Huellas Silenciosas

Capítulo 46: La Conciencia del Origen

El silencio que siguió a la desaparición de la sombra fue distinto a cualquier silencio que Elara hubiera experimentado antes.

No era vacío.

Era expectativa.

Como si el universo entero estuviera conteniendo la respiración.

La esfera del origen flotaba frente a ellos, vibrando con una energía que parecía latir al ritmo de sus propios corazones.

Elara sintió el pulso atravesar su pecho.

Una onda suave, profunda, cargada de algo antiguo.

—¿Lo sientes? —susurró.

Valen asintió sin apartar la mirada de la esfera.

—Sí.

Pero no es solo energía.

Es… conciencia.

Elara frunció el ceño.

—¿Conciencia?

Valen dio un paso hacia el núcleo.

La superficie de la esfera reaccionó de inmediato.

No como un objeto.

Como un organismo vivo.

La luz se onduló formando círculos concéntricos que se expandieron lentamente hacia el infinito.

Y entonces…

algo respondió.

Una voz.

Pero no una voz que atravesara el aire.

Una voz que surgía directamente dentro de sus pensamientos.

—Han llegado más lejos que cualquier versión anterior.

Elara sintió un escalofrío recorrer todo su cuerpo.

Valen apretó los dientes.

—¿Eres… el origen?

La esfera brilló más intensamente.

—Soy lo que ustedes llaman origen.

Pero también soy lo que vino antes.

Y lo que vendrá después.

Elara sintió que el espacio se doblaba a su alrededor.

Miles de imágenes comenzaron a surgir dentro de la esfera.

Universos naciendo.

Estrellas colapsando.

Civilizaciones enteras apareciendo y desapareciendo como chispas en la oscuridad.

—Todo esto… —susurró ella—. ¿Es real?

La voz respondió con calma.

—Todo esto es necesario.

Valen dio otro paso adelante.

—Entonces dime algo.

¿Por qué nosotros?

La esfera pulsó.

Durante un instante pareció dudar.

—Porque ustedes son la anomalía.

Elara sintió que el corazón se le detenía.

—¿Anomalía?

La voz continuó.

—Cada ciclo fue diseñado para estabilizar la expansión de la realidad.

Pero en cada ciclo… ustedes dos hacen algo que no estaba previsto.

Valen frunció el ceño.

—¿Qué cosa?

La respuesta llegó con una claridad que atravesó sus mentes como un rayo.

—Eligen.

Elara sintió que el suelo bajo sus pies dejaba de existir.

—¿Elegir?

La voz respondió:

—La mayoría de las conciencias siguen patrones inevitables.

Ustedes no.

Valen miró sus manos lentamente.

—Entonces… ¿somos un error?

La esfera respondió.

—No.

Son una posibilidad.

Elara sintió que el aire volvía a sus pulmones.

—Si somos una posibilidad… entonces podemos cambiar esto.

El origen permaneció en silencio durante varios segundos.

Un silencio pesado.

Denso.

Finalmente habló.

—Eso depende de lo que estén dispuestos a sacrificar.

Valen levantó la mirada.

—¿Sacrificar?

La superficie de la esfera se abrió lentamente.

No como una puerta.

Como una herida.

En su interior apareció algo que ninguno de los dos esperaba.

Dos luces.

Dos núcleos diminutos.

Uno de ellos brillaba con una energía dorada.

El otro estaba envuelto en una oscuridad profunda.

—Cada uno representa una constante del sistema —dijo la voz.

Creación.

Y terminación.

Elara susurró:

—Vida… y muerte.

La voz respondió:

—Equilibrio.

Valen sintió que algo dentro de su pecho reaccionaba ante la luz oscura.

Un reconocimiento instintivo.

Elara también sintió la atracción hacia la luz dorada.

Como si ambas energías estuvieran conectadas con ellos desde siempre.

La voz habló nuevamente.

—El ciclo se mantiene porque estas dos fuerzas nunca se fusionan.

Siempre se destruyen mutuamente.

Elara comprendió de inmediato.

—Por eso el mundo se reinicia.

Valen murmuró:

—Porque creación y destrucción nunca logran coexistir.

La esfera vibró.

—Exactamente.

Elara dio un paso hacia la luz dorada.

Valen hacia la oscura.

Pero entonces Elara se detuvo.

—Espera.

Valen la miró.

—¿Qué pasa?

Ella respiró profundamente.

—Si tomamos estas fuerzas…

el ciclo terminará.

La voz respondió.

—Correcto.

Valen preguntó con cautela:

—¿Y qué pasará después?

La respuesta llegó sin emoción.

—La realidad entrará en un estado desconocido.

Elara sintió un escalofrío profundo.

—¿Desconocido… para ti?

La esfera guardó silencio.

Y ese silencio fue más inquietante que cualquier respuesta.

Valen murmuró:

—Ni siquiera el origen sabe lo que ocurrirá.

La voz respondió finalmente.

—Porque nadie ha llegado tan lejos antes.

Elara miró a Valen.

En sus ojos había miedo.

Pero también determinación.

—Si lo hacemos —dijo ella— no habrá vuelta atrás.

Valen asintió lentamente.

—Nunca la hubo.

Ambos extendieron sus manos hacia los núcleos.

Pero en el instante en que estaban a punto de tocarlos…

la esfera se estremeció violentamente.

Una grieta apareció en su superficie.

Luego otra.

Luego cientos.

La voz del origen cambió.

Por primera vez… sonó alarmada.

—No…

Elara retrocedió.

—¿Qué ocurre?

La grieta central se abrió completamente.

Y de ella emergió algo que ninguno de los dos esperaba volver a ver.

La sombra.

Pero no era la misma de antes.

Esta era más grande.

Más densa.

Más consciente.

Su forma ocupaba ahora gran parte del espacio del origen.

Sus ojos ardían con una luz negra absoluta.

La voz del origen habló con gravedad.

—La consecuencia ha despertado.

Elara sintió un frío absoluto recorrer su cuerpo.




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