No podía concentrarme en lo que estaba sucediendo en el partido. Los últimos días me había encontrado algo perdida en mis pensamientos y eso me impedía poder estar totalmente atenta a mi alrededor. Lo de Dorian claramente había sido un detonante, pero últimamente me había sentido mucho más vigilada y en ocasiones incluso en peligro, lo que hacía que no pudiera estar del todo tranquila.
Esa tarde, una vez regrese a la mansión, me entere que él se había marchado sin decir nada. Me dolió el hecho de que no me sorprendiera. Espera tan poco de su persona, que me asustaba. Al final le había terminado contando todo a Ashton, y ahora él había sido el que me había estado apoyando. Realmente no sabía que haría sin ese irreverente personaje en mi vida.
Habíamos estado platicando al respecto y aunque quiso excusar un poco las razones de Dorian, me dejo en claro que siempre estaría de mi lado y buscaría lo mejor para mí. Incluso compartió mi idea de que lo mejor era mantener la distancia. Sin embargo, me convenció del hecho de que debía regresarle aquella chamarra a la cual me había aferrado y me negué a regresar en su momento. Además de aquel collar que me había regalado aquella ocasión en la sala del trono, pero lo había olvidado. Me sería imposible volverlo a enfrentar, por lo cual tendría que quedármelo.
Pensaba hacerlo después de ese partido, el cual sería el último amistoso antes de que llegaron los chicos de Hillstone. Era la oportunidad perfecta para cerrar ese capítulo con él. Realmente quería comprender sus razones, pero me negaba a seguir torturándome por su causa, así que simplemente lo sacaría de mi vida de la misma forma en que él pensaba hacerlo conmigo.
Veía a todos los asistentes tan energéticos como siempre; incluso a Alya y a Ashton quienes se encontraban a mi lado, pero aquella vez ni siquiera ellos lograban contagiarme esa emoción. Me sentía muy desanimada como para poder disfrutarlo, solo pudo llamar mi atención un grito estremecedor que parecía venir del campo. En cuanto vi lo que estaba pasando no pude evitar levantarme de mi asiento para acercarme al campo, pues una de las chicas del equipo principal había caído en un salto y se encontraba tirada en el suelo.
Vi como empezaron a llegar para auxiliarla, se veía que le dolía demasiado pues gritaba del dolor. En ese momento regreso a mi mente la imagen de mi misma en esa situación hace algunos años. Según mi experiencia había sufrido una fuerte fractura en su pie y tal vez un esguince, lo que la dejaría sin poder bailar al menos unos meses.
—¿Es grave? —me pregunto Alya con un deje de preocupación, una vez llego hasta donde me encontraba.
—Algo —confesé—. Al aterrizar a esa velocidad sufrió la fractura, eso quiere decir que hubo mayor daño. A mí me dejo sin poder moverme bien al menos unos tres meses.
Los vi hacer gestos como si ellos fueran los que se hubieran lastimado. Aunque los entendí. Realmente era muy duro verla llorando y quejándose en el suelo mientras la revisaban.
—Eso suena horrible.
Le di la razón a Ash, realmente era un dolor que no le deseaba ni a mi peor enemigo.
—Más para alguien que ama bailar, dejar de hacerlo es lo peor que le puede suceder.
No sabía qué sería de mi si en algún momento debiera dejar de hacerlo de nuevo, recordaba haberme sentido tan impotente y triste en aquellos tiempos que sacudí mi cabeza para alejar aquellos recuerdos. No necesitaba ponerme más deprimida, si lo que quería era alejar aquella nube gris que parecía estar sobre mí y no querer alejarse.
Cometí el error de desviar mi mirada un momento de la situación y pude sentir a mi corazón acelerarse, cuando me encontré con aquella mirada gris que tanto odiaba y encantaba al mismo tiempo. Sostuve su mirada unos segundos, pero la aparte en cuanto recordé todo. Debía ser fuerte y cumplir con mi palabra, pues en un inicio, justo después de conocerlo, había pasado tanto tiempo ignorando su existencia que ahora tendría que ser igual de fácil.
............................. ***** ...........................
Sabía que había llegado el momento de enfrentarlo por última vez, pues nos encontrábamos con los chicos del equipo y él era el único que aún no salía de los vestidores. Como ya era costumbre entre nosotros los habíamos ido a felicitar por su victoria. Realmente eran muy buenos y llevaban una racha de triunfos envidiable para cualquier otra universidad.
Me encontraba contenta platicando con algunos de ellos, que desde que Jordan me había presentado no habían dejado de hablarme. Eran buenos chicos, aunque algo idiotas y coquetos. Sin embargo, la mirada de mi amigo castaño a la distancia me indico que era el momento, pues al parecer ya se había dado cuenta que me estaba haciendo la tonta para postergar el asunto de la chamarra.
—Ahorita vengo chicos, olvide algo en mi casillero en el entrenamiento pasado y lo necesito para una tarea —mentí, pero no podía decir exactamente a que iba.
—Claro, ¿quieres que te acompañe? —me preguntó Tonks, con un tono coqueto y moviendo las cejas de manera extraña—. No te nos vayas a perder allá adentro, señorita.
—Estoy bien sola, puedo cuidarme —me acerque a él peligrosamente—. Además, tengo esto.
Le mostré mi bolso que claramente no traía el ladrillo, pero eso era algo que él no sabía. Pareció entender la referencia pues se alejó alzando las manos rindiéndose. Al parecer todo el equipo estaba enterado de mis trucos, puesto que los chicos ya les habían contado mis aventuras.
—Estuvo buena esa, ¡chócala! —ese fue Nick, el más sensato y maduro de todos. Extendió su mano hacia mí para que estrechara la mía—. Tu si sabes ¿quieres que le digamos a los chicos?
—No, voy rápido —pedí, y estos asintieron.
—Estaremos esperando por ti, señorita —me advirtió Kevin una vez me adentre al túnel.
—Espero que no.
Conteste siguiéndole el juego. Este me respondió algo más, pero ya no logre escucharlo. El lugar ya se encontraba totalmente vacío, así que primero me apresure a ir por la chamarra a mi casillero antes de que algo más pasara. Una vez cumplido mi cometido y con cautela por si aún había alguien más por ahí, me acerque a el área de hombres, rogando que nadie me viera. Me pegue lo suficiente a la puerta para escuchar si en efecto no había nadie más ahí dentro.
#3038 en Novela romántica
#1020 en Chick lit
#840 en Novela contemporánea
romance, universidad elitista, chico misterioso popular y porrista
Editado: 20.01.2026