Logan
Me pasé todo el fin de semana ignorando las constantes llamadas de Kitty. Sinceramente, no sé por qué siquiera no la he bloqueado, pero comienza a ser un dolor de cabeza y mucho más después de que ella se atrevió a decirle a Isabella que somos novios. Estuve molesto toda la maldita semana. Con ella solo tuve un par de citas, luego de eso no la busqué más porque me di cuenta de que nosotros no estábamos hechos el uno para el otro, su personalidad no me gustó y porque en Kitty solo veo a alguien que quiere la fama que puede dar mi nombre y el dinero que puede obtener de mí.
Lo cierto es que la última vez que estuve con una persona sin preocuparme por mi nombre o el dinero que valgo fue con Isabella. La fama vino de la mano con la desconfianza cuando pensé que era un chico divertido y una chica se me acercó por eso; lo cierto fue que durante las horas siguientes la escuché a escondidas hablar sobre cómo no podía ser más aburrido, pero que con mi nombre su carrera de modelo podía despegar.
Me volví desconfiado por naturaleza y nunca me gustó indagar mucho en la otra persona porque comencé a leerlas; en la primera cita me decían si querían estar conmigo porque les agradaba o no. Salir a citas se volvió una costumbre, lo único es que luego de la cita quedaba de nuevo ese vacío que quería ser llenado, pero sabía que ninguna lo lograría y el problema seguía siendo ese.
Ninguna era Isabella Foster.
Caer en cuenta de que quizás estaba siendo muy intenso con ella fue lo que me hizo dejarla en paz las siguientes semanas, aunque mis ojos seguían buscándola por todos lados y más de una vez me inventé un dolor de cabeza para ir a verla, solo que siempre Camille la tiene ocupada. Parece ser que en quien más confía es en ella y eso es un problema para el molesto gesto en el que comienza a convertirse el estar detrás de Isabella.
—Deberíamos salir a tomarnos algo esta noche —la voz de Dexter hace que todos giremos a verlo. Él sonríe haciendo que sus hoyuelos aparezcan y cualquiera diría que el hombre es un santo con esa cara de no romper nada, pero lo cierto es que es insoportable—Parecen abuelas queriendo llegar a casa para tejer la próxima bufanda, ¿qué es esto? Apestan.
No puedo evitar reír cuando Noah le muestra el dedo medio.
—Jódete, tengo cosas que hacer —es todo lo que dice y los ojos de Dexter caen en mí antes de desviarse hacia otro lugar antes de que pueda negarme.
La sonrisa de Dexter cambia a una pícara y llena de confianza que me hace saber que hay alguna mujer en su radar. Ruedo los ojos y no me preocupo por mirar a ningún lugar, solamente me quedo atando los cordones de mis tenis.
—Es candente —escucho decir a Dexter mientras pienso en la manera en la que abordaré a Isabella ahora que ya le di el espacio que quería.
—Lo siento, su compañero me dijo que podía pasar.
Me tenso ante la voz de Isabella y levanto la mirada, dándome cuenta de que quedamos tres jugadores que solo tenemos un pantalón puesto y el pecho descubierto.
Miro a Dexter un segundo y me tenso aún más cuando me doy cuenta de que la sonrisa de seguridad y la manera en la que estaba llamando candente eran dirigidas a ella. Me levanto sin que ninguno pueda decir algo y doy unos pasos hacia Isabella, quien me mira a los ojos y no se intimida ante mi altura o mi desnudez; ella aprieta un reloj que tiene entre sus dedos.
—¿Qué haces aquí? —cuestiono y quizás sueno más brusco de lo que pretendía, pero no me gusta que mis compañeros de equipo ahora la miren como si ella fuese un dulce que deberían probar.
—Lo siento, señor Reed —me jode cada vez que me trata como si no me conociera cuando yo a ella le conozco cada maldito lunar en su cuerpo, conozco hasta los ruidos bonitos que hacía antes de llegar a la cúspide de su placer. Es irritante que ahora me mire como si nunca hubiera escuchado sus te amo o sus miedos—Dexter, aquí tienes, se te cayó esto —me ignora y trata de pasar por mi lado para darle el reloj a Dexter.
—Oh, preciosa, no me había dado cuenta de que lo perdí, me salvaste de que el abuelo no me saque de la herencia.
Ella sonríe y yo solo tengo en mi cabeza que ella lo llamó por su nombre.
—Esperemos entonces que eso no ocurra —es todo lo que dice y me tenso cuando me mira—No vuelvo a entrar al vestuario, disculpen, pero no quería que haya una equivocación ya que muchos vieron que tenía el reloj, pero fue porque no había tenido tiempo de traerlo y lo encontré en la sala de descanso.
Dexter se ríe.
—No iba a pensar en que podrías hacer algo malo, con esa carita de ángel que tienes nadie consideraría que fueras capaz de lastimar a una mosca y mucho menos robar.
Dexter le resta importancia. Me tenso cuando sus ojos me miran.
—Hay mucha gente que suele decir que soy una mala persona, que no te sorprenda. —El golpe me da directo. —Con el permiso de los tres.
Y sale dejándome quieto en mi lugar. Siento una maldita sensación que me hace sentir irritado y es momento de que hable con Isabella, ella quiera o no.
—No quiero que la miren, la toquen o le hablen con segundas putas intenciones —me giro hacia mis compañeros que me miran sorprendidos—Y eso va para los demás también. Las ideas que tengas con ella, Dexter, sácalas de tu cabeza. Isabella está prohibida para ustedes.
Dexter frunce el ceño.
—¿Y a ti qué se te metió? ¿Es que te gusta? —Aprieto los labios con fuerza.
—Porque esa mujer que acaba de irse fue mi pareja durante años.
Los dos se sorprenden.
—¿Y ahora lo es? —la voz de Noah me hace apretar los puños. Me coloco una camiseta y respiro hondo.
—Ahora no lo es —respondo.
—Entonces no habría problemas. —Siento que están jugando conmigo y cuando los miro no estoy jugando.
—Entonces aténganse los dos a las malditas consecuencias y a lo que haga.
No los dejo responder. Tomo mis cosas y camino a buscar a Isabella.