Gritos Silenciosos.

Capítulo 6

De momento el gris dejó de ser insignificante, desde que esos ojos se posaron sobre mí.

Pérdida en la sonrisa de Matt, la voz de Evans se escucha.

—Qué haces aquí. —ruedo mis ojos suspirando.

—No podía seguir encerrada en casa, tengo cosas que solventar don amargura —replico.

—Bebiste tus medicamentos ¿Cómo llegaste hasta aquí? —me ve achicando sus ojos.

—Acaso caminaste. —gruñe exasperado.

—¡Estás loca! Hannibeth, si necesitabas algo podrías pedírmelo.

Desde nuestro reencuentro pocas veces me llama así, lo hace cuando lo llevo al límite de su paciencia, es como si pronunciarlo le recordará el infierno que compartimos.

—Nos vamos —demanda con autoridad, me toma del brazo moviéndome para que comience a caminar.

—Qué rayos te pasa Evans —me suelto molesta.

—Vine por el trabajo, necesito trabajar, vi el cartel afuera. —finjo indignación, y mentira no es necesito el dinero.

—Tío, suelta a la sirena bonita.

Matt, el pequeño ángel, ha bajado de los brazos de su padre, con los brazos en forma de jarra le regala una mirada intimidante al pelirrojo, que por cierto le llamo tío, archivo esa información en mi mente. Exton se aclara la garganta, es allí donde decide hablar.

—Matt, por favor, ve a la cocina con Dereck, tu tío y yo debemos hablar cosas de adultos —el pequeño apunta a Evans con sus dos deditos, antes de irse le habla bajito.

—Te estoy vigilando —don amargura le hace la misma seña, me rio por lo bajo, quedamos nuevamente solos los tres, viendo como Matt entra a lo que parece es la cocina.

—¿Cómo está tu pierna? —Evans, es el primero en hablar, me encojo de hombros.

—Está bien —le regalo una sonrisa, ignorando la sensación de ardor que me ha recorrido a la mitad de mi caminata.

—Entonces que es esto —sin esperarlo coloca su dedo índice en mi muslo derecho, al subirlo veo como un pequeño rastro rojo queda impregnado en él. Aprieta la mandíbula, me alza en brazos subiéndome a una de las mesas.

—¿Cómo se te ocurre caminar tanta distancia? ¿Por qué tienes que ser tan necia? —su cara se vuelve completamente roja, y pienso que ojalá Evans no esté involucrado en toda esta porquería, porque de lo contrario también me lo llevaré por delante.

Exton sale, a los pocos minutos vuelve al salón con un kit de primeros auxilios. —Debo cortar el pantalón —le explica a Evans —o se lo puedo quitar aquí mismo. 

Suelta con cierta malicia, mientras no despega sus ojos de mí. Mentiría si digo que no he visto ojos bonitos en mi vida, hay unos verdes esmeraldas que idolatro. Pero estos me hielan la piel, sus tonalidades grises, azules y algunos destellos amarillos, son un espectáculo, la garganta se me seca dejándome sin poder argumentar algo coherente.

¡Control Hannibeth! Me reprendo, cuando por fin una de mis neuronas entiende lo que ha dicho, brinco.

—¡Qué! No. Son mis favoritos, me los quito ya. —intento pararme, sin embargo, Evans me detiene.

—Cortarlos demanda. —lo miro con horror.

Exton coloca una de sus manos en mi pierna, siento una extraña corriente, inmediatamente aparta, sé que lo ha sentido, su rostro no refleja ningún tipo de emoción. Parece imperturbable; yo soy quien penetrara su fortaleza. Comienza a cortar mi pantalón, mi adorado pantalón, suspiro con tristeza, como si me sobrara ropa, ahora me la hacen trizas.

—Tres puntos han cedido, son superficiales, nada de que alarmase —le habla a Evans, quien no deja de verme con molestia.

Estos dos no sonríen ¿Por qué ninguno de los dos sonríe? Es una clase de secta rara de la cual son miembros. Me río, pese a todo nunca he perdido mi sentido del humor.

—¿Qué? —esos ojos color plomo me ven hasta el alma y me siento desnuda. —Qué de qué —respondo —¿me reí en voz alta?—

—Debo coser nuevamente los puntos, puedo hacerlo aquí o ir al hospital —en todo momento le habla al mastodonte que tengo a mi lado comienzo a irritarme. Respiro profundo intentando no explotar.

—Hazlo aquí, contesta Evans —bueno, lo intenté me bajo de la mesa de manera brusca.

—Qué demonios les pasa a ustedes, están hablando de mí, de mi pierna, de mi cuerpo —señalo con mi dedo a Exton, pareciendo que he olvidado su nombre.

— Tú... papá de Matt, deja de pedirle permiso a este cavernícola sobre lo que tenga que ver conmigo.

— Exton, mi nombre es Exton. —bingo, te doy en el ego que no me acuerde de tu nombre, hombre al fin, ruedo mis ojos—

—Si sigues caminando así, tu herida dejará de ser insignificante —Exton no aparta sus ojos de mí, no suelo bajarle la mirada a nadie, pero a él termino bajándola.

—Qué les importa a ustedes, yo me puedo cuidar sola —Mi pecho brinca, la rabia me hace temblar, dure años cumpliendo órdenes, me prometí jamás ser doblegada nuevamente. Evans se acerca como un depredador a su presa, me agarra del cuello, me pega contra la pared con fuerza, esto no lo esperaba, me toma desprevenida.

—Defiéndete —me grita.

—¡Defiéndete, demuéstrame que puedes cuidar de ti! —lucho para que mis lágrimas no corran por mis mejillas, me está ahogando, como puedo golpeo su pecho, sé que mis golpes son suaves caricias para él. Me deja en shock, que sea él quien me trate de esta manera, después de que muchas veces siendo niños se sacrificó por mí, ya no es el Evans que conocí. Cuando no puedo más, un brazo fuerte me aparta.

Antes de desmayarme lo último que veo son sus ojos color tormenta, una tormenta que me atrapa sacudiendo mi mundo.




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