Podía vislumbrar a través del cristal el camino que estábamos siguiendo, reconociendo inmediatamente la carretera por la que íbamos la vez que habíamos sido perseguidos, sin embargo, en esos momentos no me sentía tan segura como en ese entonces. El dolor en mis muñecas y el malestar en la mayor parte de mi cuerpo me anunciaban que nada estaba bien, aun así, no había mostrado debilidad en ningún momento.
Mi único acompañante era el rugido del motor, el cual resonaba en mis oídos, coreado por la risa burlona de Alex. Estaba esposada y encerrada en la parte trasera del coche, el mismo que había visto antes, amenazante y oscuro como la intención de su conductor. Mi corazón latía con fuerza, no solo por el miedo, sino también por la rabia que me consumía.
Cada kilómetro que avanzábamos, sentía cómo una opresión crecía en mi pecho, como si el aire fuera más pesado dentro de aquel vehículo. Tal vez era porque sabía que en sus manos no estaba a salvo, pues me lo había dejado en claro múltiples veces, además de que sus miradas cargadas de lujuria me hacían temer lo que pudiera hacerme una vez estuviéramos solos.
Necesitamos nuestra bolsa ladrillo.
Eso fue lo que desato su odio hacia mí en primer lugar, pero era cierto, al tenerla me habría hecho sentir segura y no tan a su merced, pero en cambio, no tenía más que unas esposas y cuerdas cortando mis tobillos en cada movimiento que realizaba.
—Ahora sí, princesa, nadie va a detenernos —dijo Alex, lanzándome una mirada a través del retrovisor. Debía admitir que su sonrisa torcida me causó un escalofrío—. Vamos a disfrutar de este pequeño viaje, ahora si me divertiré contigo. Vidia no está aquí para arruinármelo.
En ese instante comprendí todo, la única razón por la que no me habían tocado más de lo debido era Vidia. Una sensación extraña se formó en mi interior al saberlo, pues a pesar de que me sentía traicionada por ella, le agradecía por haberme protegido mientras pudo. Preguntándome una vez más ¿Por qué estaba haciendo todo esto?
Ese pensamiento surgió en un intento por ignorarlo, pero sus palabras parecían perforarme como agujas, pues podía deducir a que se refería con divertirse conmigo. Además, sabía lo que intentaba hacer: quebrarme antes de llegar a nuestro destino. No respondí, aunque mis manos temblaban al sentir las esposas frías cortando mi piel. El metal me lastimaba con cada movimiento, pero traté de mantener la calma. Necesitaba pensar, encontrar una salida. Volví a repetirme que, si me dejaba consumir por el miedo, estaría perdida, pues por momentos parecía olvidarlo.
—Realmente crees que Dorian no va a alcanzarnos —le recrimine, tratando de no verme derrotada—. ¡Eres un idiota!
Lo vi burlarse a través del retrovisor.
—¿Te atreves a desafiarme? No sé si eres demasiado valiente o muy tonta.
—Un poco de ambas tal vez.
Respondí con simpleza, pues el recuerdo de las veces que me preguntaron algo parecido me invadió, lo que me hizo reconocer que seguía sin tener una respuesta a ello. Alex, por su parte, no se detuvo en sus intentos de humillarme. Sacó un llavero y lo agitó frente a mí, como si fuera un premio que jamás podría alcanzar.
Las llaves tintinearon con un sonido agudo que hizo eco en mi cabeza.
—¡Estas son la llave de tu libertad, Heather! —dijo con tono burlón, ladeando la cabeza hacia un lado—. Lástima que estés demasiado lejos para usarlas —las recogió una vez que hice el intento de alcanzarlas—. ¡Tranquila zorrita! ¡Ahora tu destino esta en mis manos!
Es escucharlo llamarme de esa manera ocasiono que algo dentro de mí se encendiera, pero aun así, no pude evitar que mis ojos se clavaran en aquel llavero.
—Vamos Heather, siempre se te ocurre algo —me repetí por lo bajo a mí misma, como si eso me fuera a ayudar a pensar en algo—. Vamos, piensa. Piensa.
—¿Qué diablos estas diciendo? —la molesta voz de Alex me saco de mi momento.
—Que eres un estúpido y tienes cara de culo.
Como respuesta recibí unos cuantos golpes cuando empezó a maniobrar el volante y mi cuerpo fue desplaza de un lado a otro, golpeándome en los laterales del coche, causando que quedara prácticamente tirada sobre el sillón.
—¡No entiendes que podría matarte aquí mismo! —ese grito hizo que algo en mi interior se retorciera, sin embargo, para ese punto ya no temía nada—. ¡Eres una estúpida!
—¡Hazlo, no me importa!
Aunque mostro sorpresa ante mi seguridad, casi al instante cambio su expresión a una sonrisa burlona.
—Mejor sóbate —se detuvo y en ese momento supe que volvería a soltar uno de sus comentarios—. Cierto, no puedes.
Aunque su gesto estaba cargado de burla, me dio una idea, pues supe que se refería a las esposas que inmovilizaban mis manos. Al checar su largo me di cuenta que podría ser posible, pues si lograba aprovechar un descuido suyo, lo más seguro es que tendría una oportunidad de liberarme, aunque lo más probable era que termináramos estampados. Pero antes de que pudiera pensar en un plan concreto, una voz salió del altavoz del coche, interrumpiendo mis pensamientos.
—¡Apresúrate! —ordenó una voz masculina que reconocí como la de Rhett. Sonaba autoritaria, casi mecánica—. Cuando los coches crucen, volaremos el puente.
Mi corazón se detuvo por un momento, pues en ese preciso instante había comprendido que no era más que el señuelo del plan "escape de la princesa". Todo encajo cuando entendí por qué no nos habíamos encontrado con ningún vehículo en el camino, pues al parecer estaban liberando el camino, dándonos tiempo y ventaja para lograr cruzar antes de las detonaciones. Sin duda habían planeado algo mucho más grande que un simple secuestro. Era una trampa. Sería una masacre.
Los latidos de mi corazón se aceleraron al comprender la magnitud de lo que decían. Logre percatarme en ese momento cómo Alex se concentraba en la carretera, ignorándome por completo mientras aceleraba más y más. Sin más, supe que ese era el momento que estaba esperando. Esa podía ser mi única oportunidad de hacer algo, de evitar que todo terminara en una fatídica tragedia. Pero el miedo también estaba ahí, acechándome, susurrando que cualquier error podría ser el último.
#3523 en Novela romántica
#1090 en Chick lit
#959 en Novela contemporánea
romance, universidad elitista, chico misterioso popular y porrista
Editado: 02.02.2026