Isabella
Quiero vomitar.
No recuerdo la última vez que estuve tan nerviosa, pero ahora mismo creo que quiero salir corriendo, sin embargo, me quedo en mi lugar mientras espero mi turno en la entrevista. Tarareo una canción infantil y cuando la puerta se abre y por ella sale llorando una chica, sí, eso significa que quiero irme de aquí, pero pronto.
—Isabella Foster —cuando me nombran me levanto como si tuviera un resorte, me trago mis miedos, pongo la espalda recta y camino a paso seguro hacia el interior del espacioso despacho, en él está una mujer con mirada severa que me espera con mi hoja de vida en manos, me muerdo el labio inferior mientras ella frunce el ceño.
—Buenos días, Isabella Foster —me presento y ella asiente leyendo fijamente la hoja, espero en silencio y cuando suspira levanta sus ojos que son tan azules como el mar.
—Tome asiento, la verdad es que estoy sorprendida con los múltiples trabajos que ha tenido. ¿Por qué no parece tener un trabajo estable, señorita Foster, además de su trabajo en el hospital? —sabía que esa sería una de las preguntas, pero la mujer no ha esperado siquiera que le hable de los puntos positivos que tengo.
—Porque tengo un hijo —soy sincera y ella levanta las cejas sorprendida—, así que a veces se me hacía complicado seguir laborando por mi hijo, cuando sucedieron esos cambios fue porque no tenía un lugar exacto donde dejarlo, pero ahora mismo no es un problema —ella frunce el ceño.
—Pero será un problema a futuro —asegura y siento las manos sudorosas, aun así no bajo la mirada y asiento.
—No sé realmente a futuro cómo serán las cosas, pero si me da la oportunidad puedo demostrarle mis habilidades, tengo mucha experiencia, desde joven hacía voluntariado en mi comunidad y centros de atención primaria, además, puedo buscar la recomendación de los centros en los que estuve, realmente estoy interesada en el puesto y le aseguro que lo que no sé, lo aprendo, soy rápida y habilidosa —la mujer se reclina mirándome fijamente.
—Le seré sincera, señorita Foster, trabajaremos con hombres, hombres que en su mayoría son misóginos como la mierda y no necesito a mujeres que al mencionarlos se vuelvan una papilla por ellos. Necesito personas centradas en su trabajo porque no acepto mediocres en mi grupo, he entrevistado hasta ahora a veinte mujeres y quince hombres. La mayoría tienen un currículum mucho mejor que el suyo, sin embargo, cuando preguntaba, no me miraban y respondían con seguridad —me trago las ganas de mostrarme débil, le sigo mirando con la espalda recta y ella sonríe—, la verdad es que no tengo problemas con que tenga un hijo, de hecho, hay un programa para madres solteras. ¿Es soltera? —asiento despacio.
—Solo somos mi hijo y yo —ella suspira.
—Bien, me interesa lo que dicen estos papeles de usted, esto es así, le dejaré de prueba tres meses, si me sorprende en ese tiempo, el trabajo es suyo —jadeo con sorpresa y ella sonríe—. Por supuesto, si me entero que se enreda con los jugadores, recuerde que será despedida de inmediato —sonrío divertida.
—Tranquila, no es algo que me interese —ella me mira con interés, lo que no sabe es que odio el hockey y a los jugadores de hockey.
—Entonces supongo que bienvenida al equipo, Isabella Foster —dice finalmente y todavía me cuesta creerlo.
Parpadeo varias veces mientras intento procesar que tengo el trabajo. Dios, realmente necesito este trabajo. Necesito el dinero, la estabilidad y dejar de sentir que mi vida depende de un hilo a punto de romperse.
—Grcias —susurro, a mujer se pone de pie y entonces extiende una mano hacia mí.
—Doctora Camille Leblanc —se presento estrechando su mano con rapidez—. Soy la jefa del área médica del equipo y también quien decidirá si usted se queda o se va.
—Entendido —murmuro tratando de no parecer demasiado ansiosa.
La doctora Leblanc toma una carpeta de su escritorio y luego camina hacia la puerta haciéndome una señal para que la siga.
—Estamos formando un nuevo equipo médico para esta temporada, el anterior fue despedido luego de varios problemas internos y sinceramente no pienso repetir errores —explica mientras avanzamos por un enorme pasillo decorado con fotografías de jugadores levantando trofeos, no le doy una mirada a ninguno—. Necesito gente eficiente, rápida y que no se deje intimidar por nadie. Aquí los jugadores creen que el mundo gira a su alrededor y muchas veces la prensa los empeora.
Asiento en silencio mientras observo todo a mi alrededor. El lugar es enorme, mucho más de lo que imaginé. Todo luce impecable, elegante y absurdamente caro. Pasamos frente a varias oficinas, una sala de rehabilitación y luego un gimnasio gigantesco que me deja sorprendida.
—Aquí realizan parte de sus entrenamientos físicos cuando están lesionados o en recuperación —explica la doctora Leblanc notando mi mirada—. También trabajamos de cerca con fisioterapeutas y nutricionistas.
—Es un equipo muy completo —comento y ella se rie.
Veo máquinas modernas, pantallas enormes y distintos espacios separados por cristales. Varias personas trabajan moviéndose de un lado a otro con rapidez. Todo parece perfectamente coordinado.
—Las estrellas del equipo todavía no están aquí, tuvieron partidos fuera de la ciudad y no regresarán hasta dentro de unos días —continúa mientras seguimos caminando—. Así que tendrá algo de tiempo antes de conocer a los idiotas que harán su trabajo más difícil. —Una pequeña risa se escapa de mis labios y la doctora Leblanc sonríe apenas, como si no estuviera acostumbrada a hacerlo demasiado. —Aunque debo admitir que algunos son buenos chicos cuando no están siendo insoportables.
—Espero que no sea un problema —ella niega divertida, bueno, es algo bueno que mi jefa al menos parezca divertida conmigo.
Giramos por otro pasillo hasta entrar en una zona mucho más tranquila. Allí el olor a desinfectante es más fuerte y automáticamente me siento más cómoda, este ambiente sí lo conozco.