Huellas Silenciosas

Capítulo 42: El Reflejo del Origen

El sonido de la esfera al quebrarse no fue un estallido.

Fue algo peor.

Un crujido profundo.

Lento.

Como si el tiempo mismo estuviera fracturándose.

Elara sintió que el suelo líquido bajo sus pies se agitaba.

Las ondas de luz comenzaron a propagarse con violencia.

La esfera flotante tembló otra vez.

Una grieta negra apareció en su superficie.

Luego otra.

Luego decenas.

Las imágenes dentro de ella se distorsionaron como si miles de realidades estuvieran chocando entre sí.

Ciudades que se doblaban.

Océanos que se elevaban hacia el cielo.

Personas que caminaban hacia atrás como si el tiempo hubiera invertido su dirección.

Valen dio un paso atrás.

—Esto no debería estar pasando.

Elara no respondió.

No podía apartar la mirada de la imagen que había visto un instante antes.

El rostro de Valen entre la multitud.

Pero no era él.

Era algo usando su rostro.

—Valen… —susurró finalmente.

Él la miró.

—Lo vi.

Elara sintió que un frío antiguo recorría su columna.

—Entonces lo entiendes.

Valen asintió lentamente.

—El origen no fue destruido.

Elara tragó saliva.

—Solo cambió de recipiente.

El silencio cayó sobre aquel espacio entre ciclos.

La esfera volvió a crujir.

Una grieta se abrió completamente.

Y de ella comenzó a salir algo.

Al principio parecía humo.

Oscuro.

Espeso.

Pero luego tomó forma.

Una silueta humana.

Alta.

Delgada.

Caminando lentamente fuera de la esfera rota como si atravesara la superficie de un lago invisible.

Elara retrocedió instintivamente.

—No puede ser…

La figura levantó la cabeza.

Su rostro estaba cubierto por sombras.

Pero sus ojos brillaban con una luz conocida.

Valen dio un paso adelante.

—No te acerques —susurró Elara.

Pero ya era tarde.

La figura habló.

Su voz era una mezcla de muchas voces.

Antiguas.

Profundas.

—Siempre es así.

Elara sintió que el aire desaparecía de sus pulmones.

La figura dio otro paso hacia ellos.

—El ciclo se rompe.

El tiempo se reinicia.

Y ustedes creen haber ganado.

Valen apretó los puños.

—¿Qué eres?

La figura inclinó la cabeza ligeramente.

—Soy lo que siempre fui.

Elara susurró:

—El origen.

La figura sonrió.

—Un nombre entre muchos.

La grieta de la esfera se expandió detrás de él.

Más sombras comenzaron a deslizarse fuera de la fractura.

Formas incompletas.

Recuerdos de realidades que nunca llegaron a existir.

Valen frunció el ceño.

—¿Por qué tomaste mi rostro?

La criatura lo miró fijamente.

—No lo tomé.

La respuesta tardó en llegar a la mente de Valen.

—Entonces…

La criatura completó la frase.

—Siempre lo tuve.

Elara sintió que el suelo temblaba nuevamente.

—¿Qué significa eso?

La criatura levantó lentamente la mano.

Las sombras que escapaban de la esfera comenzaron a girar alrededor de él.

—Significa que el origen nunca fue algo externo.

Valen sintió que su corazón latía con violencia.

—No…

Pero la criatura continuó.

—Siempre estuvo dentro de ustedes.

Elara negó con la cabeza.

—Eso es imposible.

La criatura dio otro paso.

Ahora estaba apenas a unos metros de ellos.

—Cada ciclo necesita dos fuerzas.

Creación.

Y destrucción.

Valen sintió que un recuerdo oscuro se agitaba dentro de su mente.

Algo que había estado oculto desde el principio.

La criatura lo miró.

—Tú siempre fuiste la destrucción.

Elara sintió que la sangre se le helaba.

—No…

Valen retrocedió.

—Eso no es verdad.

La criatura inclinó la cabeza.

—¿No?

Extendió la mano hacia la esfera rota.

Las imágenes dentro de ella cambiaron.

Miles de ciclos anteriores comenzaron a mostrarse.

En cada uno…

Elara y Valen aparecían.

En cada uno…

la historia terminaba igual.

Valen matando a Elara.

Elara destruyendo el núcleo.

El mundo reiniciándose.

Una y otra vez.

Una y otra vez.

Una y otra vez.

Elara sintió que las piernas le temblaban.

—Esto no puede ser real.

Pero Valen ya no estaba mirando la esfera.

Estaba mirando sus propias manos.

—Yo…

Recordó el cuchillo en otro ciclo.

Recordó empujarla al abismo en otro.

Recordó cerrar la puerta del núcleo mientras ella gritaba su nombre.

Su respiración se volvió irregular.

—Yo hice eso…

La criatura sonrió lentamente.

—Siempre lo haces.

Elara corrió hacia él.

—Valen, escúchame.

Pero Valen retrocedió.

—No te acerques.

Sus ojos estaban llenos de algo que Elara nunca había visto antes.

Terror.

La criatura habló otra vez.

—Porque tu propósito siempre fue detenerla.

Elara gritó:

—¡Basta!

La criatura la miró con una expresión tranquila.

—Tú eres el reinicio.

Elara sintió que el aire desaparecía de la dimensión entera.

—¿Qué…?

La criatura señaló la esfera fracturada.

—Tú rompes el ciclo.

Valen lo cierra.

Elara susurró:

—Entonces… nunca tuvimos elección.

La criatura respondió suavemente:

—Hasta ahora.

El silencio cayó otra vez.

Las sombras seguían emergiendo de la esfera.

Realidades incompletas flotaban alrededor de ellos como ecos del universo.

La criatura extendió ambas manos.

—Esta vez pueden elegir algo diferente.

Valen levantó la mirada lentamente.

—¿Qué tipo de elección?

La criatura respondió:

—Dejar que el ciclo termine para siempre.

Elara sintió un escalofrío profundo.

—¿Qué significa eso?

La criatura habló en voz baja.




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