Haifisch: El tiburón de Aión

Preludio del leviatán

 

"Un tiburón puede comerte un pierna o comerte entero, eso depende del hambre que tenga."
-Ray Loriga.

Elías frotó la cubierta, sus ojos se iluminaban mientras acariciaba el artefacto que le prometía salvación y un futuro esperanzador. Entre sus dedos se encontraba una esfera metálica de apenas cuatro pulgadas de diámetro, de aparente ligereza y de un color semejante al del jade; toda su superficie estaba cubierta por singulares símbolos acomodados en hileras.

-¿Qué es?- preguntó una voz masculina detrás.

-Nuestra oportunidad de salir de la mierda- Elías sonrió mientras guardaba el artefacto en el interior de una bolsa colgada de su cinturón.

-Parece una pelota, una bastante extraña- dijo el mismo desconocido, era Abel, el miembro más joven en la escuadra.

-Hay que movernos rápido- dijo Elías poniéndose de pie y abriéndose paso entre sus compañeros, se detuvo en la entrada del almacén mientras echaba una mirada rápida a su reloj.

-Aún nos quedan veinte minutos, saldremos con tiempo de sobra- agregó Janice, su novia.

-No debemos confiarnos- Elías tomó aire antes de decidirse a abrir la puerta.

Todo el grupo salió detrás de él, entonces se abrieron paso por los estrechos y laberinticos pasillos de la base militar Beka. Aquel pequeño equipo constaba de cinco integrantes, aunque jóvenes, contaban con la suficiente experiencia para cumplir con la tarea.

 

Janice iba detrás de Elías, ella era apenas dos años menor que él pero aun así parecía ser la más madura. Después le seguían Abel de 17 años, Flora de 20 y por último Zack de 19. Ellos eran amigos y hermanos, hijos del mismo odio y dolor, forjados por la furia y ambición los Roknar; por eso los había seleccionado, sólo ellos serían tan crédulos para aventurarse en aquel lugar sin cuestionarse las razones.

 

La base Beka era una de las cinco que rodeaban la ciudad amurallada de Vitán, la capital de Sinek; la misión era de un inicio simple, debían hurtar un artefacto que las fuerzas militares tenían en su poder... un objeto guardado en las entrañas del complejo, algo llamado "El ojo de las Moiras".

La escuadra se escabullía entre los pasillos vacíos, eran silenciosos y rápidos, en ningún momento rompían su formación, la cautela y determinación que mantenían era extraordinaria.

Elías los encabezaba, cubierto de pies a cabeza por una armadura, y armado con una espada y un pequeño subfusil.

Janice era su fiel compañera, amiga y amante; usaba un modelo de exo armadura antiguo pero eficaz, de su espalda colgaba un sable y de su cintura una pistola enfundada.

Abel iba un poco más atrás, el más temeroso de todos; una coraza de acero lo protegía, también cargaba con una pequeña aljaba polvorienta llena con flechas artesanales y en sus manos sujetaba un arco rústico.

Flora era la más temeraria, su cuerpo era resguardado por un traje fabricado por ella misma, era la única que no portaba con ninguna especie de arma pues no parecía necesitarla.

Zack caminaba hasta el final, cubierto por una pechera de metal y unos pantalones blindados; cargaba con una espada oscura sin funda.

Yo los observaba desde la lejanía, fuera de Beka una tormenta de nieve asolaba la frontera norte entre Vitán y los páramos rojos; me ocultaba entre las dunas blancas cuidándome de los vigilantes. Esperaba pacientemente el regreso de los mercenarios.

 

Sólo existía una manera de salir clandestinamente de Beka, pues estaba fuertemente protegida por torretas y cañones preparados para fulminar a cualquier intruso. Por dentro no era distinto, una IA militar custodiaba todas las salas y sectores de extremo a extremo, al detectar cualquier anomalía activaría alarmas y delataría la ubicación de los intrusos. Provocar una brecha en la seguridad resultaba sencillo para mí, pude desactivar los protocolos básicos de la inteligencia para que esta aparentase seguir en operación, una vez los muchachos salieran volvería a dejar la IA tal y como estaba.

Los mercenarios habían logrado entrar por medio de unos túneles subterráneos construidos antes de la tercer guerra, por ello eran desconocidos para el gobierno de Sinek. Aquellos canales se conectaban con una grieta en el drenaje de Beka, había planeado todo al milímetro, nada podía llegar a salir mal, incluso si los descubrían... tenían tiempo suficiente para poder llegar a los túneles, una vez dentro se volverían inrastreables.

Pronto pudieron llegar a la zona oeste del complejo, en ese momento todo parecía ir bien, habían evadido todos los sitios con soldados sin llamar mínimamente la atención, quedaba apenas una tercera parte del camino por delante.

Suspiré intentando relajarme, apuntaba la mira del francotirador en dirección a las torres de vigilancia, fue entonces cuando un zumbido me hizo bajar el rifle y perder la visión sobre los mercenarios; recuerdo aquel dolor tan insoportable en mi cabeza, mi boca se había llenado de sangre y mi corazón parecía querer estallar. Tardé varios segundos en recuperar la movilidad y control sobre la visión, tosí manchando la nieve de rojo... Levanté la mirada hacia las torres, sus faros giraban en todas direcciones, dentro y fuera de la base.




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