LOGAN
La respuesta a lo que le pregunté a Brandt, pronto fue respondida. No con palabras, con hechos. Eran la pareja más dispareja, y sin embargo allí en medio de un ridículo acto de coronación estaba Jean cargando sobre su hombro a Brandt Taylor, hija y heredera de Harlan C. Taylor. Todo el mundo volteó al escuchar los gritos de ella. Muchos rieron ante semejante espectáculo, aunque segundos después cambiaron de expresión al escuchar detonaciones que provenían del exterior.
Mis ojos automáticamente buscaron el rostro de Catalina. Ella permanecía de pie sobre el escenario. Sus ojos encontraron los míos cuando la multitud comenzó a correr. Sus labios se movieron para pronunciar mi nombre en silencio. Algo no estaba yendo como debía, el plan había fracasado. La desesperación bullía debajo de mi piel.
Por instinto caminé en dirección contraria a la estampida, empujando la ola que me arrastraba hacia las salidas de emergencia. A pesar de ello seguí adelante, con la férrea convicción de que llegaría al escenario antes que nadie. Mis piernas parecían haber cobrado vida propia y se negaban a seguir a la razón.
***
CATALINA
Vi en el rostro de Logan la urgencia. Venía hacia mí quitando del medio a quién se ponía en su camino. Por un fugaz instante me sentí como Medusa, una heroína venenosa que podría convertirlo en piedra si me miraba. En mi mano, escondida bajo la túnica apreté la daga que Alessia me entregó minutos antes cuando la presión bajo mi vientre me obligó a agacharme. Acaricié el metal frío como las escamas de una serpiente. Entre mis dedos estaba el boleto hacia la libertad. Aunque tuviera que enfrentar las consecuencias después, lo usaría.
Estaba segura que ese día daría vida, la de mi hija, y tomaría otra, la de Luca. El nacimiento era inminente. Esa mañana habían empezado las contracciones. Mi madre que había pretendido durante meses estar de acuerdo con mi matrimonio, había notado los síntomas.
—Catalina, no puedes seguir con esta locura —dijo parada a mi lado, acariciando mi espalda, mientras yo trataba de calmar el torbellino en mi cabeza, clavando los dedos en el tocador—. Piensa en tu hija, en ti… en Logan. Él estará ahí y no dudará en ponerse en peligro para ayudarte si nota que estás sufriendo.
Tomé su mano.
—Lo sé, pero si muero, espero que salves a mi hija y se la entregues a Logan. ¿Puedo confiar en ti?
—¿Dices que vea como mi hija se arroja a las llamas, Catalina? ¿Crees que eso es justo para mi que sacrifiqué todo por ti, por tu libertad?
—Promételo.
Mi madre se alejó de mí lentamente, sacudiendo la cabeza, negando.
Salió en silencio dejando mi pregunta sin respuesta.
***
LOGAN
Mis labios se secaron cuando estuve a escasos metros del escenario donde Luca gritaba órdenes. Mientras él ignoraba a Catalina, yo luchaba por subir para ponerla a resguardo. El maldito no se preocupaba ni un poco por ella. Recordé el entrenamiento, las horas interminables oyendo que la vida de esa mujer era más importante que la mía. Las enseñanzas se hicieron parte de mi carne. Toqué el lugar donde Alessia puso la marca. En mi hombro la V palpitaba como si recién me hubieran quemado la piel. Podía ser y hacer cualquier otra cosa, sin embargo nunca dejaría de ser el guardián de Catalina.
“Porque esta marca no puede borrarse. Y quien la lleve debe honrarla hasta el final de sus días.”
Las detonaciones se escuchaban cada vez más cerca. Con una estruendosa explosión la puerta principal del recinto estalló en pedazos. Me agaché . Me cubrí la cabeza. Hombres encapuchados enseguida rodearon a los pocos que quedábamos. El tiempo corría. Volví mi rostro hacia el escenario otra vez, ella permanecía de pie con una calma increíble, aunque noté que en su frente se habían formado pequeñas gotas de sudor.
Una vez más me abrí paso entre la gente que estaba paralizada. Trepé hasta llegar arriba. Cuando estaba a solo unos metros de Catalina, Luca me vio.
Su mano se cerró en torno al brazo de Catalina con la fuerza de quien posee un objeto. Ella no se movió. Solo sus ojos, los míos, un puente en medio del infierno.
—¡Pero mira quien esta aquí, el perro guardián! —rugió por encima del estruendo—. ¡Mira a tu alrededor! ¡Esto es lo que has conseguido con tu obsesión! ¡Tú has traído el caos!
No respondí. Mis pies ya se movían. Un paso. Otro.
Catalina respiró hondo. Profundo. Su pecho se elevó y, por un instante, su rostro se tensó en su expresión había algo que no era miedo. Una contracción. Su cuerpo estaba trabajando en silencio mientras el mundo ardía. No lo sabía en ese momento, pero nuestro pequeño hijo estaba a poco de nacer.
Luca lo vio. Y creyó que Catalina intentaba escapar.
—No irás a ninguna parte, querida —siseó, apretando su brazo con más fuerza—. ¡Mi esposa se queda conmigo!
Avancé otro paso. Luca notó el movimiento. Su mandíbula se tensó. Soltó a Catalina lo justo para girar, arrebatar el arma a uno de sus guardias y apuntarme directamente al pecho.
—¡Un paso más y te mato, perro!
Me detuve. El metal me apuntaba directamente. Pero yo solo veía detrás a Catalina, liberada por un segundo de su agarre.
Algo cayó al suelo. Un tintineo metálico. Una daga. Una que Alessia le había entregado. Ahí, en el mármol, a sus pies.
Luca giró. Vio el arma. Vio a Catalina. Su expresión cambió. Era sorpresa pura. El trofeo, la mujer rota, la esposa sumisa... tenía una daga. Había planeado matarlo.
Su mano libre voló hacia ella. El golpe sonó seco, brutal. La cabeza de Catalina giró, pero no cayó de rodillas. Ella sonrió con sangre en su labio. Y en sus ojos había algo que Luca no supo leer.
Él volvió a apuntarme con el arma temblándole en la mano.
—¡Ahora vas a ver, perro! —su voz era un alarido—. ¡Vas a ver cómo mueren ella y tu hijo! ¡Y no podrás hacer nada para impedirlo!
Su dedo acarició el gatillo.