Ídolo Obscuro: "Ery, La Unión de los Hermano fuegos"

Prólogo

La leyenda 
Nemely 
 

Se cuenta que existió una diosa que amaba la humanidad, admiraba como los seres inferiores a ella se enamoraban y de ese amor nacía pequeñas criaturas que los volvía felices... Ella deseaba tanto saber que era amor marital y que era sentir crecer algo en su interior. Era tan grande ese capricho que sin importar las consecuencias que eso causará, entonces pidió a su primer Heraldo; quien tenia el conocimiento suficiente para realizar los labores de la diosa, mientras ella iba a su aventura, este no puso objeción pues era su creadora la que pedía sus servicios, así que se vistió de mortal y llegó a la tierra.

Nemely era amable, blanco perfecto para la malicia del hombre. Cabe mencionar que para ser un espíritu de luz su apariencia humana era demasiado bella, su piel era tan blanca debido a que jamás se había expuesto a las adversidades del mundo, sus cabellos estaban tan opacos que parecía ser del color como el cielo, sus ojos estaban tan acostumbrados al brillo de las estrellas que el sol provocaba un rojo en el iris, su estatura era no mayor al promedio de la humanidad, su creación más adorada. Siguiendo el ejemplo de los mortales, utilizó vestimentas de plebeyas el cual consistía en largos vestidos color marrón, cubriendo la parte superior y su cabeza con una túnica color verde, para cubrir sus  exóticos rasgos.

Empezó su búsqueda por aldeas al varón que pudiese ser perfecto para que ella se pudiera enamorar, pero no lo encontró. Comenzó a pensar que quizá sólo los que realmente eran humanos podían tener derecho a sentir eso que ella tanto anhelaba, sin más decidió adentrarse al bosque más cercano a donde ella se encontraba, ese que se rumoreaba que estaba maldito, pero era de esperarse que ella no sintiera temor Ya que jamás lo había sentido. Siguió caminando hasta llegar  a lo más fúnebre de este y se encontró con la casualidad que en lo mas céntrico había una casa de madera, mal construida pero estable para pasar la noche ahí. Había olvidado que estaba vestida de mortal y a consecuencia también adquiría las necesidades de los mismos.

Un olor desconocido salía de la chosa, ocasionando que un rugido proveniente de su estómago se escuchará. La mujer se apresuró a entrar a la casa para descubrir lo que le hizo rugir el órgano interno en sí. Una vez se interno en la pequeña casa, el delicioso aroma la guío hasta la una caldera encendida, contenía un líquido espeso y en él se encontraba pedazos finos de lo que ella podía distinguir como . Al intentar agarrar uno de ellos alejó su mano rápidamente provocando que unos utensilios que se encontraban a su lado, cayeran originando un estruendoso ruido. Asustada, trato de reincorporar lo que en el suelo se encontraba pero sólo emitía más sonidos molestos. Entonces algo más la sorprendió. Unos pasos captaron su atención, dejando de lado los trastos giró su rostro para ver a quien le pertenecía el sonido de ellos. No obstante entre las penumbras pudo visualizar una figura alta y algo fornida, la vestimenta que portaba era conocida para ella, pues sólo un caballero elegido por sus lacayos era digno de usar esa armadura y espada. El hombre tenía su filosa arma  apuntando hacia la dama, quien al ver que no bajaba la bajaba optó por sacarse la capucha que tenía puesta para cubrirse de la muchedumbre de donde venía. Éste al percatarse que se trataba de una mujer, mostró una chispa de sorpresa en sus ojos, declinó la espada y se acercó lentamente a ella, con espacio suficiente para no incomodar a la Que para él, sería una invasora.

- ¿ Qué  hace una dama, en un desolado lugar?- cuestionó inseguro, no tanto por él, si no por la negativa que podría ser la fémina, pues quienes se adentraban a lo profundo del bosque era para llegar a cometer atrocidades o peor, suicidio.

La diosa observó detenidamente al caballero frente a ella, admiro la cabellera colorada del hombre que hacia resaltar los ojos color esmeralda en su fino rostro, carecía de bellocidad facial pero en su lugar habían pecas dispersas en ello. No parecía mayor de 30 años, pero la forma que se comportaba lo hacia ver maduro.

- Vine en busca de un amor.- respondió con una voz angelical.- Y creo haberlo encontrado.

El caballero no entendía las palabras de la dama, sin embargo le invito a cenar pues antes de todo lo ocurrido, había escuchado su estómago quejarse. Ella era una diosa y desconocía como vivían los humanos, era natural que no se alimentará al llegar a la tierra.

☀☀☀

El tiempo paso, se enamoraron y de ese amor nacieron unas mellizas. Una tenía el parecido a su padre con la misma mirada esmeralda, y la otra el parecido a su madre con la misma mirada carmín. Rahab quien era la mayor y la favorita de Nemely, era la más humilde y bondadosa. Blind quien era la que se parecía a ella, era la más caótica.

Un dia cuando discutía con sus padres, reprochado que siempre le daban preferencia a su hermana, salió furiosa y se adentró en el bosque. Rahab no tenía porque hacerlo, pero amaba tanto a su hermana que decidió ir tras ella, su madre no pudo detenerla, así que pidió a su padre fuera tras ella, sin mencionar a la otra.




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