Heartless

CAPITULO 22

No podía comprender por qué no transitaba ni un solo taxi cuando más lo necesitábamos. Al mirar mi reloj, me di cuenta de que llevábamos casi veinte minutos esperando a que alguno se dignara a pasar, pero, al parecer, todos habían decidido descansar el mismo día. Incluso le llamé a mi confiable amigo, pero se disculpó, pues tenía otro viaje pendiente a las afueras de la ciudad.

Me encontraba sentada en una de las bancas ubicadas junto a la banqueta, disfrutando de la sombra que me proporcionaba el árbol a su lado, mientras observaba a Alya y a Ashton tratar de detener algún coche. No es que no quisiera ayudarlos con la tarea, pero todavía me dolía un poco la cintura por la caída del día anterior. Por esa razón, ellos me habían obligado a esperar sentada mientras intentaban resolver la situación.

Estaba considerando tomar medidas desesperadas y llamar a quien fuera, incluso al mismísimo Dorian, para que viniera por nosotros. Teníamos que llegar lo antes posible a Aldor; en primer lugar, por la exposición de fotografía que se llevaría a cabo en unas horas y para la cual aún teníamos que arreglarnos. En segundo lugar, el entrenador del equipo nos había encargado unas cosas que necesitaba con urgencia. Sin embargo, aquello recaía más sobre Alya, ya que ella fue quien aceptó el encargo, a pesar de que le recalqué que era una mala idea.

Aun así, no hice nada más, pues no habíamos hablado sobre aquel tulipán, aunque supuse que ella sabía quién era el responsable. Sabía que si rechistaba más de lo debido sacaría ese tema. Lo que me resultó realmente extraño fue que no parecía sorprendida. ¿Lo sabrían todos?

—¡Paren!, ¡Esto claramente no está funcionando! —externe una vez llegue hasta ellos—. Tendremos que llamarles a los chicos para que envíen a alguien por nosotros.

—No pueden, tienen una reunión importante —se quejó Alya, quien ya estaba muy estresada—. Crees que no fue lo primero que pensé. Extraño a Jordan.

Algo que tenía ella, era que en momentos de mucho estrés o presión como ese se ponía muy sensible. Haciendo que escenas como aquella fueran más frecuentes de lo que se podría uno imaginar.

—Tenemos que resolver de alguna manera —comente, antes de detener a Ash que parecía que se lanzaría al próximo coche que se le atravesara—. Pero no de esa manera, tonto.

—¿Qué haremos, Heather? —chillo este, haciendo una rabieta, hasta que pareció ver algo que lo tranquilizo—. Tengo una idea.

Cuando volteé la vista hacia donde él veía, comprendí el porqué de su sonrisa traviesa. Al otro lado de la calle y saliendo de una barbería se encontraba Kenneth y Brandon; otro chico de su equipo.

—¡Heather! —me llamó Alya, al ver lo mismo que nosotros—. No te lo pediría de haber otra manera.

—Van a matarnos —esta vez fue el castaño el que pensó en voz alta—. Pero no tenemos otra opción.

Los escuchaba hablar, pero yo seguía perdida en mis pensamientos, pues no estaba del todo segura que fuera a funcionar. Además de que sabía que podría ser una pésima idea. Pero en esos momentos no estaba para ser racional, pues realmente necesitábamos llegar y ellos parecían ser nuestra única opción.

Aunque no sabía cómo acercarme después de lo extraño que había sido todo en el juego, pues había pasado de evitar a uno a escabullirme de ambos. Lo cual me resulto fácil, debido a que había sacado permiso para no presentarme en todo el día, sin embargo, jamás creí que lo fuera a encontrar ahí.

Entonces sucedió lo que más temía. Notaron mi presencia. Obligándome a declinar mis ideas de buscar otra alternativa. Vi a Brandon saludarme animadamente y a su capitán mirarme de una manera extraña, puesto que una mezcla de emociones, eran expresadas a través de su mirada. Saliendo de mis pensamientos me dispuse a devolverles el saludo animadamente, después de todo, no me molestaba del todo habérmelos encontrado. Pero lo que estaba por hacer si lo hacía.

—Está bien, hare lo que una chica debe de hacer —interrumpí su discusión, mientras me amarraba el pelo en una coleta baja—. Ni una palabra de esto a nadie.

—Tu sacrificio no será olvidado —fue lo último que escuche decir a Ashton, pues me adelante a cruzar la calle una vez el semáforo se puso en rojo—. ¡Corre!

Grito una vez vio que los coches avanzaron. Por pura suerte me encontraba ya del otro lado de la acera. Sentí el dolor presentarse con más intensidad ante el esfuerzo, pero no me detuve hasta que vi a Brandon venir hacia mí.

—Mi pelirroja favorita, no espere verte por aquí —llego el moreno abrazándome fuertemente a lo que yo no pude evitar soltar un quejido—. Perdona, ¿estás bien?

—Sí, estoy perfecta. Solo me duele un poco el área de la espalda y cintura —le confesé, pues no quería que pensara que me había molestado—. Pero estoy bien.

—Cierto, oí que tú caída de ayer estuvo brutal —lo vi hacer un gesto de dolor—. ¿Segura que estas bien?

Quedé en blanco cuando lo escuché mencionar eso. ¿Tan rápido corrían los chismes?

—Qué vergüenza, ¿me viste? —solté apenada, aunque en realidad quería saber cómo se había enterado.

—No. No te preocupes dulce Heather —paso su brazo sobre mis hombros, haciéndome sentir pequeña—. Pero todo el mundo sabe que esa fue la causa por la que paro todo.

Me guiño un ojo y sentí como mi cara comenzó a arder. Definitivamente a pesar de que estudiaba junto a lo más alto de la elite, podía descubrir que el chisme era universal. Rompía esquemas, idiomas, barreras y hasta rivalidades al parecer.

—No creo que esa fuera la razón —trate de excusarme, pero en cuanto vi que estuvo por refutar me apresure a cambiar de tema—. En realidad, te quería pedir un favor.

Lo vi negar divertido al notar mis intenciones, pero no quería recordar el asunto de los capitanes por el momento. Él cual, por cierto, me extrañaba notar su ausencia.

—Bien, bien, ya entendí, pero eso no quita que sea real —asentí resignada y él pareció satisfecho—. Ahora sí, dime, soy todo tuyo.




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