Fuera de juego

Capítulo 1

Isabella

Necesito un nuevo trabajo.

Ese es mi pensamiento mientras que mi jefe me está echando porque básicamente ignoré todos sus coqueteos y, al final, acabo de darle un puñetazo en la nariz por querer besarme ahora que no hay más empleados, porque se supone que debí salir hace una hora, pero no, continúo aquí.

Me trago la sensación amarga que me invade, no es mucho lo que ganaba en esta cafetería, pero sí que lo necesito. Dos trabajos, tengo dos trabajos para poder cubrir los gastos de mi hijo y de mí, pero ahora no sé cómo lo haré con un trabajo menos. Este dinero me daba para pagar la renta, es una suerte que la pagué hace unos días, eso me da tiempo de buscarme algo nuevo, pero será muy difícil hacerlo.

La nariz de quien se acaba de convertir en mi ex jefe está sangrando y yo estoy mordiéndome el labio inferior, respiro profundo y me ordeno no comenzar a llorar, no es la primera vez que me echan de un trabajo, pero sí que es la primera vez que estoy haciendo malabares para que esto funcione y que no me echaran y es la primera vez que me acosan tan abiertamente.

—Entiendo, mañana vendré a buscar mis cosas —él gruñe con un trapo en la nariz y me mira furioso.

—Ni estás tan buena como para creerte la gran cosa y rechazarme, tienes que aprender a ser mejor, porque como vas, ningún hombre te hará caso. Ya entiendo por qué el padre de tu hijo huyó, no critico al pobre hombre —me estremezco por sus palabras, porque no es la primera vez que alguien dice algo como eso.

Pero los recuerdos de Logan Reed los sigo manteniendo bajo llave en mi cabeza, no quiero recordar, no quiero experimentar las mismas emociones que antes, es mejor dejar todo cerrado.

—Buenas noches —es todo lo que digo y, aun con un ojo puesto en él, salgo de la cocina y rápidamente de la cafetería.

Estoy cansada, hambrienta y aún tengo muchísimas cosas que hacer, pero aun así me trago las lágrimas, finjo una sonrisa mientras camino porque ahora que me echó, no puedo gastar veinte dólares en un taxi.

Este no era el futuro que tenía previsto para mí en el pasado, no cuando hice muchísimos planes con una persona que no me escuchó y simplemente se marchó sin mirar atrás. Una persona que jamás giró el rostro para ver lo que nunca supo.

Que su hijo crecía en mi vientre.

Que lo amaba con locura.

Que fue el único hombre en mi vida.

Quizás la ingenua fui yo por amar a una persona que se rindió tan fácil con lo que éramos. Aun así, a pesar de que me desgasto cada día, cuando llego a casa y veo a mi vecina riendo con mi bebé, entiendo por qué son todos los sacrificios que hago, porque verlo a él es encender mi mundo y cuando los ojos de mi bebé caen en mí, una sonrisa se forma en mis labios.

—Mamá está aquí —hablo alto haciendo que el grito infantil se escuche por todo el salón.

Mi bebé se ríe y yo camino hasta él, tomándolo en mis brazos y besándolo con emoción, siento como mi pecho se llena con su presencia y todo lo malo y terrible del día de hoy queda sustituido por lo cálido que es, mi vecina me sonríe, es una universitaria de 20 años a la que le pago cuando la guardería cierra para que pase por él y lo cuide.

—Te ves cansada, Isabella —me hace saber y suspiro abrazando y besando la mejilla de mi bebé.

—Lo estoy, me despidieron —sus ojos se abren sorprendidos.

—¿Por qué? —me distrae el sonoro beso que deja Thiago en mi mejilla y sonrío un poco, haciendo que él me sonría a mí.

A sus cuatro años mi bebé es muy inteligente, nadie pensaría que ya el año que viene tendrá que ir al colegio, soy como una mamá oso llorando por cosas que pasarán más adelante.

—Mi jefe es un asno y me quiso besar —respondo caminando hasta el sofá y sentándome.

Mi departamento es muy modesto, pero eso es lo mejor que se puede obtener del barrio en el que vivo.

A los diecinueve años quedé embarazada, pero no le dije a nadie. Mi familia estaba muy ocupada juzgándome por una mentira como para compartir lo que me pasaba, el hombre que quería estaba largándose del pueblo en que ambos vivíamos y el único apoyo que tenía era mi hermano, pero como se comprometió hace poco, no es como que quisiera cargarlo con preocupaciones, es por eso que no digo nada.

No tengo amigas, no después de que la mayoría me diera la espalda y solo me viera como todos los demás: una trepadora.

Dejé todo atrás, me marché del pueblo del que nunca había salido y ahora no he vuelto, cuatro años después estoy aquí. No como la doctora que hubiese querido ser en el futuro, pero sí con un bebé que me hace sentir que todo es posible para mí.

—Qué horrible situación, Isa —sonrío despacio.

Siempre que la veo me recuerda a mí de joven, es una chica delgada, guapa, grandes ojos marrones en unos anteojos redondos, pelo azabache y una peculiar forma de ser.

—Sí, por lo pronto es mi deber buscar otro empleo. Sabes que mi situación actualmente no depende solo de mi trabajo en el hospital —hago una mueca— además, pronto habrá una limpieza de personal y algo me dice que estaré fuera —ella me observa con tristeza y le sonríe a Thiago, quien está enterrado en mi cuello escuchando todo.

—Si sé de algún trabajo te prometo que te llamaré, una compañera de la universidad estaba brindándome uno, pero era de enfermera, si quieres le paso tu contacto para que te envíe todo —mis ojos se llenan de esperanza.

—¿Harías eso? —ella asiente.

—Claro que sí, me tengo que ir, rindo parciales esta semana y no he estudiado, pero la llamaré esta noche —ella se acerca a mi hijo y lo besa haciendo que él se ría— nos vemos mañana —asiento notando como ella se aleja y cuando la puerta se cierra miro a mi hijo.

—Hora de un baño, bebé —él se ríe.

—Mami —me llama y mi corazón se siente cálido.

—Te amo mucho —susurro mirándolo fijamente.

Es como ver a su padre, pelo oscuro, ojos grandes y azul cristalino, mi bebé es tan hermoso, pero no niego es como un golpe del hombre que nunca volví a ver y del que nunca me interesé en buscar más. Así que lo baño entre el desastre de agua que hace, le doy de cenar y cuando está alimentado y limpio, cae rendido.




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