Cada que escucha Heartless de The Weekend me acordaba de Dorian, pues definitivamente era su canción y estaba casi segura que él lo sabía, puesto que era la segunda vez que la escuchaba en su jeep. El camino se había llenado de un silencio incomodo, acompañado de una tensión que parecía poder explotar con la más mínima provocación. A pesar de nuestros altos y bajos debía reconocerle que era un hombre que cumplía su palabra a pesar de todo, aun así, odiaba el hecho de no poder terminar de odiarlo por completo. Ósea, si me caía muy mal, pero no tanto como para despreciarlo.
Baje la ventana para dejar que entrara el viento y este comenzó a jugar con mi cabello, lanzándolo por todos lados. Tenía una extraña fijación por hacer eso desde que tenía memoria, pues al menos para mí era demasiado satisfactorio, aunque casi siempre terminaba con el pelo enredado.
—¿Tienes complejo de cachorro acaso?
Ahí estaba Dorian, tan lindo como siempre.
Metí mi cabeza nuevamente y cerré un poco el vidrio, ya que había roto el hielo no lo dejaría congelarse nuevamente. Mas por comodidad que por realmente querer convivir con él.
—Veo que realmente te pones creativo con los cumplidos —bromeé, a lo que él solo se rio ligeramente—. Aunque mi favorito sigue siendo el de "pareces una maceta". Igual recuerdo cuando me dijiste caza fortunas, fue un gran momento.
Por primera vez pude observar a Dorian avergonzado por algo, aunque fue momentáneo e incluso pudo haber sido imperceptible para alguien no tan chismoso como yo lo era.
—El mío siempre será el de "¿acaso eres una cucaracha?"
No pude evitar reírme al recordar ese momento y me sorprendí al ver que él también lo estaba haciendo. Al parecer ese día me acompañaría el gemelo buena onda, y no protestaría con ello, si el cooperaba yo también lo haría.
—Me pregunto si en tu cabeza abra insultos... digo, cumplidos mejores —seguí con el juego—. O ¿acaso cucaracha y maceta son lo mejor en tu repertorio?
—Insinúas que no soy bueno haciendo cumplidos —se quejó.
—Creí que eras muy inteligente como para suponerlo —lo reté.
—Pues a mí me parecen fantásticos —se defendió, divirtiéndome el hecho de ver que tenía la decencia de hacerlo.
—Sí, seguramente el señor Darcy te hubiera copeado uno que otro para su propuesta —inquirí sarcástica haciéndolo reír al instante, me sorprendió el hecho de que comprendiera la referencia—. Almas gemelas ustedes dos.
—Entonces tu serias la Elizabeth que no caería ante tal poesía romántica —me quede meditando lo que dijo, jamás había analizado que es lo que hubiera hecho de estar en el lugar de Elizabeth.
—Pues si alguien me dice que no le importa mi cuna inferior y mi pobreza podría pensármelo —bromeé nuevamente y este solo negó divertido.
Sorpresivamente así nos fuimos durante todo el camino restante, que no fue demasiado, pues unos veinte minutos más tarde logre localizar el enorme castillo de piedra que se alzaba unas colinas más adelante. El paisaje era totalmente hermoso, y estaba tan alejado de la civilización que realmente podría transportarme a la edad media.
Lo bueno es que ya no existe la quema de brujas.
Ese era un pensamiento recurrente, pues creía que de haber nacido en esa época tal vez hubiera sido quemada, no sé, con mi suerte capaz la vecina me acusaba por caerle mal y terminaban encontrándome culpable por alguna razón.
—Hemos llegado, cucaracha —lo mire ofendida ante tal apodo, aunque en el fondo me daba algo de gracia—. No me mires así, lo di todo.
—¿Ahora me dirás así? —inquirí fingiendo estar indignada.
—¿Prefieres que te diga maceta? —no podía creer lo cabeza dura que era, pero al menos íbamos avanzando—. Bueno no importa, al final el que decide soy yo.
Aunque debía admitir que comenzaba a sentirme igual de doble personalidad que él, un día nos estábamos casi matando e insultando, y al otro estábamos bromeando y poniéndonos apodos. Estar cerca suyo me estaba afectando sin duda, a ese paso no estaba segura si terminaría internada en un psiquiátrico o debajo de un puente.
—Hada de las flores suena mejor —sugerí, recordando aquella conversación que tuvimos.
—¿De dónde salió ese? Es horrible.
Lo mire indignada, pues no sabía cómo pudo haberse atrevido.
—Discúlpate por ello, me lo dijo una niña de al menos seis años ese mismo día.
—¿Estas insinuando que una niña de seis años hace mejores cumplidos? —solo asentí como respuesta, él pareció indignarse y se bajó de la camioneta—. Bien, pues cucaracha será, estas en todos lados.
—Bien, entonces el tuyo será ogro —se detuvo a mirarme antes de cerrar la puerta, ocasionando que me pusiera nerviosa de repente—. No importa tu opinión, al final yo soy la que decido.
—Me parece, recuerdo bien la primera vez que me llamaste así —sonrió maliciosamente, al mismo tiempo que cerraba la puerta y se despedía por la ventana.
—¡IDIOTA! —grite en cuanto me percate que me había dejado encerrada.
Lo vi voltear y encogerse de hombros, yo solo le respondí sacando el dedo medio.
Debía admitir que se veía muy guapo con la ropa informal que traía puesta, además de que su cabello estaba desordenado y no perfectamente acomodado como la mayoría de veces. Aleje esos pensamientos de inmediato, no podía pensar así de él, era Dorian, con quien tenía una clase de odio – odio, acompañado de un a veces te soporto.
Ese jeep sin duda era mucha tecnología para mí, pero eso no fue impedimento para que diez minutos más tarde ya me encontrara admirando el hermoso paisaje y los majestuosos jardines que adornaban la entrada, así como también los alrededores del castillo. Incluso pude visualizar algunas fuentes de agua algo rusticas, pero iban acorde a la estética de todo el lugar.
Pude observar de reojo como Dorian me estaba mirando mientras yo admiraba todo, él no parecía para nada impresionado ante tal belleza, aunque lo comprendía, al final de cuentas ese lugar le partencia, junto con todo lo que había a sus periferias.
#3038 en Novela romántica
#1020 en Chick lit
#840 en Novela contemporánea
romance, universidad elitista, chico misterioso popular y porrista
Editado: 20.01.2026