Identidades bajo cero

Capítulo 9. Rompiendo el Hielo

Al día siguiente, los Ice Nexus volvieron al hielo para enfrentar a los pesados Steel Beavers. Tras haber perdido el partido anterior, el partido contra los Steel Beavers era crucial. Con el récord dividido, Ice Nexus no podía permitirse otro tropiezo; si perdían, quedarían en el fondo de la tabla del Grupo B. Eso los obligaría a cruzarse con los líderes invictos del otro grupo en los cuartos de final, una tarea casi suicida si querían avanzar en el torneo.

El inicio del partido fue una pesadilla. Al terminar el primer período, los Ice Nexus perdían 0-2 y el lenguaje corporal de Alex reflejaba pura impotencia. El equipo se veía desorientado; los Steel Beavers estaban haciendo honor a su nombre, jugando un hockey de "cemento", lento pero destructivo, moliendo a los delanteros de Boston a golpes contra los acrílicos en cada oportunidad. El sonido de los cristales vibrando por los impactos era constante.

Pero en el segundo período, la frustración de Alexander se transformó en pura agresión táctica. Salió del vestuario con los ojos encendidos, patinando con una agresividad que contagió al resto. Liderando la ofensiva, Alex encontró una grieta en la formación cerrada de los Beavers; tras recibir un pase de seguridad, anotó el primer gol con un cañonazo de larga distancia que perforó la red antes de que el portero pudiera siquiera reaccionar, 1-2.

Minutos después, los Ice Nexus empataron el marcador gracias a un contragolpe rápido y una serie de pases precisos que terminaron con el disco en el fondo de la red, 2-2.

Ya en el tercer período, la tensión era máxima; cada choque de hombros se sentía como una chispa a punto de hacer explotar una pelea. Faltando solo cuatro minutos para el final, Alex leyó un pase descuidado y robó el disco en la zona neutral. Un defensa rival intentó frenarlo con una carga ilegal, pero Alex esquivó el fuerte contacto con el hombro, mantuvo el equilibrio sobre un solo patín y, recuperando la postura en un segundo, clavó su segundo gol del partido con un disparo pegado al poste, 3-2.

La arena estalló gritando su apellido. Algunos jugadores de los Steel Beavers, frustrados, azotaron sus sticks contra el hielo. El claxon final sonó, sellando una victoria de los Ice Nexus por 3-2. Alexander fue nombrado el jugador del partido mientras sus compañeros lo rodeaban en un abrazo colectivo.

A la salida del estadio, el viento nocturno soplaba con fuerza. Vanessa, envuelta en su abrigo, decidió esperarlo cerca de la zona de autobuses del equipo. Cuando vio salir a Alex, con la pesada bolsa deportiva al hombro, se acercó a él con una sonrisa brillante.

—¡Sandro! ¡Estuviste espectacular hoy! —lo felicitó, deteniéndose frente a él—. Pensé que podíamos ir por un café rápido para celebrar, o cenar algo por aquí cerca. Yo invito.

Alexander se detuvo en seco. Verla ahí, con las mejillas enrojecidas por el frío y mirándolo con tanta admiración, hizo que su instinto quisiera decirle que sí. Pero el código de hermanos, y el miedo a perder el control si se quedaba a solas con ella, lo frenaron de golpe. Tenía que cortarlo de raíz.

—Gracias, Vane, en serio —respondió Alex, con un tono un poco distante. —. Pero hoy no.

—¿No? ¿Estás muy cansado? —preguntó ella.

—Es que apenas tengo tiempo de respirar —se excusó él—. Tengo que irme directo al hotel a revisar los videos de la estrategia del próximo rival con el entrenador y meterme a la tina de hielo. Cosas de capitán.

La sonrisa de Vanessa vaciló, sorprendida por la sequedad y la prisa en su voz.

—Oh... claro. Entiendo —murmuró ella, sintiendo una pequeña punzada de rechazo—. El torneo es tu prioridad ahora.

—Sí, lo es —asintió Alex—. Nos vemos luego.

Y sin darle tiempo a despedirse bien o a darle un abrazo, Alex pasó por su lado a paso rápido y subió los escalones del autobús del equipo. No miró atrás. Pero aun así, supo exactamente en qué punto de la acera seguía ella.

Vanessa se quedó parada sola en la acera, abrazándose a sí misma, con un nudo de confusión y decepción en el estómago.

A la mañana siguiente, el cansancio no era opción. Eran los Cuartos de Final. A partir de aquí, empezaba la eliminación directa; el que perdía, se iba a casa.

Los Ice Nexus saltaron al hielo para enfrentarse a los implacables Polar Stars.

A diferencia del caos del día anterior, este partido contra los Polar Stars fue un duelo defensivo, cerrado y metódico. Al final del segundo período, el marcador estaba congelado en un tenso 1-1. El equipo de Boston jugaba con una disciplina táctica notable; todos bajaban a defender, bloqueando líneas de pase y cubriendo sus zonas a la perfección. Eran plenamente conscientes de que el aire se sentía distinto: en las gradas, los reclutadores de la AHL y la NHL estaban con la mirada fija y las libretas abiertas, tomando notas de cada movimiento.

En el tercer período, la insistencia dio sus frutos. Alex tomó el disco por la banda derecha, ganando terreno con zancadas potentes y una velocidad controlada. En lugar de intentar una jugada individual hacia la portería, frenó en seco, haciendo que las cuchillas levantaran una cortina de nieve y atrayendo inteligentemente a dos enormes defensas hacia su posición.

En el último momento, Alex soltó un pase sin mirar, un envío sutil y preciso hacia el centro del hielo. Fue una jugada de instinto puro; su compañero de línea, que venía a toda velocidad y aprovechando el hueco que Alex había generado, recibió el disco y lo mandó directo al fondo de la red con un disparo perfecto.




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