His, her, second chance (español)

Capítulo ocho: La peor cita de la historia.

Se sentía extasiado por lo ocurrido en los tres últimos días y pensó que debía tomarse un respiro. Quizás alguna idea nueva le haría serenarse. Pero decididamente tendría que pasar al menos quince días sin ver a Patricia para aclararse. Esa chica era puro torbellino, y no le hacía falta ser inquieta, ya lo era su mente.

Martes, miércoles y jueves pasaron sin pena ni gloria por delante de sus ojos. En el trabajo, Don Aitor estaba buscando más productores, y solo le encargó un par de episodios de alguna serie aún no emitida. En cuanto a lo personal, Patricia le llamó varias veces el viernes pero él no le cogió el teléfono. Y Rubén le ofreció salir de fiesta el sábado pero lo denegó también.

El domingo varió un poco su monotonía pues Rubén vino a verle por sorpresa para quedarse a comer. Le comentó cosas de la quedada y preguntó por las cosas que se habían traído entre manos Don Aitor y él. Cuando se lo contó, a su amigo no le extrañó nada de lo que le dijo.

Estando aún Rubén en la casa, Enric recibió una llamada de Patricia y no tuvo más remedio que coger la llamada. La chica le dijo que estaba esperándole en el portal. En ese momento, Enric tenía un gran dilema, si dejaba subir a Patricia, Rubén seguramente destaparía la verdad y por otro lado, si iba a hablar con Patricia y dejaba a Rubén solo, éste seguramente bajaría después de él para averiguarlo.

No se le ocurrió más que ordenar a la chica por teléfono que esperara, le dejó a su amigo el portafolio para que lo leyera con la esperanza de que le diera margen de tiempo para que Patricia se volviera y con el diario de Soraya en un bolsillo del pantalón y las llaves en otro bajó a hablar con la chica.

—Dime. —Enric fue seco y cortante. Estaba irritado con la situación, no sabía muy bien si era porque la situación no se sostenía o porque había accedido a verla después de decirse a sí mismo que debía tomar distancia para ser consecuente con sus pensamientos.

—¡Comprobado, me estás ignorando! —Los ojos de Patricia chispeaban como una bengala de fiesta.

—¡En absoluto, pero estoy con un compañero de trabajo y no puedo atenderte ahora!

—¿Y por eso no me coges las llamadas?

—No lo entiendes, Patricia, necesito un respiro.

—¡Pues explícamelo, he venido expresamente para eso!

—¡No puedo, Rubén me está esperando en casa!

—Puedes subir a tu casa, pero yo no me pienso mover de aquí, así que tú decides.

El dilema era difícil de resolver. Enric enfundó las manos en sus bolsillos y notó como si el diario ardiera en su bolsillo.

—Necesito objetividad ahora mismo. Y tu presencia no me ayuda precisamente.

—¿Objetividad? ¡JA! —Patricia se jactó—. ¡Se supone que estábamos encauzando nuestra relación hacia el mismo punto! ¿Y ahora pides margen, qué excusa es esa?

—¡No es excusa en absoluto! —La situación se escapaba de su control como la arena entre los dedos—. Necesito pensar, nada más que eso. Patricia, créeme.

—¡Bien! —Patricia alzó la vista hacia el alféizar de la casa de Enric que se ve desde la calle—. ¡Pues mañana te espero aquí cuando llegues de trabajar y me lo vas a tener que aclarar, catalán!

Patricia se fue sin despedirse, su última palabra le había herido más de lo que creía. Él nunca había pretendido quedar por encima de nadie por venir de donde venía. Ella había utilizado eso en su contra, y Enric no quería que aquella fuera la última palabra de la chica.

Según subía a su casa, le remordía la conciencia con más fuerza. La chica le gustaba, pero no medía sus palabras, al igual que hacía su hermana. Cuando entró por la puerta, se topó con Rubén poniéndose el abrigo.

—Supongo que Don Aitor escogerá a quien quiera que retoque la versión pero si me permite opinar te sugeriré.

Enric sonrió a su amigo con amabilidad.

—¿Estás de acuerdo?

—Gracias.

Rubén terminó de abrocharse el abrigo:

—Perdona que me vaya, pero debo irme porque espero una llamada en mi casa.

Rubén se fue y Enric volvió a quedarse solo. Vació sus bolsillos, allí estaban las llaves y el minúsculo diario de Soraya. Pensó que si leía unas pocas páginas quizás entendiera algo más de aquellas gemelas que llenaban su vida de manera desbordante. Lo tomó y empezó a leer desde el principio.

"Ya sé que esto no es nuevo para mí, no eres el primer diario que escribo, pero sí el primero de la nueva vida que quiero llevar a cabo. Estoy algo nerviosa porque he firmado un contrato para dibujar con una de las mayores editoriales del país. Aquí no conozco a nadie, ni siquiera sé si tengo compañeros. Me han dicho que utilizarán parte de lo que les he presentado, pero después solo me han dicho que dibuje más, ¿pero de qué? Si hago alguno que merezca la pena se lo llevo, pero siempre voy a recepción, me mandan al editor y después me vuelvo al hostal donde duermo."

Enric leía despacio, pero por lo que llevaba escrito, apenas acababa de llegar a Barcelona.

"Gracias a Internet he podido conocer a dos compañeras que trabajan en la misma editorial que yo, una es escritora y la otra ilustradora, ¡como yo! La escritora me ha dicho que no vive aquí, que es gallega pero manda los textos por correo electrónico. La ilustradora dibuja muchísimo mejor que yo, y es catalana. Le he pedido que me enseñe Barcelona y ha accedido, mañana te cuento lo que descubra."

La primera amiga de Soraya en Barcelona pero nada de lo que dejó en Madrid. Enric se empezaba a sentir frustrado.

"Perdona que haya tardado en escribirte, sobre todo porque dije que te lo diría al día siguiente. ¡Es alucinante! Si se pudiera describir en una sola palabra, diría que es bohemia. El mar es precioso, las vistas diferentes a todo lo que conozco y el clima mucho más suave que en el centro de la península."

Enric no tardó mucho en cansarse de leer y apenas eran cinco páginas. Como no hubiera nada después, lo dejaría para otro día.

"¡Por fin me han encargado algo! Tengo poca imaginación así que he tomado prestado algún recuerdo a mi memoria. Las echo de menos, pero ni Eva ni Patricia van a volver. Ya sé que no debería decirlo, me juré a mí misma que no miraría atrás, pero echo de menos a mis padres, supongo que si a ellos se lo explico mis razones podré seguir hablando con ellos."




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