Hasta la eternidad

Decimocuarto acto

—¡Acelera! —grito cuando cuatro policías nos apuntan con sus armas.

—¡No se muevan y salgan del coche con las manos en alto! —ordena uno de ellos.

Tyler gira la cabeza hacia mí y vuelve a mirar a los agentes, librando una guerra interna y sin saber qué hacer.

—No mires atrás —le digo entonces.

Su pie pisa el acelerador al mismo tiempo que uno de los policías se coloca frente a nosotros, provocando que ruede por encima del coche y caiga sobre asfalto cuando mi novio no se detiene.

—Me cago en la puta —gruñe incorporándose a la carretera.

Él mira por el retrovisor a la vez que yo giro todo mi cuerpo para observar cómo los dos coches se colocan tras nosotros. Zigzagueamos entre los que tenemos delante, tratando de dejarles atrás pero no morir en el intento.

—¡Cuidado! —exclamo cuando una moto pasa rozándonos.

Da un volantazo tan grande que nos salimos de la carretera. Varios vehículos chocan tras nosotros, provocando que la policía quede atrapada entre uno de ellos y un camión. Tyler conduce todo lo rápido que el campo de maíz le permite, dejando atrás el sonido de las sirenas.




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