I’m Still Here

Capitulo 1

Eleanor

El repiqueteo constante de mi bolígrafo contra la madera es el único sonido que interrumpe el silencio pesado de el aula de clases, pero me veo obligada a detener el gesto nervioso cuando uno de mis compañeros suelta un siseo molesto detrás de mi. Aprieto el bolígrafo con un poco más de fuerza para evitar voltear y mandarlo a la mierda.

En su lugar, solo inhalo un poco de aire y bajo la vista a el examen que descansa sobre mi mesa.

Hacia tiempo desde que lo termine, solo que llevo los últimos veinte minutos atrapada en un bucle, escaneando cada línea una y otra vez. Mis ojos recorrían las respuestas con una desconfianza agotadora, buscando ese error inexistente que mi mente insistía en hacerme creer que había.

Calculo de dosis, sistema cardiovascular, hoja de observaciones, saturación de oxigeno...

Todo parece estar en lo correcto pero mi mirada sigue de aquí a allá como si fueran frases incorrectas escritas en un idioma totalmente distinto y no un tema que llevo varias noches estudiando.

Pierdo la noción del tiempo mientras reviso mi examen, tanto que, cuando levanto la vista, tengo que parpadear un par de veces solo para darme cuenta de que el salón esta totalmente vacío.

El profesor Jones me mira desde su asiento con las manos entrelazadas sobre la mesa y logro notar una mezcla de cansancio y condescendencia en su expresión. Quizás este contando los segundos para irse a casa, o preguntándose por qué una de sus mejores alumnas sigue mirando un papel que ya no tiene nada más que dar. Ajusta sus gafas de montura fina y con un gesto casi impercectible con la cabeza señala hacia el reloj de la pared.

–La hora se terminó hace cinco minutos, señorita Harris–dice con voz pausada.–Y estoy seguro de que tiene su examen listo desde mucho antes que eso.

Su voz, aunque pausada, resuena en las paredes de el aula vacía con un eco. Tiene razón. Asiento ligeramente con la cabeza y la silla chirria un poco contra el suelo cuando me levanto. Siento mis manos algo húmedas asi que las dezlizo por mis vaqueros.

–Lo siento, profesor.– mi voz suena algo aspera y pequeña cuando respondo y me dirijo hacia el, dejando mi examen sobre la pila de papeles.–Que tenga buen dia.

–Disfrute sus vacaciones, señorita.

Asiento vagamente y salgo de el salón de clases.

Camino por los pasillos largos del Banbury and Bicester College, con el sonido de mis zapatillas resonando sobre el suelo de linóleo. El ambiente hoy es distinto al de cualquier otro día; se siente una energía cargada, casi eléctrica. Me cruzo con grupos que hablan en susurros apresurados y otros que, por el contrario, dejan escapar risas ruidosas que llenan el espacio de golpe.

Al llegar a la sala de casilleros, el olor a desinfectante y un salón vacio me reciben mientras dejo caer mi bolsa holgada de cuero sobre el banco metálico. Es un espacio pequeño y funcional, con paredes blancas y ese zumbido constante de las luces blancas. Está destinado a que los estudiantes de enfermería y medicina dejemos el uniforme y los materiales bajo llave.

Me detengo frente a mi casillero y, con movimientos lentos, bajo el cierre de mi túnica azul claro. Siento un alivio casi instantáneo al liberar mi cuerpo la rigidez de la tela.

Me dirijo al espejo sobre el lavabo y me encuentro de frente con mi reflejo. La luz del lugar no perdona, pero trato de ignorar el cansancio; me paso las manos suavemente por la cara antes de tirar de la liga que amarra mi cabello. Sacudo la cabeza dejando que mis ondas caigan libres y, justo cuando mi vista choca de nuevo con el cristal, me sobresalto al ver a la figura detrás de mi.

–Me vas a dar un puto infarto, Allison–. Le reclamo mientras me llevo una mano al corazón buscando controlar mi respiración.

La chica suelta una risa divertida que inunda toda la sala y arqueo ligeramente las cejas hacia ella, sintiendo como mis pulmones vuelven a su ritmo normal.

–¿Es divertido para ti casi matarme de el susto?

Ella extiende la sonrisa, pero deja de reírse.

–¡Pero mira que cara tienes, Ela!–. Habla mientras se apoya contra uno de los casilleros con confianza natural.–Parece que acabas de salir de un funeral, creí que te desmayarías en cualquier momento ahí dentro.

Aunque su voz sigue con ese matiz de diversión, denoto un deje de preocupación en sus ojos verdes.

Allison es, probablemente, la única chica con la que realmente congenio en la universidad. Nos conocimos nada más entrar y, desde el primer día logró captar mi atención; de hecho, creo que atraer miradas es su mejor talento.

Y no es solo por su físico, que claramente juega a su favor. Lleva el cabello rubio cortado por encima de los hombros, unos ojos verdes brillantes y una sonrisa perfecta que hace imposible no fijarse en ella. Tiene ese porte natural que hace que los chicos se giren de inmediato a su paso, acentuado también por su uso excesivo de accesorios llamativos y coloridos.

Pero lo que más me descoloca siempre es su voz. Ally es argentina y, aunque lleva desde los 16 años aquí en Inglaterra, su acento es notable apenas abre la boca; es como si se negara a que el clima nublado de Banbury enfriara su voz. Tiene una forma de hablar melódica y rápida, es como una rafaga de aire cálido que no se compara como el acento local. Aquí suelen hablar con un tono casi monocorde y algo distante, además de una cortesía que parece ensayada. Allison rompe totalmente ese molde.

-¿cómo puedes estar tan tranquila después de ese examen?

Le pregunto con genuina curiosidad mientras saco mi jersey de mi bolso. La tela suave de lana me reconforta apenas la siento bajo mis dedos. Me lo pongo sobre la camiseta mientras Allison me responde.

–Oh, estaba nerviosa, te lo aseguro. Pero tampoco es el fin del mundo–. dice y aunque no la veo se que acaba de rodar los ojos.- ¿sabes cuál examen si me tuvo de los nervios? cuando nos pusieron ese maniqui horroso. Es que te juro por lo que más quieras que senti que me miraba mientras lo inyectaba.




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