I’m Still Here

PRÓLOGO

El miedo es el dolor más difícil de manejar. Se atraca silenciosamente en el corazón y ahí se queda si no lo enfrentamos.

Todos hemos tenido miedo alguna vez. A las arañas, a las alturas o a la asfixia de un espacio muy pequeño. Pero hay un miedo en específico que te marca; uno que comienza a acecharte a cierta edad, que te atormenta a cada momento y te frena al tomar riesgos. Es el miedo que evita la vida.

Miedo a no ser suficiente, al fracaso, a ser olvidado o al rechazo de quien amas. Quien te diga que no tiene miedo, miente totalmente.

Yo tengo claro el mío. Desde hace nueve años, este vino a mí con una fuerza renovada, pesado y sofocante: la soledad.

No hablo de la soledad física cuando estas sola en tu habitación mirando al techo. Hablo de esa sensación de cuando pierdes a alguien y sientes cómo falta una pieza en una habitación llena de gente. Esa soledad de cuando pierdes a alguien y sientes que nada volverá a ser igual, recordándote que todo puede desaparecer en un abrir y cerrar de ojos. Que hoy estás, y mañana, probablemente, no.




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