Las dos jóvenes se encontraban sentadas en el settee de la sala principal mientras esperaban a que Gabriel se presentara. El ambiente estaba lleno de una calma elegante que invitaba a observar cada detalle: los cuadros enmarcados en las paredes, los pequeños objetos de porcelana sobre las mesas, los diseños de los muebles.
Clara dejó escapar un suspiro admirativo.
—Vaya… Cada rincón de esta casa tiene un aire de perfección —murmuró, girando la cabeza para mirar a su alrededor.
Evelin asintió, sus ojos recorriendo con atención la estancia.
—Sí, todo aquí refleja cuidado y orden.
De pronto, se escuchó el sonido de pasos firmes acercándose. Gabriel apareció con su porte habitual y, al notar que Evelin estaba acompañada de Clara, una ligera decepción, bien disimulada, cruzó su rostro: esperaba que viniera con uno de sus abuelos, no con su prima.
—Señoritas —dijo, con voz firme pero cálida—. Me alegra verlas.
Evelin se incorporó, correspondiendo con una sonrisa.
—Gracias por recibirnos.
Clara, por su parte, se levantó con gracia y le ofreció una ligera inclinación de cabeza.
—Es un placer, señor.
Gabriel asintió, observandolas por un instante mientras evaluaba la situación. La expectativa que tenía de la visita estaba alterada.
—Por favor, acomódense —señaló al sillón.
Se sentaron nuevamente mientras Gabriel tomaba lugar en la poltrona frente a ellas, apoyando un brazo sobre el reposabrazos con elegancia.
—Es un gusto que hayas aceptado mi invitación —le dijo a Evelin, con un leve toque de calidez en la voz.
Ella enderezó la espalda, con una sonrisa juguetona.
—Debo admitir que estaba deseando este momento, así como su compañía.
—Lo cierto es que yo también… Supongo que la espera hace que los momentos juntos se disfruten más.
Clara observaba la interacción con discreción, consciente de la sutil tensión que flotaba en el aire.
Gabriel ladeó ligeramente la cabeza, observando a ambas.
—Y bien, ¿qué tal fue el viaje hasta aquí?
—Muy agradable —respondió Evelin, con un toque de coqueteo en la voz—. El trayecto me dio tiempo para pensar.
Clara añadió con calma y cortesía:
—Fue un recorrido cómodo y sin contratiempos. Ha sido realmente tranquilo.
—¡Qué placer escuchar eso! Y me alegra aún más saber que llegaron con buen ánimo; eso hace que mi tarde sea mucho más agradable. —Su mirada se detuvo un instante en Evelin, con un brillo sutil de complicidad—. Nada como la visita que uno espera con interés para convertir un día común en algo más memorable.
Ella correspondió con una leve sonrisa, disfrutando del matiz de su comentario.
Mientras hablaban, los pensamientos de Gabriel se movían rápido: lo que había anticipado era encontrarse con el señor o la señora Weaver; sin embargo, la presencia de Clara cambiaba por completo la situación.
“Bien, tendré que modificar planes”, pensó. “Evelin está aquí, tengo que centrarme en ella. Pero con la otra será más complicado mantener su atención. Necesito distraer a Clara de alguna manera…”. Y, aunque no quería hacerlo, tal vez involucrar a Marcos sería la única opción, algo que solo aceptaría si no quedaba alternativa. Además, no estaba dispuesto a dejar escapar la oportunidad de acercarse a Evelin, cueste lo que cueste.
Posó su mirada en Clara un instante y, con una sonrisa cordial, adoptó un tono amable:
—Señorita Clara, cuénteme, ¿tiene algún pasatiempo o interés particular que practique últimamente? Siempre me ha fascinado conocer qué ocupa el tiempo de quienes me visitan.
Complacida por la atención, se incorporó un poco y respondió con entusiasmo:
—Bueno, últimamente me he dedicado a la pintura… no soy experta, pero disfruto pasar tiempo con los colores y los paisajes.
—Qué interesante. Me gustaría ver un trabajo suyo algún día. Debe ser fascinante capturar la naturaleza y los detalles del mundo en un lienzo.
Ella se iluminó ante el comentario y comenzó a describir sus técnicas y preferencias, mientras Gabriel asentía y formulaba preguntas discretas, asegurándose de mantenerla entretenida. Evelin, al notarlo, no pudo evitar reír suavemente ante la estrategia de él para hacer sentir incluida a Clara; aprovechó entonces la oportunidad para observarlo con más detenimiento. Cada movimiento suyo, cada gesto, parecía capturar toda su atención.
Gabriel también no dejaba de lanzar miradas discretas hacia Evelin. Un leve arqueo de ceja, un destello de sonrisa contenida; pequeñas señales que ella respondía con labios curvados en gestos juguetones. Sin perderlo de vista, Evelin sintió como se creaba una tensión delicada que impregnaba el ambiente de un juego silencioso y cómplice.
Evaluando otra vez la situación con rapidez, Gabriel notó que Clara estaba definitivamente entretenida hablando de sus pinturas; sin embargo, sabía que no podría mantenerla ocupada mucho más sin perder la oportunidad de hablar con Evelin como realmente deseaba.
“No hay otra opción”, pensó decidido. “Si quiero tener un momento con ella, tendré que involucrar a Marcos”.
Con una sonrisa, se dirigió a Clara.
—Si me permite, creo que a usted le gustaría conocer a alguien que comparte su afición por la pintura. Marcos, mi colega, también dedica su tiempo libre a ello; estoy seguro de que disfrutaría mucho charlar sobre técnicas y estilos con usted.
Ella levantó la mirada, interesada por la propuesta, mientras Evelin percibía de inmediato la intención de Gabriel.
—Oh, eso suena muy interesante. Me encantaría conversar con alguien que comparta mis gustos.
Gabriel asintió con satisfacción, inclinándose ligeramente hacia adelante.
—Si me disculpan, señoritas. Solo serán unos minutos; iré a buscarlo.
Cuando salió y cruzó por el pasillo, se encontró con una de las sirvientas, quien lo saludó respetuosamente.
—Señor Gabriel, ¿necesita algo?
—¿Sabe si Marcos sigue en la biblioteca?