Identidades bajo cero

Capítulo 12. La Colisión

Vanessa caminaba de un lado a otro en la sala, con la mente trabajando a toda velocidad. Ese chico que acababa de salir por la puerta con una mirada gélida y hablándole en ruso... no podía ser el mismo con el que había desayunado minutos antes.

De repente su mente registró una inconsistencia: la ropa. Alex se había despedido de ella luciendo un abrigo largo de paño oscuro, pero el hombre que acababa de marcharse vestía una chamarra de aviador y cargaba un bolso de viaje que no estaba ahí hace un momento.

Además, el chico que ella conocía cojeaba; el que salió corriendo hacia la Hummer caminaba con una firmeza absoluta. Y aunque su mirada estaba inyectada en furia, Vanessa sintió que él la veía con una confusión dolorosa.

Necesitaba respuestas. Recordó que la noche anterior, mientras planeaban la semana, él había mencionado que pasaría la mañana en el campus principal de la Universidad de Boston.

Sin pensarlo dos veces, salió de la mansión decidida y tomó el primer taxi que pasó por la avenida; necesitaba encarar la verdad.

Mientras tanto en la universidad, Sandro caminó a zancadas por la explanada de la facultad, impulsado por una furia que no admitía razones. No le importó quién estaba mirando; se acercó con una inercia imparable y se lanzó directamente sobre su hermano.

—¡Basura! ¡Traidor! —rugió Sandro. Su grito rompió la calma de la explanada, atrayendo las miradas de todos los que estaban cerca.

Antes de que Alex pudiera girarse por completo para ver quién gritaba, Sandro le soltó dos golpes contundentes directo al rostro. El sonido de los puños impactando de lleno en su cara resonó en el campus.

Alex se tambaleó hacia atrás, completamente desprevenido, chocando contra la pared del edificio. La sangre brotó casi de inmediato de su labio partido. Se llevó las manos al rostro por puro instinto, aturdido.

El espectáculo era impactante: dos figuras imponentes de casi dos metros de altura, ambos idénticos, con la misma piel pálida y el cabello platinado, uno descargando su furia contra el otro a plena luz del día.

Un par de compañeros del equipo de hockey reaccionaron por fin y se abalanzaron sobre Sandro, sujetándolo por los brazos y los hombros para separarlos a la fuerza.

En cuestión de segundos, la sorpresa colectiva desapareció y el instinto del morbo universitario tomó el control: varios sacaron sus celulares para grabar en video al capitán estrella del Ice Nexus bajo el ataque de su propio clon.

Alex se apoyó en la pared, escupiendo sangre. Sus ojos, cargados de culpa, buscaron los de su gemelo; sabía que merecía cada golpe.

—Sandro... —murmuró con voz ronca, apenas audible sobre el murmullo de la multitud—. Déjame explicarte...

Sandro se liberó del agarre de los jugadores con un tirón violento. Su rostro estaba desencajado, sin rastro del chico tranquilo que solía ser.

—¡Cállate! —le gritó, con la voz quebrada—. ¿Cómo fuiste capaz de hacerme esto? Sabías que ella era la única que me importaba y me la robaste aprovechando de mi ausencia. Me traicionaste de la forma más baja posible. ¡Me das asco! ¡Traidor! ¡Ya no tienes hermano!

Sin añadir una palabra más, Sandro dio media vuelta. La multitud, intimidada por la violencia del encuentro y la frialdad de su mirada, se apartó de inmediato para abrirle paso. Su figura alta se alejó con zancadas firmes hasta desaparecer de la vista.

Alex se quedó ahí, viéndolo marcharse. No hizo el menor intento de seguirlo. Sabía que no había perdón posible para lo que había hecho.

A su alrededor, los murmullos crecían. Sus compañeros estaban atónitos; la gran mayoría ni siquiera sabía que Alexander Volkov tenía un hermano gemelo.

Uno de ellos, el mismo con el que Alex reía un minuto antes, se acercó lentamente. —Alex, ¿qué demonios...? ¿Ese era tu hermano gemelo? —preguntó—. Es una copia exacta. ¿Dónde carajos estaba escondido todo este tiempo?

Alex no respondió. Con la mirada llena de una tristeza abrumadora, solo miró fijamente el camino por donde Sandro había desaparecido.

La farsa se había terminado de la forma más dolorosa, brutal y pública posible.

Minutos más tarde, Vanessa finalmente llegó la explanada principal que era un hervidero de chismes y murmullos en este momento. Se acercó a un estudiante que estaba mirando un video en su celular.

—Disculpa, ¿sabes dónde queda la facultad de Química? Estoy buscando a un estudiante, se llama Alessandro Volkov.

El chico la miró con extrañeza, como si no entendiera la pregunta. Vanessa, pensando que quizá no lo ubicaba por el nombre, se apresuró a describirlo:

—Es muy alto, de piel pálida y tiene el cabello platinado, casi blanco... ¿De casualidad no sabes dónde podría estar?

Al escuchar la descripción, el estudiante asintió de inmediato, reconociendo al chico. —Sí, acaba de haber una pelea brutal ahí afuera, cerca de las escaleras principales. ¡Eran dos tipos idénticos! Altos, pálidos... parecían dos gotas de agua. Uno le estaba gritando y rompiéndole la cara, y el otro... intentaba explicarle algo, pero el primero estaba furioso. Le gritó algo de una chica y se largó.

Vanessa guardó silencio, procesando la palabra. —¿Dos? —logró decir, apenas en un susurro.




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