Capítulo Veintinueve – Después de la victoria
Los gritos y aplausos aún retumban en mis oídos mientras Matt me sigue abrazando. Todo ocurre tan rápido que apenas puedo respirar. La emoción, el cansancio y la felicidad se mezclan en mi pecho.
—¡Lo logramos! —grita Theo, saltando junto a Aisha—. ¡Vamos a las nacionales!
Nos miramos todos, incrédulos, y luego estallamos en risas. Aisha me toma de la mano y me jala hacia el centro del escenario. Matt me alcanza, sonriente, y me levanta del suelo entre aplausos.
—Te dije que lo conseguiríamos —susurra en mi oído.
—Y lo hicimos —respondo, mirándolo con una sonrisa—. Gracias por creer en mí.
El resto del grupo corre a abrazarnos, y Effy llega con lágrimas en los ojos. Nos felicita una y otra vez, y aunque la adrenalina aún está a tope, empiezo a sentir el cansancio acumulado.
Más tarde, ya fuera del recinto, caminamos por las frías calles de la ciudad. La noche está despejada y las estrellas brillan con fuerza. No hace frío, solo una leve brisa que se siente refrescante.
—¿Y ahora qué? —pregunto, todavía con la sonrisa pegada al rostro.
—¿Vamos a comer? —dice Aisha con entusiasmo.
—Sí —responde Matt—. Debemos ir a un restaurante a celebrar.
Aisha y yo nos miramos y negamos al mismo tiempo. Estoy agotada. Quiero algo más rápido, menos formal.
—Hay un restaurante a dos cuadras —propone Theo.
—Yo quiero unas papas y una hamburguesa —se queja Aisha, cruzándose de brazos.
—Hay un McDonald’s cerca —digo, mirando la hora en mi teléfono. Son las diez de la noche—. ¿Vamos? Antes de que se den cuenta de que desaparecimos.
Aisha asiente y, con disimulo, comenzamos a retroceder. Matt y Theo siguen discutiendo sobre qué lugar sería mejor. En cuanto doblamos la esquina, echamos a correr por las calles casi vacías. Es lunes, así que no hay mucha gente.
El olor a fritura nos da la bienvenida cuando entramos al McDonald’s. Mi estómago gruñe; recién me doy cuenta de que no he comido nada desde el desayuno.
—¿Qué pedimos? —pregunta Aisha.
Voy a responder, pero mi celular comienza a sonar. Es Matthew.
Respiro profundo y contesto, tratando de sonar dulce.
—¡Hola, Matt!
—¿Dónde están? —pregunta, y su tono denota molestia.
—Ustedes se estaban demorando mucho, así que… —hago una pausa cuando Aisha me habla—. ¿Agrandas tus papas? —asiento y vuelvo al teléfono— …así que vinimos a un McDonald’s.
—¿En serio, Rose? Esto no es gracioso.
—No estoy bromeando. Los esperamos aquí, a tres cuadras —respondo antes de colgar.
Aisha sonríe satisfecha.
—¿Qué tal te va con Matt? —pregunta de pronto, mientras esperamos el pedido.
—Bien. Seguí tu consejo: debo luchar por él.
Aisha sonríe con complicidad justo cuando la llaman desde caja. Trae la bandeja y comenzamos a comer.
—Amo la mostaza —dice, feliz, comiendo sus papas.
—Yo la salsa de ajo —respondo, untando una papa.
Aisha me detiene de inmediato.
—Piensa bien si quieres comer eso. No creo que quieras besar a Matt con aliento a ajo.
Abro los ojos y suelto la papa al basurero. Nos reímos sin parar.
—Qué vergüenza —digo entre risas—. No había pensado en eso.
En ese momento se abre la puerta del local. Matt y Theo entran, mirando hacia todos lados. Theo nos señala y ambos se acercan. Matt se sienta a mi lado.
—Nos asustaron —dice, todavía serio—. Desaparecieron sin avisar.
—Ustedes estaban muy ocupados buscando restaurantes elegantes —replica Aisha—. Nosotras solo teníamos hambre.
Matt abre los ojos sorprendido y me mira buscando apoyo.
—Es verdad —digo encogiéndome de hombros—. Tenía hambre.
Matt ríe por fin, relajándose. Toma una papa de mi bandeja y busca algo en la mesa.
—¿No pidieron salsa de ajo? —pregunta.
—No —responde Aisha.
—Qué mal. Amo la salsa de ajo.
—Definitivamente ustedes son tal para cual —bromea Aisha—. ¿Qué son ustedes, exactamente?
El silencio que sigue es incómodo. A mí no me molesta la pregunta, pero sé que a Matt sí. Sus hombros se tensan un poco.
—Bueno… —empieza, pero Aisha lo interrumpe con picardía—. Da igual. Se besan, se miran como tontos… Y dime, ¿te gustaría besar a Rose con aliento a ajo?
Matt se queda de piedra. Theo llega justo en ese momento, dejando su bandeja en la mesa.
—Le traje salsa de ajo —dice, divertido.
Matt la toma y la tira al basurero.
—¡Oye! —se queja Theo—. ¡Era para ti!
—No quiero besar a Rose con aliento a ajo —responde Matt sin pensarlo.
Theo suelta una carcajada y se sienta. Seguimos conversando mientras comemos. Matt nos cuenta que nos uniremos con el segundo y tercer lugar para preparar la presentación de las nacionales, y que mañana será la primera reunión.
Entre risas y comentarios, termino mi comida. Theo de pronto se queja:
—Auch, me duele el dedo. Aisha, ¿puedes acompañarme a curarlo?
Ella finge sorpresa y asiente rápidamente.
—Sí, claro, hay que desinfectar eso —dice, sonriendo antes de salir con él.
Me quedo sola con Matt. Él me observa, con el rostro apoyado en su mano.
—Eres muy linda —susurra, apartando un mechón de mi cabello.
—Tú también —respondo, tocando su nariz con mi dedo índice.
Matt sonríe, pero su mirada se vuelve más seria.
—No quería hacerlo así… no aquí —dice.
—¿Qué tiene de malo? Me gustan los McDonald’s —bromeo.
Él niega, se acerca y respira hondo.
—Rose… ¿quieres ser mi novia?
Abro los ojos, completamente sorprendida. Una sonrisa enorme se dibuja en mi rostro.
—Entiendo si me dices que no —agrega nervioso—. Quería pedírtelo en un restaurante bonito, algo más romántico…
—Claro que quiero ser tu novia, tonto —le respondo, tomando su rostro entre mis manos—. No importa el lugar, Matt. La elegancia no hace el romance. Lo hace la persona.
Matt sonríe y me besa suavemente. En ese instante todo a mi alrededor desaparece: las luces, la música, el ruido de las freidoras. Solo estamos él y yo.