Fuera de libreto

Capítulo 10: La víspera del viernes

​El jueves por la noche trajo consigo una calma expectante. El apartamento de Valeria estaba en completo silencio, iluminado solo por la luz tenue de la lámpara de la sala y el brillo de la pantalla de la computadora portátil que compartían sobre la mesa de centro. El archivo final del proyecto ya estaba listo, guardado y enviado al correo del señor Restrepo. No quedaba nada más por editar; la suerte estaba echada.

​Valeria estaba sentada en el sofá con la pierna izquierda apoyada sobre unos cojines, sintiendo el tobillo mucho menos inflamado gracias a los cuidados de los últimos dos días. El viejo gato dormitaba plácidamente a sus pies, completamente ajeno a la tensión profesional de las humanas.

​Camila, con los ojos fijos en el techo y la cabeza apoyada en las piernas de Valeria, soltó un suspiro largo que rompió el silencio.

​—Mañana a esta hora todo habrá terminado —dijo Camila en voz baja, girándose un poco para mirar a Valeria desde abajo—. O somos las nuevas heroínas de la agencia, o tendremos que buscar trabajo en otra parte de la ciudad.

​Valeria sonrió con suavidad, bajando la mano para enredar sus dedos en el cabello revuelto de Camila. El contacto se sentía tan natural ahora que le costaba recordar cómo era su vida antes del choque en el ascensor.

​—No nos van a echar, Camila. El diseño es impecable y la estructura de costos no tiene una sola fisura. Incluso Mateo tuvo que admitir hoy por videollamada que tu propuesta de murales encajaba a la perfección con la viabilidad técnica del espacio.

​—Lo sé... pero las juntas directivas siempre me ponen nerviosa —confesó Camila, y por primera vez, su voz no tenía rastro de esa seguridad inquebrantable que solía mostrar—. Mi mente funciona a mil por hora, Vale. A veces me da miedo que la gente solo vea un montón de colores desordenados en lugar de una idea real. Toda mi vida me han dicho que soy demasiado caótica.

​Valeria detuvo el movimiento de sus dedos y miró a Camila a los ojos. La vulnerabilidad de la artista la conmovió profundamente.

​—A mí también me dijeron toda la vida que era demasiado rígida —confesó Valeria en un susurro, sintiendo que un nudo se le formaba en la garganta al recordar las expectativas familiares y el vacío de intentar ser siempre perfecta—. Crecí creyendo que si controlaba cada pequeño detalle de mi entorno, nadie podría hacerme daño ni decepcionarse de mí. Construí muros tan altos que me olvidé de cómo se sentía dejar entrar a alguien.

​Camila se incorporó despacio en el sofá, quedando cara a cara con Valeria. Estiró la mano y le acarició la mejilla, limpiando con el pulgar una pequeña lágrima que amenazaba con escapar de los ojos de Valeria.

​—Tu orden no es rigidez, Vale. Es tu forma de proteger lo que amas, y es hermoso —dijo Camila con una ternura infinita—. Tu estructura fue lo que sostuvo mis ideas cuando estaban a punto de colapsar. No me cambiaste, me diste un lugar seguro donde aterrizar.

​—Y tú derribaste mis muros sin pedir permiso —respondió Valeria con una sonrisa temblorosa, acortando la distancia entre las dos—. Me enseñaste que salir de mi libreto no significa caer al vacío, sino aprender a volar.

​Camila no respondió con palabras. Se inclinó hacia adelante y unió sus labios con los de Valeria en un beso lento, dulce y cargado de promesas silenciosas. Ya no era la urgencia del beso bajo el aguacero, ni la timidez de los secretos de oficina. Era un beso que sabía a certeza, a dos mundos completamente diferentes que habían encontrado su equilibrio perfecto en el centro del mapa.

​Cuando se separaron, Camila apoyó su frente contra la de Valeria, rodeando su cintura con los brazos.

​—Pase lo que pase mañana en esa reunión, ya ganamos la mejor parte del proyecto —susurró Camila, con los ojos brillando en la penumbra de la sala.

​Valeria la abrazó con fuerza, escondiendo el rostro en su cuello, respirando el aroma a vainilla y lavanda que ahora significaba su hogar. Las alarmas de su celular estaban configuradas para las seis de la mañana del viernes y el traje de la presentación estaba listo en el armario, pero por esa noche, Valeria apagó todas sus listas mentales. Sabía que el viernes sería un día histórico, pero mientras tuviera a Camila a su lado, el futuro ya no era un problema matemático por resolver, sino una historia hermosa que estaba lista para ser escrita.




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