La figura luminosa emergió de la puerta abierta con una claridad que parecía atravesar la misma oscuridad del túnel.
Su silueta era etérea, casi transparente, pero irradiaba un poder que llenaba toda la cámara.
Valen y Elara retrocedieron instintivamente, los ojos fijos en aquel ser que parecía no pertenecer a este tiempo.
La criatura negra, el origen, los observaba, inmóvil, con sus ojos que brillaban como brasas en un abismo sin fin.
El silencio era absoluto, pesado, como si la tierra misma contuviera la respiración.
La figura luminosa levantó una mano, y una onda de energía recorrió la cámara, disipando parte de la oscuridad.
El rugido de la criatura se volvió un murmullo sordo, y cada fragmento del cristal flotante vibró con una intensidad inhumana.
—Valen, Elara —dijo la figura con voz clara y resonante—. Ustedes han sido elegidos para ver el final y al mismo tiempo decidir el origen.
Elara se aferró al brazo de Valen, sintiendo cómo cada palabra atravesaba su pecho.
—Elegidos… para qué? —susurró, con la voz temblando—. No entiendo…
La figura luminosa inclinó la cabeza ligeramente, y sus ojos, que parecían contener estrellas, se fijaron en ellos con un brillo de urgencia.
—Para detener lo que se repite y crear algo que no ha sido antes.
Valen respiró hondo, tratando de asimilar lo imposible.
—¿Detener… repetir qué? —preguntó, sin dejar de mirar a la criatura que los observaba desde la penumbra—. ¿Qué es esta cosa?
La criatura avanzó un paso, y la luz de la figura luminosa pareció retroceder ante la oscuridad que emanaba.
—El origen —dijo la figura—. Aquello que crea y destruye cada ciclo.
Elara tragó saliva.
—Pero… ¿cómo? ¿Cómo podemos detener algo así?
La figura luminosa extendió ambas manos.
Y de sus palmas emergieron hilos de luz que se entrelazaban con los fragmentos flotantes del cristal.
—Con decisión —dijo—. Con la fuerza de su voluntad y la conexión que existe entre ustedes dos.
Valen miró a Elara.
—¿Conectados? —susurró.
Elara asintió, aunque un miedo profundo la paralizaba—. Sí, si esto es real… debemos confiar.
La criatura negra se inclinó hacia ellos.
Su voz era un susurro gélido que parecía provenir del mismo suelo:
—No escaparás.
Cada palabra retumbaba en sus huesos.
Elara sintió un vértigo que le nubló la visión.
—No… —murmuró, pero Valen la tomó del hombro con firmeza.
—Escucha, Elara. Esto no es momento de dudar.
La figura luminosa giró lentamente, mirando al origen directamente.
Un silencio absoluto precedió la explosión de energía que siguió.
Los fragmentos del cristal comenzaron a girar a velocidades imposibles, generando un torbellino de luz y sombra que envolvió a los tres.
Valen sintió que la tierra temblaba bajo sus pies, como si la cámara misma fuera un corazón latiendo con fuerza sobrenatural.
Elara no podía apartar la vista de la figura luminosa que parecía flotar sobre ellos, y de la criatura negra que se movía como humo sólido, absorbiendo la luz.
—No podemos fallar —susurró Valen, apretando la mano de Elara.
—No tenemos otra opción —dijo ella, con la voz temblorosa pero decidida.
El rugido del origen creció en intensidad, como si percibiera su determinación y buscara aplastarla.
La luz de la figura luminosa se expandió de manera explosiva, tocando cada fragmento del cristal, que comenzó a fusionarse lentamente, recomponiéndose en un núcleo brillante que pulsaba al ritmo de algo antiguo.
—Sientan el flujo —dijo la figura—. Permitan que los fragmentos les guíen.
Valen cerró los ojos y se concentró en el pulso del cristal.
Era como sentir el latido de la historia misma.
Elara hizo lo mismo, y pronto percibió que sus pensamientos se sincronizaban con los de Valen, como si fueran dos notas de una melodía que resonaba en el tejido del tiempo.
La criatura negra avanzó de nuevo, y cada paso hacía que la cámara se deformara, que la luz titilara y que la energía vibrara con intensidad imposible.
—Debemos enfrentarlo —susurró Valen a Elara—. Juntos.
Ella asintió, y los dos extendieron las manos hacia el núcleo del cristal que ahora flotaba entre ellos.
Una corriente de luz pura los envolvió, y la figura luminosa retrocedió, observando cada movimiento.
El rugido del origen alcanzó un clímax insoportable, y la tierra comenzó a quebrarse bajo sus pies.
Valen y Elara sintieron que eran absorbidos por la energía, pero no podían apartarse; debían resistir, debían sostenerse mutuamente.
El mundo a su alrededor comenzó a distorsionarse.
Las sombras se estiraban, los fragmentos de cristal giraban, y el pulso del núcleo se intensificaba hasta hacerse doloroso.
—No… —gritó Elara, sintiendo que algo dentro de ella luchaba contra la corriente de energía—. ¡No puedo!
Valen la sostuvo con fuerza—. Sí puedes. Confía en mí.
Los hilos de luz que conectaban a Valen y Elara con el núcleo del cristal se tensaron hasta brillar como un sol contenido en miniatura.
El origen rugió una vez más, y la vibración recorrió todo su ser.
—Ahora —dijo la figura luminosa—. La elección final.
Elara y Valen entendieron, sin palabras, que no había retorno.
El núcleo brilló con fuerza cegadora y, en un instante, todo pareció detenerse.
El tiempo, el espacio, la cámara, la criatura negra… todo quedó suspendido.
El silencio absoluto se apoderó del mundo.
Y entonces la criatura habló, no con voz, sino con pensamientos que se filtraban directamente en sus mentes:
—Escoged mal, y todo lo que conocéis se desvanecerá para siempre.
Elara y Valen intercambiaron una mirada que contenía miedo, determinación y la certeza de que el siguiente movimiento definiría no solo sus vidas, sino el ciclo entero que los envolvía.
—Juntos —susurró Valen.
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Editado: 13.03.2026