Guerra por amor

Capitulo 1

Santuario de la diosa Athena

Cuando el mensajero de los dioses llegó al Santuario de Athena, en la Tierra, pensó que la diosa se negaría al pedido del dios Eros.

Después de todo, Athena había luchado para que sus caballeros fueran perdonados por los demás dioses. Arriesgar todo por una guerra que no le pertenecía parecía una locura. Pero no. No se negó.

Aceptó cuidar a la infante Ainhoa. Y cuando llegara el momento, la entrenaría como una de sus amazonas personales. Aunque ese no era su único propósito.

Athena conocía la historia de Ainhoa. Sabía que siempre había vivido encerrada, alejada del mundo, privada de libertad. Y eso... se había acabado.

—Será libre —se prometió Athena—. Libre de elegir. Libre para amar.

Sabía que no podía forzar al corazón. Ni siquiera el de una diosa. Enfrentaría a Eros y Anteros si era necesario. Y por esa pequeña sonrisa, por esa niña que reía inocente en sus brazos, estaba dispuesta a desafiar al mismísimo Olimpo.

Encargó el cuidado de Ainhoa a uno de sus más fieles caballeros dorados: Mu de Aries, quien la entrenaría junto a su discípulo Kiki, esperando el día en que los dioses del amor reclamaran por ella. Y cuando eso sucediera... Athena estaría lista.

—Te protegeré, Ainhoa. Incluso... de tus propios hermanos.

Cinco años después

Athena estaba sentada en su trono, inquieta. Las aguas del Olimpo estaban agitadas. Los dioses del amor dividían a los demás con sus conflictos. La guerra se avecinaba.

Aunque Ainhoa aún no despertaba por completo su parte divina, Athena temía que la atacaran de todos modos. Especialmente si dioses como Ares o Hades decidían intervenir. Sabia que usarían el conflicto de Eros y Anteros como excusa para derribarla.

Decidió entonces reunir a todos sus caballeros. El Santuario debía estar preparado.

—Mu será el primero en saberlo —murmuró.

Y mandó a llamarlo.

—Diosa Athena —saludo el caballero al llegar, arrodillados ante su diosa.

—Mu, sé que Shion te contó quién es realmente Ainhoa —él asintió—. Su cosmos está aumentando. Es hora de traerla al Santuario. Aún no está lista para despertar, pero temo que sus hermanos intenten llevársela igual

—La traeré de inmediato —respondió él, con reverencia.

Athena miró su estatua. Y por primera vez en mucho tiempo... sintió miedo.

—No dejaré que Eros ni Anteros la lastimen. Ella debe elegir su propio destino. Y yo... lo protegeré con mi vida.

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Monte Olimpo – Templo de Afrodita

El dios Hermes caminaba con paso firme por el templo de la diosa del amor. Sabía que no traía buenas noticias.

Ante él estaban Afrodita, Himeros, y Eros, quien lo miraba con una mezcla de desprecio y tensión. Hermes respiró hondo.

—Athena ha decidido proteger a Ainhoa en su Santuario —anunció—. Y... también ha declarado que la protegerá de ti, Eros.

Un silencio incómodo llenó la sala.

Eros golpeó una pared con tal fuerza que esta se agrietó. Afrodita palideció, aquellas actitudes de su hijo no eran propias de él.

—¡¿Protegerla de mí?! —rugió— ¡Fui yo quien la liberó de Anteros!

Himeros intentó calmarlo, pero Eros ya había perdido el control, y sin previo aviso se abalanzó contra el mensajero de los dioses.

—¡Tú también me traicionas! —gritó, tomando a Hermes del cuello.

—¡BASTA! —ordenó Afrodita, apartándolo con ayuda de Himeros—. ¡Estás actuando igual que Anteros!

—¡NUNCA VUELVAS A COMPARARME CON ESE MALDITO!

Afrodita retrocedió impactada por la furia en los ojos de su hijo, pero aún así no bajó la cabeza. No se dejaría intimidar.

—No la mereces, igual que Anteros, Athena hizo bien en desafiarte

Eros miró a si madre dolido por sus palabras.

—¡Yo no la encerré! ¡Solo quiero que sea libre!

—¿Libre? —dijo Himeros en voz baja—. ¿Incluso si no te elige a ti?

Eros los miró a todos con ira... y extendió sus alas.

—¡No importa! ¡Haré lo que sea para recuperarla! ¡Aunque todos se interpongan!

Y se marchó volando. Afrodita suspiró. Luego se giró hacia Himeros.

—Debes ir al Santuario. Cuidar de ella.

Afrodita nunca fue buena madre con ninguno de sus hijos, pero eso no significaba que no los quisiera, y se preocupaba por ellos. Le dolía ver como su familia se desmoronaba.

—Lo haré. Aunque tenga que enfrentar a mis propios hermanos.

Santuario de Athena- Recinto del Patriarca

Athena esperaba a Himeros. Cuando llegó, lo recibió con una leve sonrisa.

—Bienvenido. Hermes me dijo que vendrías.

—Quiero cuidar de Ainhoa. Soy su hermano.



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En el texto hay: saintseiya, mitologia dioses heroes, diosesgriegos

Editado: 16.02.2026

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