Hasta la eternidad

Decimoctavo acto

Medio cuerpo de policía nos pisa los talones, es el fin.

—¿¡De dónde salen!? —gruñe él adelantando varios coches más y tomando una salida hacia la derecha.

Reprimo las lágrimas porque no nos ayudarían en nada ahora mismo, tan solo conseguiría preocuparle.

—Devon, mírame —ordena—. Mírame. —Gira mi cabeza con sus dedos en mi mejilla y se olvida por un segundo de la carretera—. Eres lo mejor que me ha pasado en la vida.

—¿Por qué dices eso? No te despidas, ¿¡qué estás diciendo!?

—Solo quiero que lo sepas.




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