Hecho a tu medida

Capítulo 14: Corte a sangre

Lucky lo miraba —y en medio de su orgullo— se permitió un bailecito mental.

¡Lo había logrado!

El vestido no solo estaba terminado. Estaba vivo. Allí, en el maniquí más alejado del taller, estaba su creación.

El vestido en el que había invertido cada hora libre del último mes.

El que había visto en sus sueños.

Por el que había dormido menos de cuatro horas cada día.

Ahí, de pie, estaba su visión hecha tela. Lucky no podía evitar sonreír de oreja a oreja cuando, dando un paso atrás, pudo ver el cuadro completo.

Poco a poco la silueta empezó a cobrar vida; luego las mangas asimétricas aparecieron y luego… la flor. Un brote de seda que parecía hambriento, como si esperara en un jardín salvaje a su cena. Lucky se la imaginaba en algún lugar lleno vegetación asesina.

¡La adoraba!

Sus orejas, asomando entre las hebras cobrizas, se mantenían erguidas y vibrantes, moviéndose apenas con cada puntada de orgullo que sentía en el pecho. Esperaba que Émile lo aprobara y que Claire lo encontrara por lo menos…perturbador. Últimamente se encontraba cazando las pequeñas sonrisas de Claire. No las que daba siempre; las que le daba a todo el mundo, solo por amabilidad y porque así era Claire.

No, Lucky anhelaba las de verdad.

Las que sentía asentarse en el fondo de su estómago. Y claro, se desvivía por un solo asentimiento de Émile. El más mínimo temblor de bigote hacía que las manos se le cerraran de emoción. Pero sobre todo, imaginaba la mirada de David.

Habían pasado algunos días sin encontrarse con el alfa y el anhelo salvaje ya le mordía las entrañas. Se preguntaba si un ejecutivo de su nivel apreciaría la audacia de ese vestido fucsia tanto como él apreciaba la calidez de su voz.

Sus ojos. Esos que lo habían visto con reconocimientos.

Las manos grandes sosteniendo el boceto de Lu. Esas que el omega estaba seguro calzarían perfectas alrededor de su cintura.

¡Y el olor! Dios, las feromonas de David se le habían pegado al cabello, a la piel, al alma misma.

Dio una pequeña sacudida, tratando en vano de empujar esos pensamientos hacia el fondo de su mente. No había punto en seguir obsesionado con un hombre que Lu no sabía si estaba interesado en él. Además, lo que había dicho Máxime era cierto. La lealtad de David estaba vendida a los Vairel y Lu no podía darse el lujo de perder esta oportunidad.

Dámela a mí.

¡Basta! No podía seguir así.

De repente, escuchó el repiqueteo de tacones sobre el piso de madera.

Tac.

Tac

Tac.

La puerta se abrió súbitamente, golpeando la pared con un ruido seco. De pie, en el umbral, estaba la criatura más hermosa y ruidosa que Lucky había visto jamás. Su presencia rompió la calma del taller como un cristal rompiéndose.

El chico parpadeó, sin saber qué decir.

Nadie había llegado aún al taller, y los miembros del equipo que ya estaban en la Maison se encontraban en la sala de fittings, organizando todo para el día de pruebas.

La rubia, con un vestido negro minúsculo, un abrigo de piel blanco y botas de glitter altísimas, entró al taller sin fijarse en él. Lucky sintió frío solo de verla. Afuera hacían 10 C.

La chica comía papitas de funda, mientras inspeccionaba los looks de la próxima pasarela a través de las gafas de sol que aún no se había quitado.

—¡Este lugar huele a vapor, a tela y a desesperación! —dijo, girando sobre sus pies, echando la cabeza hacia atrás— ¿Dónde están los humanos?

Lucky se mordió el labio para no soltar una carcajada. Esa chica era un desastre andante y él, extrañamente, quería ser parte del caos.

No sabía si debía hablarle, o mantenerse callado junto a su maniquí, o tal vez tratar de ayudarla. Quizás era una modelo perdida que buscaba la sala de fittings. De lo que sí estaba seguro es que la chica cada vez se acercaba más a donde él estaba y que tarde o temprano se iban a encontrar.

—Bonjour —saludó Lucky, apareciendo entre los percheros— ¿Estás buscando a alguien?

La chica giró riéndose e inclinó la cabeza para mirarlo sobre las gafas. Dos ojos celestes lo analizaron con picardía.

—Busco belleza. Y café. En ese orden —contestó la chica, comiéndose otra papita—. Y si hay chismes, no me quejo.

—¿Chismes? Estás en el lugar correcto, aunque los mejores se susurran entre costuras —respondió Lucky con una sonrisa traviesa.

Su rostro se le hacía familiar, aunque no estaba seguro en dónde la había visto antes.




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