El tiempo que pasaba con Dorian había aumentado considerablemente, pues salíamos casi todos los días después de mi turno en la cafetería. Desde una ida al cine hasta una cena en una terraza bajo las estrellas, esas eran las citas que habíamos concretado. Podría decir que realmente él se estaba esforzando; sin embargo, algo aún lo detenía, y yo temía preguntar la razón. Como mencioné alguna vez, Dorian no funcionaba de esa manera, así que debía tener paciencia cuando se trataba de él.
Ese día en particular, con la intención de celebrar el cumpleaños de Jordan y Harry, que eran cercanos, habíamos planeado ir todos a un picnic en un hermoso claro dentro de sus tierras. Dorian había insistido en pasar por mí al Mediterráneo, y, sin lograr persuadirlo, terminé por ceder. Aunque, en realidad, no hacía mucha diferencia, ya que, en los días posteriores a nuestra conversación, su presencia en ese lugar se duplicó. Prácticamente iba casi a diario, así que no fue sorpresa para nadie verlo llegar y acercarse a la barra para besarme animadamente.
En cuanto a eso, también había novedades. Las personas parecían haberse acostumbrado a vernos juntos; las miradas se habían apaciguado, tal vez por miedo a él o porque realmente les importaba poco. Al final, lo agradecía, porque era demasiado incómodo recibir tanta atención. Los chicos, sin embargo, seguían bromeando sobre nuestro historial, recordando aquellos momentos después de conocernos en los que casi queríamos asesinarnos mutuamente.
—¿Te gusta esa canción? —me pregunto en cuanto Heartless comenzó a sonar—. O te recuerda a alguien.
—Ambas.
Respondí con una sonrisa en mi rostro. Claramente era a él quien me recordaba y estaba consciente de ello, causando así que la reprodujera más de lo normal cuando íbamos juntos.
—No toda la canción, pero debo de admitir que si me siento identificado con algunos versos —lo admiré de perfil y definitivamente debía admitir que era muy guapo. Incluso me sentí afortunada de tenerlo a mi lado—. Una foto te duraría más.
Me había descubierto mirándolo, pero no le tome mucha importancia, pues aquello era una constante en él. Aunque fingiera que no me daba cuenta, no era muy discreto que digamos.
—Lástima que no traje mi cámara conmigo —le seguí el juego. Podría quererlo mucho pero no me dejaría—. Hubiera sido una foto digna de admirar. Para mi próxima galería tal vez.
—Entonces, debería empezar a cobrarte por usar mi imagen.
— Entonces, quizá debería buscarme otro modelo.
Lo vi voltear abruptamente con el ceño fruncido y no pude evitar reírme, sabiendo que había dado en el clavo.
—Eres imposible —refuto él.
—Tú un celoso —contraataque—. O ¿me equivoco?
—En efecto te equivocas, cucaracha —se defendió con simpleza, aunque yo sabía perfectamente que estaba en lo correcto—. No soy de sentir esa clase de cosas.
Estuve a punto de responderle cuando noté cómo su expresión se ensombrecía al mirar nuevamente por el retrovisor, un gesto que llevaba rato repitiendo constantemente, pero que, en esa ocasión, parecía haberle causado verdaderos estragos.
Giré la cabeza para descubrir que lo que él estaba viendo era un auto deportivo completamente polarizado que parecía estarnos siguiendo. Lo había notado desde que entramos en la autopista principal, pero no le había dado mucha importancia. Sin embargo, el hecho de que hubiera estado detrás de nosotros desde entonces resultaba demasiado sospechoso.
—¿Qué está pasando? —pregunte, al sentir como la velocidad a la que íbamos aumentaba—. ¿Nos están siguiendo?
Lo dirigir su visión una vez al retrovisor y hacer una mueca.
—Abróchate tu cinturón, por favor.
Fue lo único que pronuncio antes de acelerar su deportivo y comenzar a esquivar los coches de una manera magistral. En ese momento comencé a sentirme demasiado ansiosa ante la situación, más cuando vi como aquel coche negro hizo lo mismo, empezando así una persecución.
Percibía como mis pulsaciones cardiacas se descontrolaban a niveles exorbitantes, sin duda amaba la velocidad, pero no cuando se trataba de huir para poder sobrevivir.
—¿Por qué hoy? —lance algo aturdida, pues comenzaba a sentir que el aire me faltaba.
—¡Heather, mírame! —me exigió, a lo que tuve que obedecer con algo de dificultad. Lo encontré a él, sin despegar la mirada del camino, mientras era golpeada cuando dio un volantuzo—. ¡Tranquila, todo estará bien! ¡Jamás dejaría que te pasara nada malo! De ser necesario me entregaría yo mismo. Si esa fuera la única manera de salvarte.
Sus palabras por alguna razón me tranquilizaron. Sabía que estaba siendo totalmente sincero, pues la determinación en sus palabras era lo que más se destacaba.
—Confió en ti.
Sonrió ante mi contestación, a lo cual yo me concentre en hacer ejercicios de respiración para lograr calmarme, pues no quería ser otra carga en ese momento para él.
Vamos Heather, debemos ser productivas.
Otra sacudida me sacó de mis pensamientos, ya que había acelerado para adelantarse a unos enormes camiones que estaban a punto de bloquearnos el paso. Justo al inicio del puente colgante, hizo una maniobra que, de no ser porque llevaba puesto el cinturón de seguridad, habría hecho que me estrellara contra el parabrisas.
—¿Estás bien? —no sería sincera en mi respuesta en esa ocasión, pues lo pondría más nervioso de lo que ya iba.
—Perfecta —respondí, mirándolo un poco más calmada—. ¡Un coche!
Advertí el peligro justo cuando esquivó el obstáculo por unos centímetros. Pude respirar aliviada tras esa nueva sacudida, agradeciendo que el Jeep se hubiera descompuesto y lo hubiera obligado a traer uno de sus deportivos. Cuando volteé para confirmar si aún nos seguían, distinguí que el coche se había quedado atrás por culpa de los camiones. Sin perder tiempo, me dispuse a buscar rutas alternativas por las que pudiéramos despistarlos.
Mis manos temblaban, dificultando la tarea, y el movimiento del coche no me dejaba escribir con claridad. Sin embargo, después de varios intentos, logré abrir el mapa. Ante mí se desplegó la autopista principal junto con algunas desviaciones contiguas. Observé cada una hasta encontrar una de terracería, a pocos kilómetros, que se internaba en el bosque. Esa ruta podría servirnos para desaparecer de su radar.
#3523 en Novela romántica
#1090 en Chick lit
#959 en Novela contemporánea
romance, universidad elitista, chico misterioso popular y porrista
Editado: 02.02.2026