Hasta la eternidad

Primer acto

Esa perra me ha jodido el año. El día que decidió poner cámaras en mi dormitorio y grabarme con Tyler, cavó su propia tumba. Imágenes de mi cuerpo desnudo sobre el de mi novio atravesaron todo el campus, desde los alumnos más selectos, hasta las limpiadoras y los de mantenimiento, pasando irremediablemente por el consejero del director general. Nuestra sesión de sexo se reproducía una y otra vez en las pantallas de sus teléfonos móviles. Mis gemidos. Nuestra intimidad completamente expuesta a todos.

—No puede hacerme esto, la universidad es mi vida. No puede expulsarme.

—Lo lamento, pero esto no es un patio de colegio, señorita White.

—Lo que le pasa es que es un cobarde de mierda que no se atreve a dar la cara ante el consejo por una de sus alumnas.

—Salga ahora mismo de mi despacho —ordena arrastrando la silla para levantarse—. Tiene dos horas para recoger todas sus pertenencias de la residencia.

—Por favor, haré lo que sea. Castígueme o mándeme un trabajo, lo que sea. Pero no me expulse, se lo suplico. —Las lágrimas resbalan por mis mejillas, pero su semblante no se relaja.

—Fuera.




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