Fuera de juego

Capítulo 9

Logan

Isabella me está evitando y parece que el mundo está a favor de eso.

No he logrado encontrar un solo momento para conversar con ella. Las pocas veces que la encuentro está con alguien, lo que hace que mi idea de abordarla en el trabajo tampoco sea factible. Isabella es escurridiza porque desaparece antes de que pueda encontrarla, llega antes o después de mí, pero cuando llega después siempre estoy ocupado, y están las veces en las que desaparece de la nada. Ha sido muy complicado poder coincidir con ella porque no he dejado de pensar en las palabras de Isaac, están marcadas en mi mente y no las he podido soltar.

Así que ahora presiento que por fin tendré la oportunidad de hablar con ella y llegar a un acuerdo. Todos los jugadores invadimos el espacio y puedo ver cómo los ojos de Isabella pasan por todos nosotros hasta dar conmigo. De inmediato gira el rostro en otra dirección, y no sé por qué ese gesto me hace gruñir y comenzar el día de mala forma.

—Tomen las muestras para las analíticas —habla Camille mientras mira nuestros expedientes uno por uno—. Espero que ninguno haya sido tan idiota como para consumir cosas que no le convienen —murmura levantando la mirada y pasándola por cada uno de nosotros.

Hago una mueca cuando me dan el envase para la prueba de orina y cuando entran conmigo gruño. Es incómodo tener que orinar, pero con una persona observando todo el proceso es como si no pudiera. Cuando al fin lo consigo entrego la muestra, me lavo las manos y salgo. De inmediato tengo a Isabella a mi lado.

—Por favor tome asiento —me indica y por un segundo recuerdo cuántas veces me dio órdenes en el pasado. Era divertido porque Isabella era algunos centímetros más baja que ahora y porque siempre he sido mucho más alto, así que la versión de ella enfadada o mandona era algo que me hacía reír.

Sin embargo, tomo asiento despacio mientras la veo trabajar. Se pone los guantes y me mira.

—¿Por qué me estás evitando de nuevo? —cuestiono y ella da un pequeño respingo, mirando a su alrededor como si la sola idea de que la puedan relacionar conmigo le incomodara. Solo eso hace que frunza el ceño, molesto.

—No lo evito, tengo una vida fuera de aquí, señor Reed. —Aprieto los labios viendo cómo pone el torniquete y luego limpia el área.

—No me llames señor Reed, llámame Logan. —Sus ojos quedan en los míos y niega.

—Recuerde sus palabras, no somos amigos ni conocidos. —No sé por qué estoy tan molesto con que diga eso, pero me hace apretar los dientes.

—Es que nunca podríamos ser amigos ni conocidos, porque fuiste todo para mí en una época, Isabella.

No sé por qué menciono eso, pero cuando lo hago me arrepiento. Ella no responde, se concentra en sacarme la sangre y la verdad es que tiene una mano mágica, casi ni duele y lo hace a la primera. Cuando termina me pone una curita y suspira mirándome.

—No tengo tiempo para juegos o cambios de humor, estoy siguiendo tus reglas. Creo que es lo mejor. Eso querías, ¿no? —inquiere, pero no espera respuesta. Toma todo y se aleja para ir a trabajar con otro de los jugadores.

No sé por qué me molesta tanto, pero salgo del lugar y camino buscando tranquilizarme porque últimamente es muy fácil cabrearme. Pienso en algún lugar donde pueda pasar el rato sin que otros vengan a joderme, pero entonces sonrío y camino por los pasillos que dan con la guardería que descubrí la semana pasada. No he vuelto, aunque sí he sentido ganas de ver al niño de nuevo y cuando llego al lugar entro buscándolo. Por un segundo me siento decepcionado cuando creo que no está, pero encuentro el pequeño cuerpo pintando en una de las esquinas y sonrío.

—Hey, pequeño hombrecito —lo llamo y la primera vez él no me mira. Lo llamo de nuevo y ahí es cuando sus ojos se levantan en mi dirección y una sonrisa se posa en sus labios.

—¡Superman! —grita y la emoción en su rostro me saca una sonrisa real.

Él deja sus colores y viene corriendo hasta la cerca y no sé qué tiene este niño que hace que el enfado desaparezca en segundos. Me agacho para estar a su nivel y sonrío divertido al verle la ropa que lleva puesta, es una camiseta de Superman.

—Veo que me querías ver —comento y él se ríe divertido.

—Me gusta, mami lo compio para mí —me hace saber divertido. Supongo que quiso decir “lo compró para mí”, pero para ser un niño habla con mucha fluidez.

—¿Ah sí? —él asiente—Qué inteligente tu mami, hombrecito.

Él asiente y me observa fijamente, sus manos pasan por la cerca y me acaricia la mejilla, tiene la mano suave y el aroma a bebé es muy notable desde mi posición.

—Eres gigante —repite lo mismo y se ríe—Mira mi dibujo. —Aparta su mano y se separa comenzando a correr, se detiene un momento y mira sobre su hombro como si temiera que desapareciera, así que cuando llega a donde se encontraba trae su cuaderno y lo gira hacia mí. —Mi mami.

Veo el dibujo de lo que parece una mujer, no es tan horroroso como pensé que pintaban todos los niños, así que supongo que es su mega dibujo.

—Wao, qué hermosa es tu mamá, hombrecito —digo y él se ríe como si estuviera más que contento con mis palabras.

Sin darme cuenta me siento a su lado escuchándolo conversar sin parar, es divertido lo elocuentes que son los niños y lo relajado que me hace sentir. Thiago, porque sí, me dijo su nombre, es un niño muy despierto y maravillosamente encantador. Me río sin parar de sus ocurrencias y quizás debería plantearme irme porque se ve mal estar pegado a un niño que no es nada mío, conversando como si fuéramos amigos, así que cuando mi teléfono suena suspiro levantándome. Me doy cuenta de que tengo muchas llamadas que no he contestado y varios mensajes.

—¿Te vas? —pregunta y yo sonrío.

—Mañana nos veremos, hombrecito —le aseguro y él sonríe.

—Chao —me dice con la mano y yo me levanto suspirando. Solo entonces me doy cuenta de que las chicas que trabajan en la guardería parecen derretidas conmigo, no las miro, solo asiento a modo de saludo y salgo.




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