Fuego y sangre

Mater patriae

Eleni Lascaris estaba encorvada sobre su escritorio. No era tan mayor, apenas había cumplido 32 años hace un año, sin embargo el dolor de cintura era el de una mujer de mucha más edad.

Su despacho olía a tabaco que fumaba pegada a la ventana y café barato de la tienda de la esquina.

Esa mañana recibiría una visita muy esperada. Las noticias que llegaban de Roma no eran nada alentadoras, en cualquier momento Luca Visconti se haría con el poder, y con el poder una terrible amenaza se cernía sobre su propio pueblo.

Tenía treinta y dos años y un cargo que, en otros tiempos, habría ocupado alguien veinte años mayor. Relaciones exteriores no era un ministerio decorativo. En las últimas semanas se había convertido en una trinchera. Los informes que llegaban de Roma eran cada vez más claros. Luca Visconti estaba a punto de hacerse con el poder, y si lo lograba, Grecia quedaría expuesta.Cuando se hizo la hora, los pasos apresurados de su asistente se oyeron detrás de su puerta. La mujer entró jadeando.

Eleni se irguió con algo de dificultad. Sabía que la comitiva estaba en el vestíbulo del edificio. No necesitaba decir nada. Con un movimiento de su cabeza la asistente volvió a salir.

Aliso con las manos su vestido y mentalmente ensayó lo que diría cuando Logan Sharp cruzara la puerta. Se sintió ridícula al pensar en lo nerviosa que estaba, en lo nerviosa que se puso cuando Jean Leloir le llamó para solicitar una audiencia. La voz de Jean que cortaba como navajas cada vez que la oía. Unos minutos más tarde Logan entró acompañado de dos funcionarios romanos.

—Sharp —dijo Eleni, inclinando un poco la cabeza—. No creí que volvería a verte.

—Lamento que nuestro encuentro sea en estas circunstancias tan lamentables, Lascaris. —Logan miró a Eleni de arriba abajo. La última vez que tuvo noticias de ella un frumentarii le había roto el corazón aunque como era natural, nadie sabía el nombre del hombre—. Espero que Centuria te haya puesto al tanto de lo que venimos a hablar contigo.

Eleni le señaló un sillón para que tomaran asiento. Los acompañantes de Logan se sentaron en cambio él se quedó de pie.

Eleni Lascaris tomó la palabra.

—Nuestros agentes informan que el plan de Luca Visconti, tras convertirse en Princeps Senatus, es comenzar a tomar territorios. —Sobre una mesa dejó caer una pila de papeles que contenían la información de la que ella hablaba—. Como podrán apreciar, en sus planes está invadir y conquistar Grecia. Poseemos un gran ejercito y reservistas, sin embargo nuestro gobierno prefiere no pelear.

Los dos hombres miraron las cifras que el informe de Eleni mostraba. Las fuerzas armadas helénicas eran tan fuertes como las de Roma.

—Un choque sería devastador para ambas naciones. Creemos que Luca no negociará así que ofrecemos nuestro apoyo económico y militar a Nigro Visconti para evitar el ascenso de Luca. —Entonces Eleni miró a Logan—. El acuerdo incluye la recuperación de Catalina. Para nosotros no es un detalle menor. Fue una figura importante para nuestro pueblo y sigue siéndolo.

Logan no dijo una sola palabra solo se limitó a asentir.

Uno de los funcionarios sentados tamborileo los dedos sobre las hojas impresas y se dirigió a Eleni.

—¿Qué quieren a cambio? —preguntó sin rodeos.

—El gobierno solo pide como garantía Brindisi y Olbia. Las tropas helénicas se asentarán en esos puntos estratégicos. Una vez terminado el conflicto se retirarán sin demora.

—Hablaremos con el Princeps sobre sus condiciones, señorita Lascaris. En cuanto tengamos una respuesta se la haremos saber. —Los dos hombres se pusieron de pie y le dieron la mano a Eleni—. Que tenga un buen día.

Una vez que los funcionarios romanos se retiraron, Logan se sentó.

—Eres un asco, Logan —dijo Eleni, en un tono relajado—. ¿Hace cuánto tiempo no duermes?

El primer recuerdo que ella tenía de él era del tiempo en que era el escolta personal de Catalina. Ya nada quedaba de ese hombre pulcro, de mirada penetrante y serio. Ahora sus rasgos estaban marcados por extensas horas de negociaciones e insomnio. La barba otrora inexistente en ese momento parecía de varios días, lo que le hacía parecer mayor.

—Desde que ella se fue. Aunque parecen siglos. —Logan suspiró—. No podré dormir hasta no tenerla de vuelta en casa y a nuestro hijo.

Eleni extendió una mano y cubrió la de él.

—Así que los rumores son ciertos. Catalina espera un niño.

—Luca Visconti me ha quitado todo.

—Pero has dicho que Catalina se fue con él y no que la ha secuestrado. ¿Has pensado en la posibilidad de que esté con él por propia voluntad.

—Ya no sé qué pensar. Centuria dice que ella no parece querer escapar de la villa de Luca.

Eleni apretó la mano de Logan con fuerza.

—Entonces no podemos tratarla como una rehén. Lo sabes. —Logan lo sabía muy bien, y si no fuera un rehén sería cómplice de Luca si él cayera, entonces sería juzgada y condenada—. Si cooperara se salvaría de la ejecución, sin embargo le esperarían muchos Años en La roca negra... Si viviera lo suficiente.

La idea de Catalina encerrada en un lugar así hasta la muerte, había llegado a su cabeza, sin embargo la había descartado rápidamente. Él la conocía, sabía que no podía ser cómplice de un tirano como Luca Visconti, la serpiente.

—Tal vez Centuria se equivoca. Ella no se aliaría con alguien como él. La conozco.

—O tal vez ya no la conoces.

Las palabras de Eleni flotaron en el aire como un espectro.

***

Algunos meses antes, Luca habría reído ante la idea de que asumiría el gobierno de Roma casi sin pelear. Nigro había escapado con su familia de noche con ayuda de las vestales. Solo se trataba de rumores, sin embargo sabía el poder que ese pequeño grupo de mujeres poseía, la lealtad del pueblo hacia ellas y la fortuna que cada una de ellas manejaba. En ese momento no podía castigarlas. No hasta reunir las pruebas suficientes. Algo inventaría en el futuro para enterrarlas vivas a todas.




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