La definición de cena familiar definitivamente no había sido la correcta, pues al menos que pudiera llenar toda la ciudad con ella, no creía que alguien tuviera tantos parientes. El ambiente de ese lugar era algo pesado y sin duda debía admitir que era la fiesta más aburrida a la que había asistido, puesto que, aunque no había alguna razón especifica por la cual quejarme, si podía notar cierto rechazo de parte de algunos parientes de Dorian hacia mi persona.
Aunque no habían sido más que simples mirada, encontraba una enorme y notable diferencia en como convivían con Ana, pues parecían adorarla. Lograba entenderlo pues según lo que Dorian me explico se conocían desde niños, claramente después tuvieron su historia, pero por primera vez no había querido saber un chisme. Algo en mi estómago se revolvía al imaginarlo, no obstante, ella era de lo más dulce, pues incluso me halago una vez me vio llegar de la mano de su ex novio.
En esos me encontraba junto a el ogro y su abuelita, nos hallábamos platicando animadamente, aunque sinceramente me sentía algo apenada de estar a su lado. Había descubierto que el collar que me regalo Dorian en aquella ocasión era una reliquia familiar, aunque recalco que le alegraba que yo lo tuviera. Que su nieto había hecho bien en dármelo.
Todo era perfecto hasta que una llamada entrante sonó en su teléfono y este tuvo que marcharse.
—Tengo que ir a resolver unos problemas —regreso después de unos segundos, anunciando lo que más había temido esa noche.
—¿Todo bien? —lo vi ponerse en cuclillas para llegar a mi altura. Su mirada parecía estarme pidiendo permiso para dejarme a solas por primera vez en la velada—. Has lo que tengas que hacer.
—No es nada malo, de hecho. Espero no tardar —asentí mientras percibía como depositaba un suave beso en mis labios—. Lo prometo.
—No te preocupes por mí. Junto con la condesa Le Blanc nos haremos compañía.
—Corre niño, yo la cuidare para que ningún cuervo se acerque —reí ante su comentario, pues parecía estar más emocionada que nosotros mismos ante la idea—. Ahora vete, que tenemos cosas de mujeres que platicar.
—Ya la oíste ogro, debes irte —susurre en su oído.
—No te libraras tan fácil de mi —su aliento rozando mi cuello me hizo estremecer. Siendo un recordatorio de lo mucho que me gustaba su cercanía—. Vuelvo en seguida.
Nos dimos un último beso antes de verlo marcharse, con aquel porte y elegante caminar que lo distinguía de los demás.
—Jamás lo había visto sonreír de esa manera ante nadie —comento la mujer a mi lado, haciendo que mi atención se dirigiera hacia ella—. ¿Son pareja?
Esa pregunta me puso a temblar, puesto que no había recaído en ello hasta ese momento.
—No.
Respondí con sinceridad, pues, aunque podríamos parecerlo realmente ninguno de los dos había comentado algo al respecto, así que suponía seguíamos conociéndonos. Aunque muy en el fondo sabía que no faltaba mucho para que nuestra relación avanzara a algo más, o al menos eso esperaba.
—Cuando te dije en aquella ocasión, que ojalá alguno de mis nietos te hubiera visto primero, jamás pensé que Dorian seria uno de ellos —no entendí a qué se refería con que era uno de ellos, sin embargo, no me dio tiempo de cuestionarla, pues se apresuró a terminar—. Aunque son tan cabezotas como mi difunto Eduard, su abuelo. Necesitan estar por perder algo para aceptar que deben hacer algo más.
Recordé el historial de Dorian y sin duda tenía razón. Así era él también, aunque debía admitir que su historia me había llamado mucho la atención.
—¿Su esposo era parecido a Dorian? —pregunte, para salir de dudas.
—Definitivamente. Ambos tienen un corazón de oro, pero no saben usarlo —me miro tomando una de mis manos—. Te doy mi bendición. Espero que tú puedas ser aquella que le enseñe como se debe de sentir.
—Gracias, eso espero yo también. Aunque a veces es algo complicado entenderlo —ella asintió ante lo que dije, pues estaba consciente de la forma de ser de su nieto—. Además, parece que no le agrado del todo a gran parte de su familia.
—No les hagas caso. Al final el que debe quererte es él, y la que debe aceptarte soy yo —bromeo, a lo que no pude evitar reírme—. Pero hablando con seriedad, te puedo decir que nuestra familia es muy complicada y está llena de secretos. Así que debes saber, que por la razón que sea, cualquier cosa que oculte o haga mi nieto siempre estará intentando protegerte.
—Algo parecido me había dicho él, pero no logro entender.
—Con el tiempo tus dudas se esclarecerán —tomo mi mano al decirme aquello, y por alguna razón le creí, pues una sensación de paz me invadió ante aquel tacto—. Y no debes preocuparte por Ana, es una buena chica, pero jamás logro que Dorian la viera en la forma en que lo hace contigo.
Al escuchar eso mis mejillas se enrojecieron y tuve que desviar la mirada para que no notara lo nerviosa que me había puesto. Reprochándome a mí misma por ser tan obvia.
—Tiene razón, es una buena chica —trate de desviar la conversación para liberarme de ese momento incomodo, sin embargo, la condesa pareció notarlo, pues una risa salió de sus labios.
—Lo es, lo es.
En ese momento una vibración sacudió mi teléfono. Anuncio que un mensaje había entrado y al escuchar que era el tono de Ashton decidí revisarlo al instante, pues algo dentro de mí me obligo hacerlo.
Al entrar a su chat sentí como la presión se me bajo al leer lo que había escrito, dándome cuenta que mi intuición era buena. Descubriendo porque tuve esa necesidad de revisarlo sin dudar.
Ashton: ¡Heather, ayúdame! Nos descubrieron.
Ashton: Se puso todo muy feo.
Ashton: Ayuda, por favor, estoy en uno de los pasillos laterales.
Ashton: Heat
Realmente sabía que como manejaban su relación en algún momento todo explotaría, sin embargo, jamás me imagine que sería en ese preciso momento. Además, que por la forma en que me insistía por auxilio, supe que todo estaba muy mal.
#3523 en Novela romántica
#1090 en Chick lit
#959 en Novela contemporánea
romance, universidad elitista, chico misterioso popular y porrista
Editado: 02.02.2026