I Love You Rose

Treinta – La Reunión.

Capítulo Treinta – La Reunión.

Terminé de cepillar mis dientes y me miré en el espejo. No dormí mucho, estuve estudiando para las pruebas que debo rendir esta semana.

—¿Vamos? —Harper aparece a mi lado—. Llegaremos tarde.

La miro; lleva una camisa blanca y unos jeans negros, se ve mucho más delgada.

—¿Estás bien? —Harper alza una ceja—. Te noto más delgada.

Mi hermana se encoge de hombros.

—Tomaré desayuno, tú solo apresúrate. No quiero llegar tarde.

Harper se va, dejándome sola en el baño. Últimamente se levanta más temprano para maquillarse, así que logra hacer sus cosas en casa y no en el colegio.

Mi móvil vibra; es un mensaje de Matt. Está afuera esperándome.

Salgo del baño y bajo las escaleras hasta la cocina, donde Harper coloca cereal en su tazón.

—No iré contigo, me voy con Matt —le digo.

Harper deja el cereal a un lado, cierra los ojos y suspira.

—Está bien —me sonríe—. Ya no tengo hambre, me voy.

Veo cómo toma su bolso y camina hacia la entrada.

—¿No quieres que te llevemos? —pregunto. Harper se detiene en seco—. Puedo preguntarle a Matt.

—No, gracias. Prefiero caminar.

Harper se va y yo busco una manzana en la cocina. Miro por la ventana y veo el auto de Matt estacionado.

Salgo y camino rápido hacia su coche.

—Hola —lo saludo al subir.

Matt toma mi rostro y me besa. Le sonrío mientras comienza a conducir.

—Vi a Harper salir antes que tú e irse caminando.

—Sí, está rara. Bajó mucho de peso. Nunca fue gorda, pero se notaba que tenía unos kilos de más —suspiro. Matt asiente—. Ahora creo que le faltan kilos.

—¿Estás preocupada?

—No lo sé… ser delgada es genético, pero Harper también se comporta raro.

—Quizás es la edad…

Matt se detiene en un semáforo y toma mi rostro, haciéndome mirarlo.

—¿Qué? —pregunto divertida.

—Tienes unas ojeras horribles.

Matt vuelve a conducir, y yo golpeo su brazo despacio. Está manejando y no quiero provocar un accidente.

—Eso pasa cuando estudias mucho para tener buenas calificaciones.

—¿Así que eres una nerd?

Niego con la cabeza.

—No, mis calificaciones son un desastre, y queda poco más de un mes para graduarme. Eso significa exámenes finales y elegir universidad… —miro a Matt—. Tienes 19, ¿por qué no estudias?

Matt se detiene en el estacionamiento del colegio.

—Porque quiero estudiar danza en Nueva York, algo que a mis padres no les gusta, y necesito una beca para eso.

—¿Beca?

—Sí, pero creo que pronto la obtendré.

Le doy un beso en los labios y salgo del coche, ingresando al colegio. Hoy comienza mi “tortura”: exámenes todos los días hasta los finales.

~°~

Camino lentamente por los pasillos, exhausta. No recordaba lo agotador que era estudiar y prestar atención en clase. Llego a la entrada del colegio, donde Aisha y Matt me esperan. Hoy es la primera reunión con los ganadores; formaremos un equipo para ir a la final.

—Estás fatal —dice Aisha.

—Lo sé.

Matt me abraza y apoyo la cabeza en su pecho. Me encanta sentirme así con él.

—¿A dónde vamos? —pregunto.

—A las afueras de la ciudad, ellos ya están ahí —responde Matt.

Nos subimos todos al coche. Me coloco el cinturón y Matt arranca. Aisha conecta su móvil a la radio y comienza a poner música.

—Yo dormiré —susurro.

Reclino un poco el asiento y cierro los ojos. No tardo en quedarme dormida; mi mente y cuerpo están exhaustos.

—¿Entonces es ahora o nunca?

Escucho la voz de Aisha de fondo, lejana, como si estuviera aplastada por una piedra.

—Sí, es mi única oportunidad. Mis padres dijeron que si no la obtenía, me olvidaría del baile y estudiaría derecho.

Siento mi cuerpo más liviano y abro los ojos lentamente. La luz del sol me lastima y froto mis ojos.

—Despertaste —dice Aisha. Asiento.

—¿Dónde estamos? —pregunto mirando por la ventana. No hay casas alrededor.

—Vamos a la reunión. El lugar queda a las afueras, pero ya llevamos más de media hora conduciendo —explica Matt, molesto. Le sonrío y toco su mejilla para cambiarle el humor; funciona, y me mira de reojo.

—¿Dónde se supone que es? —pregunto. Aisha me entrega su móvil.

Abro los ojos al ver el lugar.

—Okey, esto no es a las afueras de la ciudad. Esto está en pleno campo.

Matt detiene el coche frente a un edificio viejo que da muy mala espina.

—Esto no me gusta —dice Aisha.

—A mí tampoco —susurro.

Salgo del coche y voy junto a Matt, quien me toma de la mano. Aisha queda a mi lado, tomándome también de la mano. El edificio tiene tres pisos con un estilo gótico escalofriante, parece de la Edad Media. Sus grandes ventanales no permiten ver bien el interior, y la torre superior está en tan mal estado que apenas se distingue.

—Esto no es un edificio común —susurro—. Creo que es una iglesia abandonada.

Matt avanza y nosotras lo seguimos. Toca la puerta con fuerza y el sonido retumba, haciendo eco. Alguien abre lentamente, y un chirrido metálico acompaña el movimiento. Un chico, de la edad de mi hermana, nos observa y nos sonríe.

Caminamos hacia donde están los demás. Todos se encuentran sentados en bancos de iglesia.

—Estos son bancos de iglesia —susurra Matt.

—Te lo dije —respondo.

—Ahora que estamos todos —comienza a hablar un hombre con el cabello pintado de naranja—, daremos inicio a esta reunión.

Poco a poco los grupos se presentan y dan a conocer sus tecnicas, anecdotas y trivialidades que hacen que no haya tensión.

—Bienvenidos. Mi nombre es Marta —una chica de 20 años con pelo morado se pone de pie—. Tenemos muchos puntos a tratar, así que por favor pónganse cómodos; esto puede tardar.

—Lo primero es elegir un líder para este nacional. Yo digo que sea Matt —propone un hombre de cabello morado.

—¿Por qué no tú, Paul? —responde Matt, con voz seca.




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