Gritos Silenciosos.

Capítulo 15

Vemos el fuego, tenemos la opción de irnos, pero en ocasiones decidimos seguir caminando hacia él, para comprobar qué tanto nos puede quemar.

Hannibeth.

Un movimiento brusco me aparta de los brazos de Evans, rompiendo abruptamente la atmosfera en la cual estábamos envueltos. El pelirrojo fue un apoyo en aquellos años, donde ambos fuimos sometidos a abusos físicos y psicológicos, por más que lo intentes si tu corazón es agradecido, jamás olvidarás a quien te hizo compañía en medio de tu más profunda oscuridad.

Aunque Evans, es un poco más bajo de estatura que Adam, no se deja intimidar, con un brazo me esconde con rapidez detrás su espalda, encarando al rubio, que el rostro no hace más que reflejar molestia por la cercanía y familiaridad con la que E me trata.

—Con qué derecho te crees para tocarla —espeta Adam colérico. El pelirrojo mueve la cabeza en negación, —ya le contaste ¿cómo se llama esa guapa mujer? Pone el dedo índice en su mejilla como si estuviese pensando, Julieta, no podemos negar que tienes buenos gust... Evans no termina de hablar, porque los puños de Adam se estallan en su rostro, la rabia que brota de él por instantes me deja en shock, no es el Adam protector que conozco.

—No te permito que hables de ella, no sabes nada de nosotros, no sabes lo que paso, no vuelvas hablar de la única mujer que he —enmudece, recordando mi presencia. Evans con rapidez cambia los papeles y ahora es Adam quien está debajo de él —termina de hablar cobarde, que no hable de la única mujer que has amado, era eso lo que ibas a decir —un fuerte nudo me aprisiona el pecho, sé que el gran amor de Adam es y será Julieta.

—No dejaré que la lastimes, ya no está sola, si tengo que poner mi vida, por la de ella lo haré —los golpes de Evans son certeros, ambos tienen el rostro cubierto de sangre. 

Salgo del cuarto de baño, entro a mi habitación, necesito cubrir la desnudez de mi cuerpo, no quiero ver mis cicatrices, tomo lo primero que consigo, una franela inmensa que era de Adam, fue una de las pocas cosas que me traje al abandonar su apartamento, era una manera de sentirlo cerca, cubre un poco más debajo de mis muslos, la pelea afuera no ha cesado, así que busco el arma que tengo hace unos meses. Mi pequeño apartamento es un desastre, la pelea ha avanzado del cuarto de baño a la sala, la mesa de madera del comedor está en pedazos, solo queda una silla en buen estado de las dos que tenía, alzo el arma quitando el seguro, el sonido los detiene mirándome atónitos. 

Ninguno de los dos es mi blanco, elevo el arma hasta mi cabeza, tomando aire, preparándome para halar el gatillo y acabar con mi agonía.

 

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Isabel.

¿Alguna vez has visto fijamente el fuego de una fogata o de una chimenea? Nunca te ha pasado por la mente, ¿cómo será esa sensación de sentir las llamas en tu piel? Vi el fuego ante mí y caminé para ser abrazada por él, mi fuego son los hermanos Kuzmin, sus cabellos son llamas que me atraen e intrigan ¿Por qué sabiendo que algo nos traerá problemas, seguimos avanzando como polillas a la luz?

Los ojos penetrantes que tengo ante mí, cargados de un rojo que debería asustarme, producen lo contrario, la intensidad con la que me mira, como si quisiera meterse debajo de mi piel, Lukyan aparta a su gemelo con evidente molestia. —¿Qué se supone que estás haciendo? —brama con indignación, puedo percibir el nerviosismo en Jasha.

—Nada de tu incumbencia, ¿Qué haces aquí? —suelta recomponiéndose —la mercancía llego, nos necesitan ya, te llame, pero no contestabas el celular —explica su gemelo sin dejar de verme.

—Ok —responde Jasha de mala gana —nos vemos en clases Isa, pronuncia sin saber cómo despedirse de mí, termina tocándome el hombro, y comienza a caminar —vámonos, llama a su hermano —en un momento voy, adelántate, la manera como Lukyan, le ordena deja en evidencia quien es el dominante de los dos.

Un obedientemente Jasha camina con la mirada cabizbaja —si fueras más inteligente, entenderías que tenernos cerca es un peligro —su voz, me eriza la piel, me hace sentir tantas emociones sin ni siquiera ponerme un dedo encima —¿Por qué son un peligro? —Las palabras salen sin poder detenerlas, me quedo absorta en las dos tonalidades de unos de sus ojos, esa mezcla de verde con miel, que parecen pelear una batalla para que uno de los dos predomine —no veas el sol tan fijamente Isabel, pues te cegara por momentos impidiéndote ver lo que realmente tienes frente a ti —¿Es mi decisión no crees? Si quiero ver el sol, por el tiempo que me dé la gana —respondo altiva, no me dejaré intimidar, la adrenalina que me produce me hace sentir viva, un cosquilleo recorre mi estómago, sonríe con malicia, mis piernas tiemblan.

—Es tu decisión, sin embargo, las consecuencias pueden ser irreversibles —existen lentes, puedo admirarlo de esa manera —mis respuestas son estúpidas, lo sé es el efecto que Lukyan causa en mí. Se acerca con determinación tomando mi mentón, la respiración se me corta, mi corazón brinca con desesperación, con su dedo pulgar limpia algo de mis labios, el roce eriza los vellos de mi nuca —tanta curiosidad puede ser perjudicial, Isabel —susurra mientras se acerca a mi oído, arrastra cada letra con suavidad, su acento extranjero hace que mi nombre en sus labios suene mejor.

—Si tanto insistes en jugar a quemarte, ten en cuenta que mis besos son mejor, —deja un corto beso en mi mejilla, haciendo una explosión en mi interior, me sonríe de medio lado, me convierto en estúpida sin poder gesticular palabras.

¿Qué acababa de pasar? No domino mi cuerpo, camino hasta el mar, permitiendo que el agua helada calme el torbellino de emociones que se mueven con rapidez en mí, avanzo hasta hundirme por completo, cerrando los ojos con fuerza, al hacerlo solo puedo verlos a ellos, observándome como cazadores que han acorralado a su presa.




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