Logan
Tanto Damien como yo vemos a Noah, nuestro ala derecha, cabreado. No es de menos luego de todo el discurso que nos acaban de dar cuando debería estar descansando y tomándome mis días luego de una temporada ajetreada. Lo menos que quería era venir a la maldita pista, pero aquí estoy.
Luego de que Damien peleara en un bar con uno de nuestros rivales, salió en varios canales y ahora estamos en el puto ojo público, más luego de que nuestro entrenador nos riñera fuerte. Así que mis días de descanso se fueron a la mierda y debo estar preparándome y entrenando por algo de lo que no tuve la culpa, ya que esa noche todo lo que hice fue irme a mi habitación en el hotel luego del encuentro que tuve con quien fue mi mejor amigo en el pasado.
Estos días han sido una mierda en la que no quiero seguir pensando, así que me enfoco en cualquier cosa que no traiga a colación el pasado, porque desde entonces he estado analizando mi conversación con Issac y algo me sigue haciendo ruido en todo eso.
Cuando Camille, nuestra doctora, nos llama, me muevo por el hielo con facilidad. Sinceramente, ella es la mejor doctora que tenemos. Su excompañera era una mujer que tocaba de más y que tuvieron que despedir cuando la encontraron haciéndole una mamada a uno de los novatos. Ambos se fueron porque fue un escándalo que todos en la pista supimos.
No presto atención a nada más que al mensaje que me llega de Kitty, quien sigue intentando que la invite a uno de mis partidos y no autoinvitarse, pero sinceramente no tengo cabeza ahora para intentar nada con ella ni con nadie. Estoy jodido y lo sé, pero cuando escucho mi apellido suspiro levantando la mirada.
Primero me encuentro con Camille, quien me sonríe. Luego paso a una chica rubia que parece que explotará, con los ojos brillando de la emoción; luego a un chico con aspecto asiático y otra chica rellenita que se sonroja cuando la observo, hasta que finalmente mi mirada se mueve hacia la última persona, que parece querer ocultarse, pero no lo hace a tiempo.
Cuando mis ojos caen en ella me paralizo completamente. El corazón me da un vuelco y tengo que parpadear varias veces antes de que vaya a darme un puto ataque. La respiración se me agita porque me encuentro con unos ojos marrones abiertos de par en par, pareciendo de lo más asustada. Ojos marrones que memoricé desde el primer instante en donde la vi; rostro precioso, cabello castaño en una coleta mucho más largo de lo que recordaba, labios en forma de corazón siendo apretados con fuerza y cuerpo paralizado.
Esto no es una puta broma, es ella.
Es Isabella Foster.
Estoy tan sorprendido que ninguna palabra sale de mis labios mientras hablan a mi alrededor. Puedo sentir que me observan, pero no puedo apartar los ojos de ella. Ya Isabella no es la chica de diecinueve años que dejé llorando en aquella casa; no, es una mujer en todo su aspecto.
Tengo años huyendo de ella para encontrarla aquí ahora. ¿Qué mierda es lo que ella busca? ¿Vino por mí? Qué digo, claro que lo hizo. Ella debió saber que este es mi nuevo equipo y aquí está, haciéndose la sorprendida ahora que me está viendo. Supongo que es triste para ella saber que pudo ser la esposa de un jugador famoso, pero prefirió jugar conmigo y romperme el puto corazón.
Porque nunca conocí realmente a la chica que me mostraba timidez a veces, la chica que me reclamaba cuando hacía las cosas mal, la chica que me impulsó a ir por lo que quería. Todo fue una maldita actuación. No fueron reales los “te amo”, los besos, las caricias, las promesas. Nada de eso importó en el momento en que Isabella decidió enredarse con otro y luego fingir que no lo conocía.
Quiero gritarle tantas cosas, pero algo en su expresión me hace apartar la vista sin querer mirarla, solo que me siento enfermo al saberla aquí. Porque he pasado los últimos cinco años con el recuerdo de ella clavado como una jodida estaca en mi pecho; sin embargo, logré salir adelante.
—Entonces los dejamos, chicos, vamos—observo de reojo cómo ella parpadea antes de que la chica rellenita la tome de la mano. Isabella se sobresalta y luego la sigue a paso lento. Tengo que controlarme para no ir tras de ella, siento que me volveré loco.
—Logan, ¿qué pasa, hombre? Estás más pálido que la leche.
Trago en seco y me paso la mano por la cabeza, alborotándome el pelo.
—Tengo que hacer una llamada—murmuro y patino hacia la salida.
Salgo y me movilizo como puedo hacia el vestidor. Busco mis tenis y me los coloco antes de irme a caminar por las instalaciones. Sé específicamente hacia dónde voy y ya no me importa si tengo que hacer un escándalo, ella no puede trabajar bajo el mismo techo que yo.
¡Que se vaya!
No puedo permitir que nuevamente Isabella me destruya la vida. Solo verla parece afectarme muchísimo más de lo que esperaba. Mis manos están temblorosas y estoy furioso. La encuentro esperándome porque parece que aún hay cosas que recuerda de mí.
—Sígueme—murmuro sin detener el paso.
Ella traga en seco y me sigue varios pasos por detrás de mí.
Ingreso a uno de los salones de reuniones para las jugadas que haremos durante los partidos y cuando ella entra cierro la puerta. Es como una maldita patada al estómago, porque todo su aroma está esparcido en el aire. El aroma floral que tanto me gustaba y que ella no ha cambiado, pero lo ha hecho. Nada es igual a lo que recordaba: su cara más madura, su cuerpo muchísimo más desarrollado, porque esas curvas pronunciadas no las tenía. Tampoco su trasero era así de respingón o sus tetas grandes. Todo en Isabella ha dado un cambio y no digo que para mal, para nada, porque se ve muchísimo mejor que antes.
Esto realmente es malo.
El silencio entre ambos es sofocante, puedo escuchar su respiración agitada detrás de mí y eso solo logra alterarme más. Aprieto la mandíbula con fuerza mientras apoyo las manos sobre la mesa frente a mí intentando controlarme, pero es imposible cuando ella está aquí, en el mismo maldito lugar que yo.