Identidades bajo cero

Capítulo 8. El Nombre del Ganador

Vanessa estaba sentada en su cama, con la laptop sobre las piernas y miraba el partido de hockey con una atención. Trataba de entender las reglas y los movimientos básicos, pero su mente no dejaba de desviarse hacia el intenso beso de su cumpleaños. Se mordió el labio, repasando la textura de su chaqueta y la fuerza con la que él la había sujetado.

Sabía que el torneo en Pittsburgh duraría casi toda la semana, y casualmente tenía familia allá. Era la excusa perfecta, pero no sería fácil; tendría que cubrir sus turnos en el McDonald's y adelantar sus prácticas de enfermería.

Agarró su celular y le escribió a Sandro:

"Estaba pensando en pedir permiso en el trabajo y adelantar unas tareas para ir a verte jugar. De paso visito a mis primos que viven allá. ¿Cómo ves? ¿Te gustaría que fuera?"

En Melbourne, Alessandro leyó el mensaje y se puso en alerta máxima. Marcó a Alexander de inmediato.

—Alex, tenemos una emergencia. Vanessa quiere ir a Pittsburgh —soltó Sandro apenas su hermano contestó.

Instalado ya en Pittsburgh, Alex revisaba su equipo mientras sacaba sus cosas de la maleta deportiva. Quería evitar a Vanessa a toda costa; sabía que si la tenía cerca otra vez en un ambiente de tanta adrenalina, las cosas podrían terminar en un desastre peor que el beso del auto. Era peligroso.

—Dile que no, Sandro. Es una pésima idea. No quiero que vaya.

—¡Pero no puedo simplemente prohibirle ir a Pittsburgh a ver los partidos! —argumentó Sandro—. Parecerá que le escondo algo o que no quiero verla. Se va a ofender y va a sospechar.

Alex suspiró, irritado.

—Está bien, que vaya. Me va a ver jugar y va a pensar que soy tú. Pero, hay un problema enorme en tu plan, genio. Todos me conocen como Alexander Volkov, no Alessandro. Si ella escucha a alguien decir mi nombre en el estadio, es game over para ti.

Sandro se quedó en silencio unos segundos, forzando a su cerebro a buscar una salida de emergencia.

—Nuestros nombres son casi idénticos —dijo Sandro por fin, midiendo sus palabras—. Si ella se entera o te pregunta, dile que tu nombre de nacimiento es Alessandro, pero que desde hace años te dicen Alexander porque... no sé, porque suena más comercial o más rudo para un jugador de hockey. ¿Qué tal?

Alex soltó una carcajada seca y sin humor.

—¿Es una broma? Esa es la mentira más mediocre que has inventado hasta ahora, hermanito. ¿Cambiarme el nombre porque "suena más rudo"? Es una estupidez. Vanessa no es tonta, no se va a tragar eso.

—¡Es lo único que tenemos! Dile que en el mundo del hockey profesional, la imagen lo es todo. Que "Alessandro" suena a pianista de música clásica y que tú necesitabas algo que proyectara fuerza. —insistió Sandro—. Solo véndele la idea con tu encanto. Te va a creer, siempre lo hace. Por favor, Alex.

—Va, usaré tu excusa barata si me llega a preguntar. Pero escúchame bien: voy a estar cien por ciento concentrado en ganar este torneo. No voy a salir con ella ni a buscarla después de los partidos. Voy a mantener mi distancia.

—Me parece perfecto. Gracias Alex.

Mientras tanto, en Boston, Vanessa entró a la página web del torneo regional para comprar su boleto. Al revisar la alineación del equipo para confirmar los horarios, sus ojos se detuvieron en la foto oficial del capitán. Era él, sin duda, luciendo serio y dominante con el jersey del equipo. Pero el texto debajo decía claramente: "10 - Alexander Volkov".

Vanessa frunció el ceño por un segundo, acercándose a la pantalla. Luego, soltó una pequeña risa, negando con la cabeza.

—Seguro los de administración se equivocaron al teclear y le pusieron Alexander en lugar de Alessandro —pensó en voz alta, atribuyéndolo a un simple error de tipeo.

Guardó su teléfono, satisfecha y con el corazón latiendo de ilusión por su viaje a Pittsburgh.

***

La noche del partido en la arena de Pittsburgh vibraba con una energía ruidosa. Vanessa estaba sentada en las gradas bajas, rodeada de otros fans. Cuando los jugadores de los Ice Nexus saltaron al hielo para su primer partido del torneo regional contra los New York Thrashers, el ruido fue ensordecedor.

Ella buscó de inmediato el número 10. Ahí estaba. Imponente y dominante.

Antes del saque inicial, la voz del narrador local resonó por las bocinas del estadio: —¡Y liderando el equipo de Boston, el capitán, número diez, Alexander Volkov!

Vanessa parpadeó, confundida. Un grupo de chicas de la universidad que estaban un par de filas más arriba comenzaron a gritar: "¡Alex! ¡Alex! ¡Volkov, hazme un hijo!".

Ella frunció el ceño. ¿Por qué todos le dicen Alexander o Alex? Recordó la página web del equipo. La semilla de la duda ya estaba plantada en su mente.

El disco tocó el hielo y la acción explotó en un estruendo de cuchillas contra el hielo. Ambas líneas jugaron a tope desde el primer segundo. Los Ice Nexus demostraron rápido por qué eran los favoritos, con una transición de defensa a ataque que mareaba a los rivales, y Alex brilló por encima de todos. Se movía por la pista con una agilidad impecable, cortando el aire con zancadas largas y potentes.




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