Los últimos días habían sido una mezcla de rutina y nostalgia. Aunque intentaba mantenerme ocupada, no podía evitar sentir un constante nudo en el estómago, como si sintiera que nada estaría bien. Además, me sentía muy sola, a pesar de estar acompañada. Las pesadillas eran recurrentes, haciéndome recordar entre destellos todo lo que había vivido y que mi mente parecía querer suprimir.
Cada vez que me despertaba, la ausencia del baile y de Dorian eran otras torturas que me golpeaban como una bofetada. Había aceptado que no podría bailar por un tiempo, pero eso no significaba que fuera fácil, así como tampoco lo era sobre llevar su ausencia. ¿El amor se sentía así acaso?
Pasaba gran parte de mi tiempo visitando a los chicos y chicas en el campo de americano. Era algo que me ayudaba a despejarme, aunque siempre sentía esa punzada al verlos correr con una libertad que yo extrañaba profundamente. Me recibían con alegría, haciéndome sentir parte de algo, pero incluso en medio de las risas y las bromas, no podía ignorar la ausencia de Vidia. Nadie hablaba mucho de ella, pero era evidente que su lugar vacío había dejado un hueco que podía sentir muy en el fondo, pues a pesar de que sabía lo que había hecho, era extraño que no me recibiera con un abrazo al llegar.
Los chicos seguían sobreprotegiéndome, insistiendo en ayudarme a caminar, cargar mis cosas o incluso llevarme al campo. Aunque al principio me molestaba, había aprendido a agradecer su preocupación. Sabía que todo lo hacían por cariño, incluso si a veces me hacía sentir un poco frágil.
Mi ánimo pareció mejorar cuando una tarde, mientras regresaba del campo, recibí una invitación inesperada debajo de mi puerta, pues se trataba de una cena en casa de Dorian. Al leer las elegantes letras grabadas en el papel, mi corazón dio un vuelco. Hacía días que no había podido hablar con él más de un par de minutos. Aunque nos habíamos cruzado en la universidad, siempre parecía que algo o alguien interrumpía nuestras conversaciones. Necesitaba respuestas, necesitaba entender qué estaba pasando entre nosotros antes de regresar a casa por las vacaciones. Sólo faltaban tres días, y no podía seguir llevándome esta incertidumbre.
Decidí ir con Harry y Ashton. Aunque sabía que mi padre también asistiría, no quería llegar con él, pues nuestra relación aún era complicada, y prefería apoyarme en mis amigos. Además, sabía que ellos harían todo lo posible para hacerme sentir cómoda.
La casa de los Castle era todo lo que había imaginado y más. Una imponente mansión con columnas blancas se alzó frente mi al llegar, junto con un camino de entrada flanqueado por fuentes y jardines perfectamente cuidados. Al entrar, me quedé sin aliento al ver el interior. Cada detalle, desde los candelabros de cristal hasta los pisos de mármol reluciente, hablaba de opulencia y elegancia que también lo representaban a él. Las paredes estaban decoradas con obras de arte que parecían sacadas directamente de un museo, y los arreglos florales eran tan perfectos que casi parecían irreales.
Me sentía en un palacio construido para que ningún mortal pudiera admirarlo alguna vez, aunque no me sorprendía del todo, puesto que todas las propiedades de su familia que había conocido eran igual de hermosas.
—Linda ¿cierto? —Ashton me saco de mis pensamientos, encontrándolo igual de sorprendido que yo ante lo que veía—. Nunca había entrado.
—Es totalmente hermosa —no me limite en comentar, pues realmente no estaba mintiendo—. Aunque no me sorprende, después de todo son los Castle.
—Tienes razón, mi familia suele ser demasiado extravagante —esta vez fue Harry quien hablo, mientras con una mano empujaba la enorme puerta que daba paso al salón—. ¡Adelante chicos, sean bienvenidos!
Sonreí al ver como en ningún momento se soltaron de las manos, a pesar de las miradas curiosas de todos los presentes.
Mientras caminaba por el salón principal, no podía evitar sentirme pequeña. Era como si estuviera en un mundo completamente distinto al mío, aunque creía ya estar acostumbrada. La mamá y la abuela de Dorian me recibieron con calidez una vez me llevaron con ellas, sin embargo, noté de inmediato la mirada de su padre. Fría y distante, como si mi presencia fuera un error. Intente no dejar que eso me afectara, concentrándome en los pequeños gestos de amabilidad que recibía del resto de la familia, quienes igual parecían estar preocupados por mi estado después del incidente.
Logre visualizar al padre de Harry a la distancia, quien parecía estarme analizando con la mirada. Para mi sorpresa no había odio ni nada parecido en ella, incluso podría jurar que su hermano, el papá de Dorian, me miraba con más resentimiento que él. Sin embargo, no supe descifrar que era lo que había reflejado en sus ojos. Así como tampoco podía explicarme los golpes y moretones que tenía en el rostro.
El aire estaba cargado de anticipación mientras los invitados comenzaban a llenar el lujoso salón de los Castle. Cada detalle, desde los candelabros de cristal hasta los manteles bordados a mano, parecía perfectamente calculado para impresionar. Caminé con paso inseguro entre los asistentes, aferrando el borde de mi vestido con una mano temblorosa. Ashton y Harry caminaban a mi lado, intercambiando miradas de preocupación que intentaban ocultar bajo sonrisas forzadas.
—¿Estás bien, Gray? —murmuró Ashton cerca de mi oído—. Si esto es demasiado, podemos irnos.
Negué con la cabeza, tragándome el nudo en la garganta.
—No. Necesito estar aquí. Necesito hablar con él.
—Espero que todo salga bien esta noche —sentí la mano del castaño tomar la mía al decir aquello, como si estuviera otorgándome todas sus fuerzas.
—Yo también lo espero.
No pude evitar afianzar nuestro agarre pues realmente lo necesitaba.
—Heather, tenemos que pasar a la mesa de enfrente pero cualquier cosa nos dices —esta vez fue Harry quien interrumpió nuestro momento—. No quisiera, pero....
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Editado: 02.02.2026