Capítulo Veintiséis
Dejo caer mi cuerpo en las escaleras del escenario. Me siento exhausta; siento cómo todo mi cuerpo pesa y cómo mis huesos sufren. Estoy muy cansada.
—¡Chica increíble! —alzo la vista y veo a Theo entrando al gimnasio—. ¡Hola! Te extrañé.
Me pongo de pie y saludo a Theo. Ambos nos sentamos en las escaleras y comenzamos a hablar de temas aleatorios para pasar el tiempo.
—¿Por qué aún no llegan? —le pregunto a Theo después de ver la hora.
—Aisha viene con Matt. Tenían que hacer unos papeles —se encoge de hombros—. Debe haber tráfico.
Asiento con la cabeza. Por primera vez no siento celos de que Matt esté con Aisha. Me siento relajada.
Los minutos pasan, y para no aburrirnos más de lo que ya estamos, ponemos música y comenzamos a bailar canciones sin sentido: infantiles, metal, reguetón… canciones de las que no tenemos ni idea de cómo se bailan.
—¡Y como dice! —grita Theo.
—Dale a tu cuerpo alegría, Macarena,
que tu cuerpo es pa’ darle alegría cosa buena.
Dale a tu cuerpo alegría, Macarena…
¡Hey, Macarena!
Cantamos con fuerza e imitamos los pasos.
—¡De nuevo! —vuelve a gritar Theo, y suelto una carcajada.
Seguimos bailando la Macarena hasta que nos cansamos. Theo se sienta en el escenario y yo también, pero dejo mi cabeza sobre su estómago.
—Para ser tan pequeña, tu cabeza pesa, Rose.
Suelto una carcajada.
—¿Cuándo comenzaste a bailar? —le pregunto.
—Desde pequeño, creo. Aunque me enamoré de la danza a los doce, cuando acompañé a un buen amigo a ver un festival.
Asiento con la cabeza.
—¿Y a ti cuándo comenzó a gustarte bailar?
—Desde pequeña —respondo—. Cuando era niña, acompañaba a mis tías y primas mayores a una academia de baile.
—¡Llegamos! —grita Matt.
Levanto un poco la cabeza y sonrío al verlo entrar. Lleva puesto un buzo blanco y una musculosa gris. Aisha aparece detrás de él, frunciendo el ceño.
—¿Por qué escuchan “Aserejé”? —pregunta Aisha.
Theo y yo nos miramos, escuchamos la música y comenzamos a reír sin detenerla.
—Estábamos bailando —dice Theo.
—No quiero saber qué clase de música estaban bailando —dice Matt, divertido.
—Eso es bueno, porque todas nuestras coreografías terminaban con un beso.
Golpeo a Theo en la frente en cuanto dice eso. Matt se tensa y me mira fijamente.
Niego con la cabeza, divertida, y él sonríe.
—¡Auch! Eso dolió —se queja Theo—. Torpe.
Me pongo de pie y saludo a Aisha. Luego camino con lentitud hacia Matt. Entrelazo mis dedos detrás de mi espalda y lo miro fijamente.
—¿No piensas saludarme? —le pregunto, alzando una ceja.
Matt sonríe y me abraza. Cierro los ojos y le correspondo el abrazo. Se siente tan bien estar con él así. Matthew se separa lentamente y roza sus labios con los míos antes de apartarse.
Abro los ojos sorprendida y le doy un golpe divertido en el estómago.
Camino hacia el escenario y comenzamos a ensayar. Primero, Theo y Aisha muestran su coreografía. Al igual que nosotros, hicieron dos.
Luego mostramos las nuestras para decidir el orden en que bailaremos cada una. El proceso nos toma más tiempo del estimado, y terminamos de ensayar ya de noche.
Guardo el cargador del celular en mi mochila y saco mi cámara. Verifico que esté cargada, y lo está.
—Apúrate —me dice Matt—. Te llevo a tu casa.
Le sonrío y asiento con la cabeza. Acomodo la mochila en mi espalda y veo cómo Matt se pone un chaleco. Llego hasta él y me toma de la mano, entrelazando nuestros dedos. Reprimo un temblor de sorpresa y comienzo a rezar para que no me suden las manos. Rezo todo el camino hasta su jeep.
Hoy anda con su jeep; debo admitir que me gusta más que su auto.
Matt comienza a conducir mientras reviso las fotos de mi cámara. Tengo que enviarlas mañana al profesor Carlos; no quiero hacerlo a último minuto, así que empiezo a seleccionarlas.
—Llegamos —dice Matt deteniendo el jeep.
Miro por la ventana y veo mi casa iluminada.
—Gracias —le sonrío y abro la puerta del copiloto.
—¿No piensas despedirte?
Sonrío y, en un rápido movimiento, le doy un beso.
—Adiós.
Martes, miércoles y jueves sucedió exactamente lo mismo que el lunes: después de ensayar, Matt me llevaba a mi casa y nos besábamos.
Hoy, viernes, me siento más exhausta que los otros días, y todo por mis calificaciones. Queda poco más de un mes para graduarme y las notas finales se acercan. Si quiero ir a una buena universidad, debo esforzarme. Puede que mis calificaciones no sean las mejores, pero aún tengo tiempo para mejorar.
Entro al gimnasio y veo a Theo, Aisha y Matt conversando en las escaleras del escenario.
—¡Hola! —digo caminando hacia ellos—. ¿Pasa algo?
Me siento al lado de Matt y él me abraza por los hombros.
—Hoy no vamos a ensayar —dice Theo.
—¿Por qué? —pregunto, mirando a Matt.
—Porque iremos a la playa.
Matt deja caer su cabeza sobre mi hombro y comienzo a acariciar su cabello.
—Les conté cuando fuimos a la playa con Effy y sus amigos —dice Aisha.
Asiento con la cabeza. Cómo olvidar ese día. Me di cuenta de lo equivocada que estaba.
—Pues con Theo queremos ir —agrega ella.
—Pero yo no —Matt me mira, y niego con la cabeza al entender lo que me está pidiendo con la mirada—. Yo no los llevaré.
—Pues, como yo también quiero ir a la playa… —lo miro con burla— llamaré a Aiden. No creo que tenga problema en llevarnos si aportamos para la gasolina.
Theo y Aisha se ponen de pie y comienzan a saltar y gritar de alegría.
Matt me abraza fuerte y río. Trato de soltarme, pero no puedo.
—Matthew —protesto—, debo llamar a Aiden.
—No —dice como un niño pequeño—. Quédate conmigo, no vayas a la playa.
Con dificultad logro separarme de él y tomo su rostro entre mis manos.