Aun podía sentir la adrenalina recién liberada recorriendo cada parte de mi ser. Acabábamos de presentar nuestra última coreografía del medio tiempo y la lluvia de aplausos aún retumbaba en el lugar. Nunca había visto tan lleno el estadio, como lo estaba ese día. Las aficiones de Hillstone y Aldor se encontraban desbordando euforia en cada rincón del lugar. El gran día había llegado y hasta el momento ambos equipos se encontraban pisándose los talones, causando que el ambiente se sintiera pesado ante la gran tensión que había entre ambos bandos.
Nadie podía pronosticar un claro ganador, pero la mayoría decía que lo más probable es que quedaran en empates y hubiera otro partido que definiría todo.
Me acerque junto con las demás a la entrada de nuestro túnel, la mayoría íbamos agotadas y sedientas. Nos cruzamos con el equipo principal en nuestro trayecto, pues a ellas les tocaba cerrar el show. Desde el día que fui lanzada a la pelea, Phoebe y sus amigas me miraban avergonzadas, aunque una vez estuve más tranquila comprendí que ellas estaban igual de desesperadas y solo actuaron por impulso.
Desde aquel día mi convivencia con los chicos de Hillstone no había hecho otra cosa más que mejorar, mientras tanto, mis amigos del equipo de Aldor parecían comenzar a aceptar que era una buena intermediaria. También le había reclamado a Eliot por dejarme sola en la fiesta por estar de borracho, aunque al final no todo había terminado tan mal, pues pasamos por una clase de pelea -reconciliación con Eduard. Lo único malo fue que tuve que quedarme en casa del rubio, pues no quise que Dorian me llevara a mi edificio a pesar de que me lo ofreció múltiples veces.
—Nos salió increíble ¿a qué sí? —esa fue Keyla, quien llego detrás mío recargándose en mis hombros—. Me encuentro agotada.
—Yo también lo creo. Todo salió perfecto, pero estoy muerta —confesé una vez estuvimos dentro del túnel. Pude distinguir a algunos de los chicos descansando por el pasillo, pero ninguno que realmente me interesara saludar—. ¿Cómo crees que termine todo?
—No lo sé, pero no creo que termine bien —se añadió a nuestra conversación Jessy.
—Pero bueno, si terminan peleándose ya sabemos a quién recurrir —vi a Key moviendo sus cejas sugerentemente.
—Ni se les ocurra, que ahora si los dejo que se maten.
Supe que la indirecta iba para mí, pues no se había hablado de otra cosa en los entrenamientos. Además, ellas también comenzaban a darse cuenta de que estaba esquivando a Dorian.
—Con lo que gritaste capaz y no les quedaron ganas de pelearse nuevamente —me conmovía lo buena que podía ser Jessy, parecía que aun creía en la bondad del ser humano—. Ojalá un día estemos en paz.
—Eso esperemos, aunque lo dudo —trate de ser cortés con ella y no parecer tan agresiva—. Suelen ser unos mastodontes con excedente de testosterona.
Las tres reímos ante mi comentario.
—Pero están guapísimos, no lo puedes negar Heather —realmente Key tenía razón, no podía hacerlo.
—Tienes un punto.
Estuvimos a punto de ingresar a los vestidores cuando una voz muy conocida grito mi nombre.
—¡Heather! —ese era Dorian, quien me gritaba desde la distancia.
Al ver todas las miradas puestas en nosotros no pude evitar ponerme nerviosa y correr a refugiarme a los vestidores de chicas. No salí de ahí hasta que ellas me advirtieron que estaban por irse al campo. Me hicieron toda clase de preguntas al respecto después de ese incidente, pero invente que de seguro quería reclamarme por gritarle la vez pasada. Parecieron satisfechas con la respuesta, pues más tarde todas nos encontrábamos viendo el reinicio del partido, sin mencionar nada al respecto.
La que, si pareció notar los constantes choques de miradas entre Dorian y yo fue Vidia, con quien me encontraba en una de las esquinas del túnel platicando.
—¿Qué paso entre ustedes? No trates de mentirme chica, porque es demasiado obvia la manera en que él te mira —en cuanto dijo eso no pude evitar buscarlo entre el campo. En ese momento estaba recibiendo indicaciones, sin embargo, no despegaba su vista de mi—. Y tu pareces estar huyendo de él.
—No sé qué paso entre nosotros, creí que había algo, pero al final él me dijo que me alejara —le confesé apartando la mirada de su enigmática figura—. Ahora que lo hice parece querer acercarse para hablar, pero realmente no sé si sea lo ideal.
Ella no pareció sorprendida ante mi confesión. Incluso podría jurar que note un deje de satisfacción en su rostro al comprobar su teoría.
—Se notaba la química entre ustedes, así que no me sorprende en realidad. Solo un tonto no la vería —la vi obviar la situación—. Aunque lo que, si me tiene pensando, es el ver al gran Dorian Castle Le Blanc detrás de alguien. Eso sí que es nuevo.
—No puedo comprenderlo, es tan raro —me queje.
Sentía que necesitaba un consejo femenino a la situación.
—Si me lo permites, yo te recomendaría darte la oportunidad de hablar con él —medite su consejo, pues tal vez tenía razón—. Bueno, es lo más prudente. De otra manera jamás sabrás sus razones o el porqué de lo que hace.
Sabía que estaba dándome un buen argumento, pero, aun así, no me encontraba del todo convencida.
—Y si realmente no me dice nada y quedo igual —plantee esa situación, pues era lo único que había logrado al intentar conversar con él—. No sabes lo difícil que es mantener una conversación con ese ogro.
—Si eso vuelve a suceder lo mandas a volar. Pero esta vez, estarás segura que lo abras intentado todo.
Asentí totalmente convencida que era lo mejor que podría hacer, si tenía la intención de volver a acercarse, lo aceptaría.
—Te hare caso.
La vi sonreír complacida, estuvo a punto de decir algo más, pero en ese preciso momento el silbatazo de inicio retumbo por todo el lugar. Ambas dirigimos nuestra atención al partido que recién se retomaba, pues la enorme bulla de la multitud no nos dejaba ni hablar.
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Editado: 20.01.2026