Hecho a tu medida

Capítulo 13: Entretela

Adrien entró a la oficina de David mientras revisaba las últimas actualizaciones enviadas por Marianne.

Estaban retrasados.

Si no terminaban los diseños finales antes de fin de mes, los fittings serían un desastre. Resopló, casi en silencio, mientras se acomodaba en la mesa de reuniones al fondo de la habitación. David y Claire ya estaban sentados. Los documentos, perfectamente ordenados frente a cada silla, parecían esperar una sentencia.

Claire, como siempre, sonreía, aunque sus dedos jugaban con un hilo suelto de su abrigo de tweed. David permanecía en silencio. Su taza de expreso seguía intacta mientras revisaba las fotos de los últimos cambios. No necesitaba hablar para que su presencia llenara el aire de una autoridad gélida.

—¿Empezamos? —preguntó Adrien.

Abrió dos documentos en su tablet: las asignaciones de la cápsula y los ajustes de planificación. El sonido de sus dedos sobre la pantalla era lo único que cortaba el silencio.

Claire empezó su informe con diligencia, pero su voz flaqueaba bajo la mirada de David. Él se mantenía en silencio, asintiendo de vez en cuando. Había una impaciencia evidente en su postura, una energía contenida que incomodaba a Claire.

Adrien, en cambio, no levantaba la vista de los cuadros de avance. Anotaba cada detalle, intentando ignorar que el aire en la oficina se sentía cada vez más denso.

—Tenemos una vacante en ajustes de prueba desde el lunes. Benoît no vuelve hasta la próxima semana —explicó Claire, evitando mirar a David.

—¿Quién cubrió su puesto ayer? —preguntó David.

Cruzó las piernas con una elegancia perezosa que hizo que Adrien apretara el lápiz digital contra la tablet.

Se veía impecable, letal.

Adrien conocía ese tono; David jugaba a ser paciente, pero había metal detrás de cada vocal. Era un sonido que a cualquiera le daría escalofríos, pero a Adrien le provocaba un deseo ardiente de ser él quien suavizara esa dureza.

—Nadie oficialmente —dijo Claire. Señaló la lista y Adrien escaneó los nombres con rapidez—. Proponemos incluir a uno de los pasantes como apoyo técnico rotativo.

Adrien levantó la vista, la espalda tensa.

—Eso es inusual, Claire —interrumpió Adrien. Su tono fue gélido, marcando territorio—. Los pasantes no tienen la disciplina para un apoyo oficial en este nivel. Es una imprudencia técnica.

—¿A quién tienes en mente? —preguntó David, ignorando la objeción de Adrien.

Adrien sintió un pinchazo de humillación.

David nunca lo ignoraba. El Alfa ni siquiera se había inmutado ante su advertencia; sus ojos estaban fijos en el diario de intervenciones que Claire empezaba a abrir.

— Bueno... —Claire abrió el diario de intervenciones y se lo pasó a Adrien. Un nombre brillaba bajo el resaltador neón—. Hubo correcciones técnicas en el look 7. Émile pensó que eran mías, pero no. Fue el pasante. Clairvaux.

— ¿Lucky Clairvaux? —soltó Adrien.

Pronunciar ese nombre le dejó un sabor metálico en la lengua.

De repente, la oficina se sintió más fría; el café más amargo. Adrien recordó la forma en que el chico miraba a David en el almacén: con una intensidad que ningún pasante debería permitirse. Una punzada de posesividad, amarga y punzante, le recorrió el pecho al ver cómo David se inclinaba hacia adelante al escuchar el nombre.

—Sí. Ha estado en los fittings como observador —continuó Claire—. Se mantiene contenido. Émile dice que no molesta, pero que lo ve todo.

—¿Y propone soluciones sin que nadie se lo pida? —interrumpió Adrien.

Escaneó las páginas del diario con un escrutinio feroz. La pregunta sonaba injusta incluso para él, pero el instinto de protección hacia David ganaba la partida.

—Es una falta de disciplina —insistió Adrien, buscando la mirada del alfa—. Un omega tan... "observador" suele ser un problema. Se infiltra en los detalles, Claire. Busca llamar la atención de formas poco convencionales. No es profesional. Es una distracción.

— ¿Quieres formalizar su inclusión? —preguntó David al fin.

—Sí, pero solo como figura de apoyo técnico rotativo —contestó Claire—. Sin acreditación, sin mentoría. Solo manos extra mientras Benoît no esté.

Adrien apretó la mandíbula.

Debía admitir, muy a su pesar, que la propuesta era coherente. Había revisado los ajustes de Clairvaux y eran impecables; nimiedades técnicas que elevaban un diseño común a la categoría de arte.

Pero reconocer el talento del chico era como beber veneno.

—No es necesario, David —interrumpió Adrien. El tono le salió más agudo de lo que pretendía—. Podemos gestionar la ausencia de Benoît de forma interna. Yo puedo supervisar los flujos del taller hasta que regrese.




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