Volví a bostezar una vez más mientras el taxi esperaba que le permitieran la entrada, el oficial de la puerta se encontraba revisando la credencial que venía en el sobre que me enviaron la última vez. Estaba emocionada de ya estar aquí, había partido de casa hace más de diez horas y ya estaba más que cansada, aun así, la sonrisa en mi rostro era imborrable.
Cuando comenzó a moverse tome mi celular para arreglarme un poco, fue buena idea no ponerme nada de maquillaje sabiendo que lloraría en el aeropuerto, no me quiero ni imaginar cómo hubiera terminado mi rostro al final. Puse algunos de mis mechones cobrizos en su lugar, mis ojos ya no estaban tan rojos como hace unas horas, ahora solo lucían algo agotados. Debia admitir que el azul de mis pupilas era una de mis cosas favoritas, me encantaba esa parte de mí, la cual según mi madre había heredado de mi padre.
Suspire al ver el desfile de caras perfectas y cuerpos hermosos que se formaba una vez que el taxi se paró frente a la puerta principal del edificio central, me estaba replanteando mi aspecto desalineado en estos momentos.
Te dije que debíamos habernos arreglado.
Lo sabía, pero decidí ser feliz; así que un pans gris, con mi top negro y una chamarra de mezclilla representaban esa felicidad y comodidad que tanto anhelaba, después de todo, viajar de continente a continente no era nada sencillo. Además, mi cabello termino hecho un asco después de despertar de una larga siesta en el avión, así que simplemente me hice un nudo y dejé que mi rebelde cabello cayera en pequeños mechones.
—Hemos llegado señorita —exclamo el amable chofer mientras se bajaba del auto para sacar mis maletas de la cajuela.
Deje el periódico que había estado leyendo en el camino, chisme de la monarquía era lo que resaltaba en la primera plana. Al parecer encontraron a un duque saliendo de una discoteca muy alcoholizado y ahora era noticia nacional, lo difícil que debía ser pertenecer a la realeza y ser alguien tan importante fue el último pensamiento que rondo mi mente antes de regresar a mi realidad.
Tome aire antes de salir, estaba frente a uno de mis sueños más grandes desde pequeña y no podía sentirme más nerviosa de estar ya frente a el, en un país extraño y sin conocer a nadie. Tendría que poner al límite mis habilidades sociales para conseguir al menos un amigo en este lugar, no quería ser prejuiciosa, jamás había sido algo que me encantara, pero la belleza y excentricidad que destilaba cada uno de los chicos que lograba ver me hacía cuestionar muchas cosas.
—Muchas gracias por traerme —agradecí una vez tuve mis maletas en las manos, él solo me dedico una sonrisa mientras le pagaba.
—No hay de que, y mucha suerte aquí. Te dejo mi tarjeta por si algún día necesitas un transporte seguro por estos lugares —me dedico una última sonrisa, dándome una tarjeta con sus datos antes de subirse a su auto.
—Que le vaya bien, y gracias, créame que lo tomare en cuenta —me despedí, antes de que este arrancara para emprender el camino de regreso—. Pues creo que es hora, vamos Heather —me repetí a mí misma antes de comenzar a caminar hacia la recepción.
Me sentía pequeña ante los enormes edificios que se alzaban frente a mí, y que se extendían sobre la superficie hasta que eran imperceptibles a la vista. Estas maletas pesaban más de lo esperado, tenía una idea muy distorsionada de lo que se consideraba lo necesario y una maleta se transformó en cuatro, a pesar de que iba a comprar gran parte de mi armario aquí.
Solté una bocanada de aire cuando me encontré lo que parecía ser la recepción principal, una mujer joven se encontraba algo apresurada atendiendo a los recién llegados, los cuales por cierto tenían quien les cargara el equipaje.
Eso nos pasa por pobres
Pues mentiría si dijera que no, así que no me quedo de otra más que volver a odiarme un poco más por a ver traído tantas maletas.
La atmosfera que se podía percibir aquí era tan magnética, que no pude evitar sentirme embelesada ante todo lo que veía. No me sentía tan fuera de lugar por alguna extraña razón, pero tampoco era lo suficientemente acogedor como para sentirme cómoda por completo. Mis mayores temores desde que tengo memoria se hicieron presentes desde que fui aceptada, pase noches sin poder dormir al pensar si podría conseguir nuevos amigos aquí, preguntándome si sería lo suficientemente buena como para mantenerme en esta universidad; poco a poco había ido trabajado en ello, pero a veces simplemente me era difícil no tratar de auto sabotearme a mí misma.
Mi yo de hace algunos años hubiera dudado más en aceptar esta oportunidad, el terror de alejarse de su familia y sus amigos la habría invadido y limitado. Sin embargo, mi corta vida me había enseñado a seguir mis objetivos hasta alcanzarlos, y ahora aquí estaba, sin poder creer que aun siendo un adulto pequeño ya me encontraba en otro continente totalmente sola.
—Buenos días, ¿Cuál es su nombre? —una voz femenina me devolvió a la realidad, sin darme cuenta había estado avanzado en la fila y ya me encontraba frente a la recepción.
—Ah sí, disculpe. Buenos días —pude contestar un poco confundida aun—. ¿Mi nombre?
—Sí, su nombre —contesto de una manera casi robotizada, sin darle demasiada importancia.
—Heather Hallizon Gray
Ella pareció teclear mi nombre en su computadora, se notaba realmente fastidiada ya, así que decidí permanecer en silencio a pesar de que tenía demasiadas dudas sobre cómo moverme por aquí.
—Bien —menciono, al mismo tiempo que imprimía unos papeles y sacaba unas llaves de un cajón que se encontraba junto a ella—. Señorita Gray sea bienvenida a nuestra institución, mi nombre es Helena. Aquí está su horario, un mapa de las instalaciones y las llaves de su habitación. Déjeme decirle que tiene suerte pues su habitación será desocupada en algunos días por su compañera de departamento.
—Ah, pues… muchas gracias —trate de sonar lo más cortés posible, ya que ella estaba siendo de lo más amable—. Tenga lindo día.
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Editado: 01.01.2026