Isabella
El corazón lo tengo tan acelerado y no ha dejado de estar de esa forma desde que me encontré con Logan en el pasillo que da con la guardería. La chica que cuida de Thiago me afirmó que nadie estuvo con ellos, pero no he podido quitarme la sensación de que debo hablar con Logan antes de que todo pueda empeorar, porque aunque lo he evitado estos días, eso no quita que cada vez que mencionan su nombre creo que voy a tener un vómito verbal donde le confesaré que tenemos un hijo.
Pero Logan ya no es mi Logan, no quiero que mi hijo conviva con esta nueva versión de él llena de rencores y rabia. No, me hubiese gustado que fuera el chico tierno que siempre tenía en su chaqueta mis dulces favoritos, el que cantaba en la ducha y el que se imaginaba una familia enorme amante al hockey.
—Estás pálida —la voz de mi compañera me hace parar de mover la gasa que tengo en la mano para mirarla—. ¿Te sientes bien? Si es mucho trabajo, avísanos y te apoyamos en lo que podamos —no puedo evitar sonreír por lo dulce que es.
—Lo tendré pendiente —respondo dándole una sonrisa—, y estoy bien, un poco cansada, pero nada grave —ella suspira aliviada y me observa con curiosidad.
Trato de seguir en lo que estaba haciendo, pero la mirada curiosa no desaparece de su rostro, haciendo que me pregunte qué estará pensando, aunque no hago ningún comentario al respecto.
Camille entra a la sala observándonos. Me regala una sonrisa cordial antes de hacer una mueca ante la voz que se escucha detrás de ella. Es más que notable que no le agrada para nada el entrenador Ruff y que a él no le agrada para nada ella, así que solamente me dedico a observar cómo él le lanza una mirada y luego enfoca su atención en nosotras.
—Uno de mis chicos no se siente bien —informa, y Camille suspira como si ese fuese su pan de cada día.
—¿Qué tiene? —cuestiona girándose para mirarlo. Él no responde por un momento porque se distrae en la forma en la que ella echa toda su melena hacia atrás y luego enarca una ceja en su dirección.
—Vómito —responde endureciendo el rostro. Camille mira en nuestra dirección y suspira.
—Isabella, acompáñame —asiento tomando todo lo que necesito y siguiéndola. El entrenador Ruff se me queda mirando un segundo con curiosidad y luego asiente, siguiéndonos.
Cuando llegamos a lo que son los vestuarios hay al menos cinco personas y, cuando me encuentro con el rostro de Logan entre ellos, siento la imperiosa necesidad de huir de aquí. El corazón comienza a latirme de forma desenfrenada, como cuando me llamó por mi nombre.
Él está hablando con el chico en voz baja. Debe ser uno de los novatos, quizás por la mirada algo asustada y el cuerpo menos trabajado que los otros.
—Necesito que salgan un momento, evaluaremos al paciente —la voz de Camille hace que todos giren a mirarnos. Siento que me sonrojo cuando sus ojos azules me recorren, así que giro el rostro evitando el contacto visual con él.
Porque he estado evitándolo como él me pidió. No quiero más problemas ni poner en juego mi empleo, uno que ahora me da paz porque tengo a Thiago cerca, la paga es buena y mi jefa no es un viejo que me echará si no me acuesto con él.
Camille se acerca a evaluarlo mientras yo me mantengo a su lado, pero aun cuando quiero concentrarme del todo en el chico que se inclina y comienza a vomitar en el zafacón que le dieron, puedo sentir la mirada de Logan como una quemadura que está haciéndome sentir inquieta.
Nunca miro en su dirección, así que luego de que Camille evalúa al chico, le pide a los jugadores que lo movilicen a nuestra área. Apunto lo que me encarga ponerle y suspiro cuando todos caminamos en medio de susurros entre ellos.
Cuando llegamos me encargo de ponerle una vía endovenosa para poder pasarle la solución e hidratarlo. Aun así, soy consciente de que tengo al menos a tres jugadores y a su entrenador observando mi trabajo como si en cualquier momento fuese a sacar un cuchillo y apuñalar al chico.
Nada de presión se siente, eh.
—Listo —comento a nadie en particular, solo para que sepan que hice el trabajo.
Ellos no dicen nada, pero cuando el chico dice que quiere vomitar, siento unas manos en mi cintura que tiran de mí hacia atrás, evitando que me salpique el contenido que suelta el paciente. Mi cuerpo completo reacciona estremeciéndose cuando las manos grandes de Logan, que abarcan toda mi cintura, me aprietan. Mi espalda choca contra su pecho y parpadeo porque llegó muy rápido para evitar que me ensuciara, y lo otro es que Logan me está tocando.
La piel arde donde él toca y tengo que recordarme que no estoy aquí para eso, así que me aclaro la garganta apartándome de su toque. Levanto la mirada y la oscuridad abarca sus ojos, haciendo que tenga que recordarme que él no es el chico que solía ser.
—Gracias —murmuro como puedo.
—Por supuesto —es lo que responde. Me aparto viendo cómo Camille se acerca de nuevo y comienza a hacerle preguntas.
Como Sabrina llega y al ver jugadores cerca decide tomar el mando, yo me aparto saliendo un segundo para poder tomar un respiro de aire fresco donde no tenga todo el aroma a colonia y sudor de Logan recorriéndome.
Cierro los ojos contando para calmarme y al lograrlo puedo decirme que estoy haciendo las cosas bien y que todo está mejor. Cuando abro los ojos casi suelto un grito al encontrarme con unos pares de ojos azules puestos en mí. Logan me observa fijamente, como si quisiera encontrar las respuestas que tanto necesita.
Me muerdo la lengua como si de esa manera evitara gritarle que tenemos un niño hermoso, que se llama Thiago, que tiene sus mismos ojos azules y que a veces posee las mismas mañas de él. Que ama el helado y los animales, que es muy inteligente y que me he sentido muy sola y a veces cansada luchando para sacarlo adelante.
Trago saliva obligándome a apartar todas esas palabras que quieren salir de mi boca. No puedo hacerlo, no aquí, no ahora y mucho menos cuando apenas puedo respirar teniéndolo tan cerca de nuevo. Logan da un paso hacia mí y mi cuerpo entero se pone tenso automáticamente. Es ridículo que incluso después de todo siga reaccionando así a él.