Como desearía haber estado acostada plácidamente en mi linda cama, pero no, yo y mi enorme bocota nos metimos en otro lio; esta vez era Ashton quien me había embaucado en sus problemas de relación disfuncional. A este paso terminaría en prisión o en un psiquiátrico, lo que me quedara más cerca.
Me encontraba detrás de unos arbustos observando a ese par, el castaño me había hecho caso y acepto hablar con Harry para poder cerrar ese capítulo en su vida, sin embargo, el problema vino cuando me pidió que lo acompañara para cuidar que ningún paparazzi o alguien los viera. No entendía bien el porqué, pero no pude negarme, después de todo era mi amigo. Aunque si debía aprender a decir que no, pues eso me libraría de situaciones tan incomodas como en las que solia meterme.
Hasta ese momento no había visto nada extraño, solo a ellos dos sentados y a las personas pasando normalmente por ahí. Deseaba escuchar de qué están hablando, pero sabía que lo más probable es que me enterara más tarde por boca del mismo Ashton. Mi teléfono vibro haciendo que casi cayera en medio de todos los arbustos, al ver quien era note el número de Eliot en mi pantalla. No los había visto desde la fiesta, pues habían tenido todos compromisos el fin de semana, pero no dejaron de disculparse desde ese día. En especial el rubio, quien estaba muy avergonzado de que lo hubiera visto en su peor momento.
No le conteste, preferí llamarle más tarde, pues ahora estaba con otras cosas más importantes de que ocuparme. Veía cómo se cambiaban de lugar como cada quince minutos y los seguía sigilosamente, tenía un ligero conflicto con su vestuario de camuflaje, en realidad llamaba más la atención ver a dos chicos con sudaderas y lentes negros a pleno día, que otra cosa. Aun así, no dije nada, me limite a apoyarlo en esta locura y no opinar mucho.
Se sentaron en otra banca un poco más alejada a la vista en general, no había arbustos cerca, así que procedí a sentarme en una banca cercana con un periódico tapandome. Realmente no entendía como teniendo tanto dinero no rentaban algún lugar o que se yo, si querían privacidad era la mejor opción. Negué al pensarlo, a veces a las personas les faltaba visión, pero les encantaba complicarse la vida. Lo fácil que hubiera sido, no tendría que estar aquí fingiendo demencia mientras los cuidaba. Entonces llegó el momento que más temía que sucediera, vi cómo se besaban y supe que mi amigo había vuelto a caer. Suspire rendida, respetaría sus decisiones, pero me molestaba ver como parecía no darse cuenta de lo mal que estaba todo entre ellos.
Pero era mi culpa por mandarlo a hablar, pues se supondría que eso harían, tragarse en el parque no era parte del plan.
Veo como se esconde a la distancia una persona con una cámara, pero estaba demasiado lejos y su lente no era el adecuado para esa distancia, así que supe que debía acercarse. Decidí aprovechar ese lapso de tiempo para marcarle a su celular, esa era la señal. Me levante y comencé a caminar hacia el periodista, tenía que pensar en algo para distraerlo y que no los alcanzara a fotografiar. Así que hice lo que mejor se hacer y cuando estábamos por cruzarnos me lance sobre él fingiendo una caída, agarre su cámara para protegerla en cuanto la vi volar por los aires, pues no llevaba correa y se cuánto cuestan esas cosas, así que por nada la dejaría caer.
—Lo siento mucho, señor —me disculpe mientras me levantaba lentamente, dándoles más tiempo de huir—. No era mi intención.
—¡Fíjate por donde vas, niña tonta! —me reclamó algo exasperado.
—Tampoco fue culpa mía, usted venía distraído también —me hice la indignada, aunque sabía muy bien que yo había tenido toda la intención—. Tome su cámara.
Hasta ese momento se dio cuenta que ya no la tenía en sus manos y pareció aliviado.
—Solo fíjate por donde caminas —musitó.
Lo vi marcharse a toda velocidad, pero para ese punto ya ni yo podría encontrarlos. Al fin abrí mi puño y pude admirar la memoria de la cámara ahí, no era tan tonta como parecía, había aprovechado toda la confusión para sacársela. Siendo una digital era fácil hacerlo, porque un cartucho no era tan fácil de conseguir.
Sin más comencé a caminar tratando de ignorar que mi pie me dolía levemente, iba sin rumbo y sin saber qué hacer, me había quedado totalmente sola una vez más, al menos no los habían fotografiado y de alguna manera mi propósito había sido cumplido. Me empezaba a preguntar, ¿qué tan influyente era en verdad esa familia? Para que los acose así la prensa y los policías les tengan tanto respeto, no es como que a cualquier persona con dinero le obedecieran de tal forma.
Conocía mucho menos de lo que esperaba de mis nuevos amigos y eso de alguna u otra forma me preocupaba, no sabía a qué clase de cosas atenerme al estar con ellos. Desde lugares clandestinos donde hacen redadas policiales, hasta salidas simples en las que son seguidos por periodistas, sin duda era un mundo al que no estaba acostumbrada y me asustaba saber que apenas me estaba introduciendo en el. Decidí que era buena idea sentarme un rato, el dolor seguía presente y aunque no era tan fuerte como para preocuparme, si era algo fastidioso.
—Tal parece que de tanto ver nuestros entrenamientos, ahora también tacleas personas en la calle.
Si no hubiera estado sentada seguro me habría ido de culo al escuchar la voz de Dorian hablándome nuevamente, me gire hacia su dirección y lo veo ahí, con unos shorts negros que dejan ver los tatuajes en sus formadas piernas y una enorme sudadera gris. Trae unos lentes negros y su gorra, pero su rebelde cabellera negra sobresalía de esta sin más. Ese estilo más juvenil y fresco le quedaba más que la formalidad que solía caracterizarlo, lo hacía lucir más guapo sin duda.
—¿Qué haces aquí? —pregunte atónita.
—Lo mismo que tu supongo.
¿Venia por Harry?
—No me pareces la clase de persona que hacia esta clase de cosas —me sincere.
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Editado: 20.01.2026