Golpe bajo

Capítulo 56

La lluvia había vuelto.

Claro.

Como si el universo tuviera una obsesión enfermiza con acompañar los momentos emocionalmente devastadores con mal clima.

Perfecto.

El café estaba casi vacío aquella mañana.

Y aun así…

el aire entre ellos pesaba demasiado.

Santiago llevaba observándola en silencio varios minutos desde el otro lado de la mesa.

Y Beatriz sentía que si levantaba la mirada demasiado tiempo…

iba a quebrarse.

Porque ya sabía cómo terminaría esa conversación.

Lo sabía desde la noche anterior.

Y aun así dolía igual.

Muchísimo.

Santiago tomó aire lentamente.

Y habló primero.

—Entonces…

Pequeña pausa.

—¿Ya decidiste?

La voz le salió más baja de lo normal.

Más vulnerable.

Como alguien que ya intuía la respuesta pero todavía necesitaba escucharla.

Beatriz sostuvo la taza caliente entre ambas manos.

Intentando mantener estabilidad emocional a través del café.

Método claramente inútil.

Finalmente asintió despacio.

—Sí.

Boom.

El pecho de Santiago se tensó inmediatamente.

Porque aunque sabía que era lo correcto…

una parte de él seguía esperando que ella dijera otra cosa.

Que se quedara.

Que eligiera quedarse con él.

Qué egoísta era el amor a veces.

Beatriz respiró profundo.

Y levantó finalmente la mirada hacia él.

Dios.

Ahí estaban esos ojos otra vez.

Esos ojos que habían terminado convirtiéndose en refugio.

—Tengo que aceptar lo de España.

Silencio.

Largo.

Pesado.

Pero Santiago terminó asintiendo lentamente.

Porque sí.

Era lo correcto.

Aunque le doliera como un demonio.

—Lo sé.

murmuró él.

Y ahí estaba precisamente el problema.

Los dos estaban de acuerdo.

Ella debía irse.

Era una oportunidad enorme.

Importante.

Necesaria.

Y Santiago jamás sería el hombre que le pidiera renunciar a algo así por él.

Nunca.

Pero aceptar eso racionalmente no hacía que doliera menos.

Ni un poco.

Él pasó lentamente una mano por su cabello.

Pensando.

Buscando desesperadamente una solución donde ambos pudieran quedarse.

Porque todavía no estaba listo para perderla.

No después de encontrarla.

—Podemos intentarlo.

dijo finalmente.

Beatriz levantó apenas la vista.

Y Santiago siguió hablando rápidamente.

Como si necesitara construir posibilidades antes de que ella desapareciera completamente de su vida.

—Videollamadas.

Pequeña pausa.

—Puedo viajar cuando tenga días libres.

Otra pausa.

—Y tú podrías venir algunas veces.

La miraba mientras hablaba.

Con esperanza.

Con miedo.

Con esa necesidad brutal de no dejar morir lo que habían construido.

Y eso le rompió completamente el corazón a Beatriz.

Porque una parte de ella quería decir que sí inmediatamente.

Quería intentarlo.

Quería aferrarse a él con todas sus fuerzas.

Pero otra parte…

la parte más racional…

la que había aprendido a sobrevivir…

sabía que aquello terminaría destruyéndolos lentamente.

Negó suavemente con la cabeza.

Y Santiago sintió el impacto inmediatamente.

—No.

La palabra cayó bajito.

Pero dolió muchísimo.

—Bea…

Ella respiró profundo.

Necesitaba decirlo completo antes de arrepentirse.

—Si voy a empezar una nueva vida…

La voz le tembló apenas.

Solo un poco.

—Necesito enfocarme en eso.

Santiago apretó la mandíbula.

Porque ya empezaba a entender hacia dónde iba aquello.

Y no quería escucharlo.

No quería.

—No quiero vivir atormentada extrañándote todo el tiempo.

continuó ella.

Las lágrimas empezaban a acumularse lentamente en sus ojos.

—Pensando cuándo vamos a vernos, organizando horarios, sintiendo culpa porque tú viajas demasiado o porque yo no puedo ir…

Pequeña pausa.

Dolorosa.

—Y tú tampoco necesitas eso ahora.

Santiago bajó lentamente la mirada.

Porque una parte de él sabía que ella tenía razón.

Y aun así…

maldita sea.

No quería dejarla ir.

—Tienes que concentrarte en recuperarte.

murmuró ella.

—En volver a encontrar tu lugar.

La voz cada vez más suave.

Más rota.

—Todavía te quedan muchos años para brillar, Santiago.

Boom.

Él soltó una pequeña risa amarga.

Porque eso ya no era lo más importante.

Y quizá ese era el problema.

Beatriz sostuvo su mirada otra vez.

Y ahí estaba.

Ese amor enorme y triste creciendo entre ambos mientras intentaban hacer lo correcto.

—Lo que sentimos es muy bonito.

susurró ella.

—Muy fuerte.

La voz terminó quebrándose apenas.

—Pero no vamos a destruir nuestras carreras… ni el esfuerzo de tantos años… por una ilusión.

Boom.

Santiago levantó inmediatamente la mirada.

Y algo en él se tensó.

Porque aquella palabra le dolió muchísimo más de lo que esperaba.

Ilusión.

Como si aquello pudiera desaparecer fácilmente.

Como si fuera algo pasajero.

—Esto no es una ilusión.

dijo de inmediato.

La voz firme.

Profunda.

Herida.

Beatriz sintió las lágrimas arderle inmediatamente.

Porque ella tampoco creía que lo fuera.

Ese era precisamente el problema.

—Lo sé.

susurró.

—Sé que es real.

Pequeña pausa.

—Y precisamente porque es real…

Respiró profundo intentando sostenerse.

—Creo que merece algo mejor que vivir desgastándonos entre distancias, presiones y renuncias.

Silencio.

Santiago ya no estaba molesto.

Ahora solo parecía roto.

Completamente roto.

Y Dios.

Eso casi hizo que Beatriz retirara todo lo que acababa de decir.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.