I’m Still Here

Capitulo 6

Eric

Hasta hace diez años todo estaba bien con mi familia. O al menos, eso es lo que mi memoria de niño me permite creer. Recuerdo las cenas donde las conversaciones nunca faltaban y en donde el aire en la casa no se sentía tan...pesado, como si estuviéramos conteniendo el aliento permanente.

Pero diez años es mucho tiempo; es el tiempo suficiente para que una figura se oxide, para que una persona se vuelva el eco de un fantasma y para que un hijo aprenda a sobrevivir entre tanto silencio.

La frase de Ezra sigue martilleando en mi cabeza. Es curioso como un extraño puede ver las grietas que he tratado de ignorar por años, que he tratado de cubrir. Me hizo pensar en ella. En mi madre.

He pasado tanto tiempo intentando huirle como un estúpido cobarde, quizá culpándola internamente por no ser lo que yo necesito sin siquiera pararme a pensar en cómo todo esto también la estaba consumiendo.

Yo perdí a mi padre, si; perdí al hombre que me crió por diez años y que veía como lo que yo quería ser en la vida, mi ejemplo a seguir. Pero ella perdió a su esposo, al hombre que estuvo con ella desde los diecisiete años, que la apoyó siempre, con el que hizo una vida, al que amó y que sé que todavia ama.

He sido duro. Me he encerrado en mi cuarto, con mi música tratando de distraerme o en la casa de enfrente, mientras ella intentaba mantenerse a flote y, a la vez, mantener a flote esta familia. La sombra de mi padre nos ha cubierto a ambos de forma distinta, y en ella ha ido apagando cualquier brillo que tuvo en su momento.

¿Qué voy a hacer con mi vida?

Esa es una pregunta que me asfixia y que no me gusta pensar. Siempre he dicho que me gusta vivir el presente porque nadie sabe qué nos depara a un futuro y, sí, la verdad es que amo eso, pero lo que no me atrevo a admitir es el vacío que siento y que cargo con una brújula que no me lleva a ningún lado.

" No sé qué pensaría Henry en este momento, pero no estaría tan orgulloso"

¿Estaría mi padre orgulloso de todo esto? ¿de verme huyendo de casa por el vacío que él dejó? ¿de verme sin alguna meta, sin un verdadero futuro? Me gusta pensar que no; me gusta pensar que, si él estuviera aquí, me apoyaría en todo o me aconsejaría al respecto, me diría qué hacer, me guiaría.

Pero no está. Entonces, ¿quién es Eric?

Esa duda se queda flotando en mi mente hasta que escucho pasos a mi espalda, pero no volteo.

–Hey–me habla la voz baja y suave de Eleanor.

–Hey–murmuro yo.

–¿Estás bien?

Me encojo ligeramente de hombros. Ni siquiera tengo ganas de decir lo contrario. Eleanor da pasos hacia adelante hasta que se sienta con cuidado en la acera a mi lado. Se encoge en su chaqueta antes de mirarme.

–Eric...

–¿Cómo le haces?–la interrumpo antes de que pueda terminar la frase.

Ella parece confundida.

–¿hacer qué?

–Planear todo.

Ella se queda un momento en silencio, pensando su respuesta.

–Me complico mucho más de lo que piensas– es lo que dice.

Me paso una mano por el rostro cuando siento que se me arruga la cara en un gesto que intento ocultar, pero es inútil; la frustración me esta ganando la batalla. Paso mi mano por mi mejilla y la frente y suelto un suspiro tembloroso antes de mirarla.

–Han pasado diez años, Eleanor–. Suelto y mi voz suena más rota de lo que esperaba–. Diez años,¿por qué siento que me sigue hundiendo como el primer día?¿por qué siento que nunca dejará de hacerlo.

Ella me mira en silencio. No hay lastima, sino con una comprensión en sus ojos que me desarma. Se queda en silencio un segundo, buscando las palabras exactas.

–Escúchame–dice con suavidad, pero segura a la vez–. Pueden pasar diez, quince, los años que sean; puede pasar una vida entera, pero ese día nunca se va a borrar. No importa cuánto tiempo pase, el vacío nunca se va.

Hace una pausa y veo el brillo nostálgico en sus ojos.

–No se trata de que deje de doler o que pase algo malo por seguir sintiéndolo. Simplemente... se aprende a vivir con su ausencia. Se aprende a caminar con ella, aunque pese.

Me quedo un momento más en silencio, procesando sus palabras mientras la observo. El peso de sus palabras se asienta entre nosotros, no como una carga, sino como una verdad que no quiero aceptar. No quiero vivir con su muerte, no quiero aprender. Simplemente lo extraño.

La idea de aceptar que el vacío nunca se va también significa aceptar que siempre estaré un poco roto, y esa es una idea que me quema por dentro. Paso la mirada por algunas de las pocas pecas apenas notables que le adornan el rostro, quizá buscando desesperadamente una distracción de mis pensamientos.

Ella estira una mano para retirar un mechón de cabello que había caído sobre mi frente. Es un gesto familiar, cotidiano. Sus dedos apenas rozan mi piel cuando lo hace, pero el contacto envía una descarga de realidad que me obliga a soltar el aire que no sabía que retenía. Cierro los ojos un momento, aferrándome a esa sensación antes de mirarla de nuevo.

–Ven aquí, Elle.

Apenas abro los brazos, ella no lo duda. Se refugia en mi pecho y yo escondo mi cara en su hombro, inhalando ese aroma a vainilla que siempre la acompaña. Es reconfortante esto.

Me obligo a separarme cuando suena un pequeño pitido en mi reloj.

–Tengo turno –.le explico con la voz un poco ronca.

Eleanor asiente, dándome una mirada que parece decirme que todo estará bien, y le doy un último apretón de hombros antes de levantarme. Me sacudo un poco los pantalones y me alejo de la acera. Guardo mis manos dentro de los bolsillos, tratando de conservar el calor de su abrazo en ellas mientras camino hacia el local. El trayecto se siente más largo de lo habitual; el ruido de los coches y el frío del viento intentan robarme la paz que me había quedado.

–Tarde. Ya ni siquiera me sorprende–. Noah suelta un suspiro cansado sin levantar la vista del inventario cuando yo abro la puerta de la tienda, el sonido de la campanita resonando en el local junto a el jazz contemporáneo que proviene del tocadiscos.




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