Algo dentro de mí me decía que ese día estaría del asco, lo confirme cuando desperté al golpearme contra la alfombra que recubría el piso de mi habitación, añadiéndole que casi aplasto a Ares y pude estar casi segura de que extrañaba su vida en las calles, al tenerme a mí como dueña. Las semanas pasaban y cada vez había más mejoría en él, ya estaba engordando y sus heridas se encontraban siendo curadas, aun así, seguía igual de cariñoso y tierno, aunque la cicatriz que atravesaba su ojo izquierdo le deba otro aspecto totalmente diferente.
Incluso se podría decir que yo también estaba mejorando, pues cada vez estaba más acostumbrada a este nuevo inicio, a los chicos y a mi estadía en Aldor. Sin duda descargar lo que sentía me había ayudado demasiado. Además, los entrenamientos de las porristas iban de maravilla, siendo que en unos días seria mi debut junto a el equipo secundario. Las clases igual marchaban como viento en popa, pues los profesores las daban con tanta pasión que era imposible no emocionarse con ellas.
Una vez más me dirigía a la biblioteca para investigar algunas cosas sobre mi ensayo, llevaba días yendo, sumergiéndome así entre libros y enciclopedias, sin embargo, aún me faltaba mucho por hacer y el tiempo se me venía encima. Además, aun debía buscar un modelo para mi sesión, pues miss Minerva ya no permitía que nuestros compañeros de clases lo fueran, salvando así a Ashton de su cruel destino.
Empuje la puerta de la biblioteca que claramente decía jale, reprochándome a mí misma internamente por eso, pero estaba demasiado apurada como para darle mayor importancia. Pasé mi credencial por las máquinas de entrada y no pude evitar darme cuenta de la mirada de culo que tenía la encargada, había logrado notar que era así con todos; la llamaban de mil maneras distintas, ninguna linda claro, pero ¿qué se podía hacer? Ella no cooperaba para nada.
Busque la mesa que había estado ocupando esos días, se encontraba en el tercer piso oculta entre varios estantes, así que era realmente perfecta, puesto que no había más que unas cuantas mesas algo cercanas. Descargue mis cosas y me coloque los audífonos, mientras me proponía a buscar libros que me sirvieran. El lugar era inmenso, cientos y miles de libros se podrían encontrar entre sus estanterías, por eso era mucho más difícil y tardada la tarea de encontrarlos.
Una eternidad fue lo que me tardé subiendo y bajando escaleras, recorriendo estanterías, y, tal vez fue por eso que suspiré aliviada al ya tener todos los libros que necesitaba entre mis manos. Cuando me acerqué a mi mesa observé en una de las sillas una mochila que se me hacía demasiado familiar, pero no la pude reconocer al instante, sin embargo, cuando caí en cuenta sobre quien era su dueño ya era demasiado tarde.
—Así que tú eres la que ha estado mancillando mi mesa, debí suponerlo —su voz sonaba neutral, no note ni una pizca de enojo en ella—. ¿Quién si no?
—No veo tu nombre en ella —comente, enfrentándome a esos orbes grises—. Dorian.
Lo vi pasar a mi lado para tomar asiento y yo lo seguí, probablemente no era la mejor idea, pero no pensaba irme. Después de ese día nuestras interacciones habían pasado por un sube y baja interminable, así que tenía dos teorías sobre él; la primera era que sufría bipolaridad y la segunda, que por cierto era la más viable, es que tal vez tenía un hermano gemelo y cambiaban de lugar de vez en cuando.
—Todo el mundo sabe que esta mesa está aquí porque yo así lo quise, de hecho, se podría decir que esta es mi sección privada, todos los libros que ves a tu alrededor los escogí yo —me explicó como si fuera lo más normal del mundo—. ¿Por qué esa cara?
¿Qué cara? ¡Ay no, yo y mi expresividad!, odiaba que mi rostro me delatara en ocasiones sin poder hacer nada al respecto.
—No nada, solo que no pensé encontrarte por aquí y menos que tuvieras toda un área exclusiva para ti.
Vi como dejo su postura desinteresada y coloco sus brazos sobre la mesa, acortando la distancia que había entre nosotros.
—¿Crees acaso que soy un inculto que no sabe lo que es un libro? —me cuestionó.
A pesar de que su presencia me hacía sentir un poco intimidada, no dude en darle la respuesta que ya tenía pensada, aunque tal vez no era la que él esperaba.
—De hecho... no, pues cada que hablas es porque sabes muy bien lo que vas a decir —vi la sorpresa hacerse presente en su mirada unos segundos, pero fue rápidamente descartada—. No titubeas, sabes lo que dices y porque, se ve que eres estudiado, que sabes de temas que la mayoría desconoce. Así que no, no me sorprende que estés aquí por eso, sino que simplemente creí que preferías hacerlo en la comodidad de tu casa —vi que intento responder, pero me adelante—. Porque estoy casi segura que tienes una, apuesto que además de ella también tienes una estantería en tu cuarto con tus libros favoritos, los cuales seguramente lees una y otra vez, pero que jamás aceptaras pues va en contra de la imagen que le muestras a todo el mundo.
Lo vi divagar un rato en sí mismo, realmente no se esperaba mi respuesta, pero es lo que había podido intuir al observar como interactuaba con los demás. Era un chico muy inteligente a pesar de todo, se notaba en su manera de expresarse, pero nadie prestaba atención en ello por deslumbrarse con la capa resplandeciente que él mismo puso a su alrededor para repeler a los demás. Todos se cegaban por el brillo amenazador que desprendía, pero no iban más allá.
—¿Me espías acaso?
No pude evitar reír al escucharlo preguntar eso, al parecer en ese momento venia el gemelo no tan Dorian.
—Ni en tus mejores sueños, en realidad se le llama observación —añadí.
Volvió a tomar la postura de antes, lo cual no sabía si era bueno o malo.
—Tiene sentido que estudies comunicación entonces —me comentó.
—Al parecer si, seré una gran reportera ¿no crees?
—Tal vez.
Esa era su manera de decir si, era raro, pero me logre dar cuenta que nunca decía como tal sí, siempre era un tal vez o un probablemente. Lo que sabía muy bien como soltar eran los rotundos no, pues tal parecía era su palabra favorita.
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Editado: 20.01.2026