó el abrazo mientras la madre tapaba los ojos de su hijo.
Tras unos segundos, Bizet volvió a ver.
Era un libro.
Un libro con el título: El espacio y sus curiosidades.
El niño, emocionado, agarró el libro mientras su sonrisa se alargaba aún más.
Antes de que su cara se frunciera un poco...
"Ten...".
Antes de que él terminara de hablar, el reloj de su padre sonó en su muñeca.
"..."
El padre se vino abajo, mas lo disimuló antes de soltar las mismas palabras de siempre:
"Lo siento, pequeñín... ¡la próxima vez iremos a la feria!"
...
Se escuchaban llantos en los alrededores mientras la nueva líder de la familia Fou hablaba desconsoladamente.
"Era... realmente un gran padre y esposo".
Su hijo miraba la tumba de piedra de su padre; en su mano, una flor amarilla estaba posada.
Según su libro de plantas, ese color representaba la felicidad...
Él, aun con los ojos tapados, no lloraba; una pequeña mueca apareció en su rostro mientras una gran sonrisa se dibujaba en su semblante pálido.
El ojo en espiral lo había previsto antes...
"Ten cuidado, papi", iba a decir antes de que ese infernal reloj apagara su voz.
De repente, unos cuantos murmullos se escucharon alrededor de Bizet.
"¿Por qué sonríe?".
"...Qué miedo".
Todos esos susurros estaban siendo eliminados por las palabras de la madre.
"............."
¿Por qué Bizet no podía escucharlas?
...
Un adolescente de doce años caminaba nervioso por el pasillo del instituto.
Su largo pelo rizado era su característica más notable a simple vista.
Sostenía el libro sobre el espacio y sus curiosidades mientras miraba hacia abajo.
"Cuidado por donde caminas, freak".
De repente, un bravucón lo golpeó con su codo mientras caminaba con sus amigos.
"..."
"¡Ja! Parece que no te hizo caso —el que estaba al lado del bravucón se burló de su amigo".
El enojado caminó hacia Bizet.
Tiempo después, un molido Fou estaba en el suelo, con su libro hecho pedazos a su costado.
«Te odio... ¡te odio!... ¡TE ODIO!»
Bizet sonreía como si nada hubiera pasado mientras se levantaba del suelo y recogía los fragmentos de su preciado libro.
"...Ten cuidado, desgraciado".
...
"Lastimosamente... su querido compañero, el rey Bember, ha fallecido".
La directora soltó a sus alumnos mientras el salón se quedaba en silencio.
"Ugh... ¿qué le pasa a ese loco?".
El murmullo de la chica iba dirigido al pequeño sonriente.
«...madre»
El ojo le mostró otra desgracia.
...
No pasó mucho tiempo antes de que Bizet se graduara.
Caminaba con una sonrisa tensa en la calle.
En la cara de todos, unos monstruos aparecían.
Por cada voz, un grito de agonía.
Y por cada minuto, un recuerdo de hace días.
Rápidamente llegó a su hogar, abrió su mochila buscando sus llaves.
"¿Otra vez?"
No estaban.
Con un suspiro de resignación caminó hacia una ventana de al lado.
Estaba abierta, así que Bizet entró con facilidad.