Guerra por amor

Capitulo 4

Santuario de la diosa Athena— Templo de Aries

La batalla entre la diosa Alicor y el caballero dorado Mu de Aries ya había comenzado, pero durante varios minutos sólo intercambiaron miradas. Ninguno de los dos se movía, como si ambos esperaran que el otro diera el primer paso. El aire se tensaba entre ellos, cargado de una calma que presagiaba un estallido. Mu, siempre sereno, parecía no tener apuro por atacar.

—Te daré el honor, Aries. Ataca tú primero —dijo Alicor, alzando la barbilla con una mezcla de orgullo y desafío.

Pero Mu simplemente negó con la cabeza, con esa calma inquebrantable que lo caracterizaba. No atacaba porque, pese a la guerra, seguía viéndola como una joven mujer, y no como una enemiga. Alicor lo notó. Y aunque parte de ella respetaba esa actitud, otra parte se encendió de indignación.

—¿No piensas atacarme porque soy mujer? —frunció el ceño—. Qué típico. Un caballero que se cree noble negándose a reconocer a una diosa como su igual. Pensé que tú eras distinto.

Mu abrió los ojos con leve sorpresa. Esa interpretación lo tomó desprevenido.

—No es por tu género, diosa Alicor —dijo con respeto—. Es por la tristeza que me causa verte aquí, peleando una guerra que ni siquiera es tuya.

Eso la tocó. Por un momento, el fuego que latía en su pecho titubeó. Alicor sabía que aquella guerra no era realmente suya. Era la guerra de Eros y Anteros. Eso lo tenia en claro, pero hace mucho no batallaba junto a sus hermanas y no quería quedarse atrás. Talvez era egoísta, pero no le importaba mucho lo que pensaran de ella.

—Tal vez esta guerra no me pertenece, pero acaso ¿Athena no se metió entre Eros y Anteros?

—Ella lo hizo para salvar a Ainhoa

—No por mucho, ¡Ainhoa es una diosa y cuando despierte te aseguro que no elegirá vivir con los humanos!— gritó canalizando parte de su cosmos en una esfera de energía qué arrojó contra el muro de Cristal de Mu— ¡Explosión infernal!

La técnica impactó, pero Mu ya había previsto su trayectoria y se había teletransportado a tiempo. Alicor apretó los dientes. Sabía que eso sólo había sido una advertencia de su parte. Pero la verdadera batalla aún no empezaba.

Detrás de ella, Fobos y Deimos observaban en silencio. Siempre atentos y listos para intervenir. Pero no lo hacían, solo vigilaban de cerca. Alicor sentía su presencia como un escudo invisible, y eso le daba seguridad... aunque no entendía del todo por qué.

Había veces —como esa— en las que tenía la sospecha de que sus hermanos no estaban ahí únicamente por órdenes de Ares. Había una tensión no dicha, un secreto que la rodeaba, miradas entre ellos, gestos que no entendía del todo. Como si la cuidaran... de algo más y supieran que su destino era más importante de lo que ella misma sabía. ¿Por qué no le decían nada? ¿Qué ocultaban?

Fobos cruzó los brazos con fastidio.

—Vamos, Alicor. Termina esto. No vale la pena tanto teatro con este mortal.

Pero la diosa no respondía. Seguía mirando a Mu. No por desprecio, sino por algo que comenzaba a confundirse con respeto. Había algo en ese caballero que la desconcertaba profundamente: su entrega absoluta. Su convicción de morir por Athena. Pero lo que mas le inquietaba era serenidad qué tenía aún en la cercanía de la muerte.

—¿Tan seguro estas de morir por una causa que quizás este perdida? —le preguntó finalmente Alicor, bajando por un instante su espada—. ¿Por qué peleas, Aries? ¿Por qué no nos dejas pasar y ahorras tu vida?

Mu alzó la vista, con la misma expresión firme y serena.

—Peleo por amor, por justicia y por esperanza. ¡Por todo eso que ustedes, los dioses, han olvidado!

Aquello fue una daga en el pecho para ella. Alicor retrocedió un paso, herida por dentro. ¿Así la veía? ¿Como una diosa más que había olvidado la compasión, el amor y la empatía?

—No me compares con ellos... —murmuró, con una furia que no era rabia, sino pena.

—¿No? —preguntó Mu con voz suave—. Entonces, dime, ¿por qué estás aquí?

Alicor apretó el mango de su espada. Miró hacia Fobos y Deimos, como buscando apoyo, pero ellos solo la observaban con expresión inescrutable. Por un instante, deseó estar sola, sin las expectativas de su padre y sin el peso de una guerra ajena sobre sus hombros.

—Estoy aquí porque... porque los humanos han olvidado respetar a la naturaleza. Porque destruyen sin pensar. Y si los dioses no hacemos algo, nadie lo hará —dijo, pero su voz ya no sonaba tan segura.

Mu asintió con tristeza.

—Tienes razón en parte. Pero incluso los humanos pueden cambiar. Athena cree en eso. Y yo también.

—¿Y si te equivocas, Aries? —preguntó ella, esta vez con una voz más baja, más humana ¿quizás?

—Entonces moriré defendiéndolos —respondió él, con una paz que solo quienes ya han aceptado la muerte pueden sentir.

Alicor tragó saliva. Su mirada se nubló. Lo respetaba. Lo admiraba, incluso. No quería matarlo pero estaba atrapada entre dos mundos. Uno donde se le exigía obediencia, y otro donde su alma pedía a gritos una elección diferente.

Sin decir más, alzó su espada. Mu también encendió su cosmos.
El impacto fue devastador.



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En el texto hay: saintseiya, mitologia dioses heroes, diosesgriegos

Editado: 02.09.2026

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