Herencia el destino está escrito o puede cambiarse.

Capitulo 180

Evelin permanecía de pie frente a su abuela, sin atreverse siquiera a moverse. Había formulado la petición y ahora esperaba una respuesta, un gesto, cualquier señal mínima que pudiera interpretar como un permiso. No necesitaba que aprobara lo que sentía; sólo que no se interpusiera entre ella y Gabriel.

—Si no me dejas ir, insistiré toda mi vida —había dicho poco antes—. Y será peor.

La señora Weaver todavía no podía creer que su nieta siguiera enamorada de aquel hombre después de todo. Aquello la indignaba. Ni siquiera la muerte de su esposo parecía haber conseguido que Evelin comprendiera la gravedad de lo sucedido. Seguía hablando de Gabriel, seguía buscando una oportunidad para verlo y parecía dispuesta a enfrentarse a cualquiera que intentara impedirlo. Y, sin embargo, precisamente por conocerla, sabía que una negativa absoluta podía resultar contraproducente.

Si le decía que no, Evelin se obsesionaría. Discutiría con ella, buscaría cualquier forma de salir de la casa y podría cometer una estupidez impulsada por aquel amor que, a sus ojos, se había convertido en una enfermedad. Una mujer enamorada era peligrosa cuando no aceptaba un límite; Evelin, además, poseía suficiente carácter para convertir aquello en una guerra que podía prolongarse durante años.

Pero la sola idea era un desagrado. No quería que volviera a verlo. No quería imaginarla compartiendo una habitación con Gabriel, mucho menos a solas. Aquellos dos no deberían siquiera respirar el mismo aire. Cada vez que pensaba en ellos juntos, el secreto que llevaba enterrado bajo capas de silencio volvía a cerrarle el pecho con fuerza.

Estuvo a punto de negarse rotundamente; el abogado podía encargarse del asunto y no existía ninguna razón para enviar a la muchacha. Entonces recordó algo que la hizo vacilar: Gabriel acababa de salir de prisión. Había pasado días encerrado por una denuncia presentada por ella misma. Era más que obvio que ahora debía odiarlas. Debía odiar a los Weaver. Debía guardarles rencor… Y Gabriel Whitaker tenía demasiado orgullo para olvidar una humillación semejante. Por lo tanto, Evelin no tendría la menor oportunidad de ser correspondida si se lanzaba sobre él esperando encontrar al mismo hombre que se supone la había amado. Tal vez, incluso, verla sólo serviría para que él la rechazara y ella al fin despertara de su fantasía de una buena vez.

—Escúchame bien, Evelin —sentenció finalmente—. Será la última vez.

Los ojos de Evelin se iluminaron apenas.
—¿Significa que...?

—No me interrumpas —la dureza de su voz apagó inmediatamente cualquier entusiasmo—. Después de esto, no volverás a buscarlo. No volverás a inventar excusas para acercarte a él mientras sigamos aquí y no quiero volver a escuchar ese nombre.

Evelin bajó la mirada durante un instante, pero enseguida volvió a levantarla.
—Solo quiero hablar con él.

—Hablarás solo lo justo. Vas, retiras lo acordado y regresas. Nada de paseos, nada de conversaciones interminables y ni se te ocurra quedarte allí esperando a que vuelva a mirarte como antes.

Ella asintió lentamente.
—Entiendo.

—Es la última oportunidad que voy a darte. Después de esto, se acabó. Si decides desperdiciarla persiguiendo a un hombre que ya no quiere saber nada de ti, tendrás que afrontar sola las consecuencias.

Evelin permaneció callada. Pero dentro de ella, aquella última frase había provocado exactamente lo contrario de lo que su abuela pretendía.

Subió a su habitación sin decir una palabra más. Cerró la puerta detrás de sí y permaneció unos segundos apoyada contra ella, respirando lentamente mientras intentaba contener la ansiedad que le apretaba la garganta. Sabía que su abuela acababa de concederle algo que probablemente no se volvería a repetir jamás.

Se dirigió al tocador y abrió el pequeño compartimento donde guardaba sus objetos más preciados. Buscó entre ellos hasta encontrar el estuche del collar que Gabriel le había regalado tiempo atrás. Lo abrió con cuidado y tomó la joya para acomodarla dentro de su bolso con delicadeza. Luego abrió otro cajón y sacó el pequeño retrato de su abuelo. Lo sostuvo entre los dedos mientras lo observaba en silencio antes de guardarlo también.

Su abuela ya le había dicho que pensaba abandonar aquella casa; Evelin lo sabía. Esa podía ser su última oportunidad con Gabriel, quizá la única que tendría antes de que todo lo que conocía desapareciera para siempre. Si conseguía convencerlo, si lograba que aceptara su idea, aquellas dos cosas serían prácticamente lo único que querría conservar: el recuerdo de quien había amado y el objeto que Gabriel eligió entregarle. Todo lo demás podía reemplazarse o dejarse atrás.

Se miró en el espejo y terminó de arreglarse: acomodó su cabello, revisó el vestido y respiró hasta que la agitación de sus ojos comenzó a desaparecer. No podía presentarse ante él como una muchacha desesperada. No podía suplicarle sabiendo que detestaba la debilidad. Si quería tener alguna posibilidad, tendría que entrar en aquella propiedad con la cabeza erguida y hablarle como una mujer que había tomado una decisión, no como alguien que esperaba que él tuviera piedad.

Cuando finalmente estuvo lista, tomó su bolso y salió con una calma construida. Poco después, mientras el carruaje abandonaba la residencia Weaver, Evelin volvió la cabeza hacia la ventana y contempló la fachada donde había crecido. En su fuero interno, se estaba despidiendo para siempre.

El trayecto terminó ante los portones de la residencia Whitaker. Evelin levantó una mano y golpeó el techo del coche.
—Deténgase aquí.

El cochero alzó la voz:
—¿No desea que la lleve hasta la entrada, señorita?

—No —miró hacia la propiedad—. Esperará aquí.

No era necesario que el empleado comprendiera la razón; Evelin necesitaba esos últimos minutos.

Y mientras avanzaba sola por el camino, repasó mentalmente las palabras que había preparado, descartando unas y escogiendo otras. Tenía que ser firme, mirarlo directamente sin permitir que él viera cuánto miedo le producía la posibilidad de ser rechazada.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.